Número 332 (8/12/2016)

1984, How Soon is Now?, The Smiths

por Javier Avilés

<>

Lo que las cosas son. Lo que las cosas parecen. Una falsa alegría. Una demoledora visión pesimista y lúgubre adornada con preciosas melodías. La vida es una porqueriza. Y tu eres hijo y heredero de nada de particular. Tu grabadora es una nada de particular. Cierra la boca. ¿Cómo puedes decir que me lo tomo a la tremenda? Soy humano y necesito ser amado, como todo el mundo. Mira, ya he esperado demasiado y he perdido toda esperanza. Jajajajajaja. Heredero de una vergüenza criminalmente vulgar o vulgarmente criminal. Jajajajaja. ¿Qué piensas, chaval? ¿Sabes de qué te estoy hablando? ¿Sabes lo que es llegar solo y estar solo y volver solo a casa y llorar hasta desear la muerte? Atar la cuerda o componer otra estúpida canción. La vida es una pocilga y los pollos bailan hasta el amanecer si les vas dando monedas. Tú no sabes nada. Para ti la vida es maravillosa. Ya. No digas nada. No me cuentes tus pequeñas e insignificantes miserias. Si tienes cinco segundos para mí te contaré la historia de mi vida. Te haré un pequeño resumen: el lunes soy humillado por pequeños idiotas, el martes siento una asfixia mortal, el miércoles veo toda la condescendencia que me hiere, el jueves es un día patético y para el viernes la vida me ha matado. La vida es una puta pocilga y caminamos entre mierda. ¿Qué sabes tú? ¡¿Eh?! ¡¿Qué mierda sabes?! Ni siquiera entiendes. Oh, ¿por qué le doy tiempo valioso a gente a la que no le importa si vivo o muero? ¡¿Qué sabes tú y qué mierda saben tus lectores?! El cielo sabe que soy un miserable, pero ¿sabéis vosotros lo miserables que sois? ¿sabéis vosotros que os revolcáis en estiércol cada día? Armagedón, ¡ven armagedón!, Ven, ¡armagedón! ¡Ven! Lanzad la bomba también es este estúpido pueblo y acabad de una vez con todos. Ella me dijo una vez que en los días en los que era desesperadamente pobre le gustaba más. Ahora soy desesperadamente criminal. Mi única debilidad es una lista de crímenes. Demasiado larga, quizás. En nuestro tiempo a aquellos que matan las noticias les conceden la fama. Puedes mirar las paredes de la habitación. Puedes ver todos los premios, las portadas de las revistas, los artículos y entrevistas que guardo. Soy un criminal. Soy un famoso criminal, un miserable ahora, un famoso con una larga lista de crímenes. Y si quieres también la fama puedes dispararme o me puedes tirar de un tren. Un tren que se dirige a una luz que nunca se apaga. No es verdad. No hay luz. No hay nada más que las fugaces chispas que se producen cuando el autobús se estrella contra el coche y luego oscuridad. No hay luz y no hay más sonido que el de los frenos del camión de diez toneladas justo antes del fin. ¿Qué? ¿Qué pasará ahora? ¿A qué te refieres exactamente? Mira, ya he esperado demasiado y he perdido todo atisbo de esperanza. ¿Tienes coche? ¿Tu padre te ha dejado el coche? Jajajajajaja. Bien, ¿te atreves a salir esta noche a dar una vuelta? ¿No, eh? Pierdes una gran oportunidad, chaval. Porque entonces sólo quedará la bomba para unirnos. Y, la verdad, morir a tu lado sería un verdadero incordio.