22 Ene

La sombra de la solapa (1a parte)

por Elsa Plaza

(Para Gabi)
Hoy, en un local de Caritas donde se amontonaban objetos usados -recortes de vida de tanta gente- encontré un collar hecho con diminutas frutas de cristal; estaba en una caja de latón que alguna vez había contenido turrones de la marca Puig, de Agramunt. Allí, entre botones de nácar, hebillas de metal, artilugios antiguos para máquinas de coser… brillaba el colorido del collar; era idéntico al que llevaba puesto aquella mujer de las gafas de sol. Fue en Buenos Aires y en la  misma época en la que apareció por casa La Solapa.
 
 
La Solapa era una sombra detrás del armario. En mi casa poco espacio había para secretos, toda ella se componía de una sola habitación. El día que mi padre trajo a casa La Solapa me dijo, acercándome aquel impermeable oscuro a la cara: “¡Uhhh!, no la toques… es…¡ La Solapaaaahhh!”. Y, luego de martillar un clavo detrás del armario, allí lo colgó.
A veces la espiaba, sobre todo de noche antes de dormir, cuando la luz de la lámpara hacía que las sombras se agigantaran.La Solapa tenía dos sombras, una casi transparente y otra muy oscura.

Leer más

22 Ene

Hi ha més dies que llonganisses

per Víctor Pàmies

La frase original és més llarga: Hi ha més dies que llonganisses, més setmanes que botifarres i més anys que capellans i es refereix al fet que hi ha molt temps disponible o sobrer per a fer una determinada acció. Que no cal tenir pressa, vaja.

És d’aquelles frases ben nostrades, de difícil traducció a altres llengües i que la popularitat ha fet que s’escurci, primer, condensant tot el sentit en la primera part de la dita, i que prengui més sentits, en segon terme, i que tingui aplicació en altres situacions comunicatives.

Així hi ha gent que la interpreta amb d’altres sentits, com ara, per indicar que algú sap compaginar el que té per viure, perquè ha d’ajustar la durada dels dies al nombre de botifarres que té. Segurament devia néixer quan n’hi havien de sobreres i tothom lligava els gossos amb llonganisses.

 

21 Ene

Desde la caja de libros LXIII

por @librosfera

“La riqueza del proceso era la propia riqueza de las bibliotecas. Las encontraba bonitas, incluso y a veces especialmente las más descuidadas, con sus capas de uso, fragmentos de previas distribuciones, actualizaciones, elementos familiares, improvisaciones, accidentes, incongruencias: en pocas palabras, lugares que en cierto modo se parecen al pensar de cada día.”

 

Elizabeth Felicella fotografió entre 2008 y 2013 las 210 bibliotecas públicas de Nueva York. El proyecto, que consta de más de 2000 negativos, se titula “Reading Room”, y estas son algunas de las fotos que aparecen en el artículo que le dedicaron en LitHub.

19 Ene

El otro conducto

per Jean Murdock

El otro conducto viene del mismo lugar donde se acumulan los bolis de Douglas Adams, las tapas de los tápers y los calcetines que se pierden en la lavadora —nunca he entendido que la gente lave ahí los tápers—, y, en general, todo el tiempo perdido de Proust. Hay quien sostiene que está en la Caldera del Diablo, en Minnesota, y que es el conducto que se pierde tras la bifurcación de la cascada, de lo cual se extrae que «el otro conducto» es probablemente el Infierno. Otros creen que es por donde Cela absorbía los dos litros de agua en realidad. La teoría de las cuerdas lo ubica entre la espada y la pared, aunque en inglés suele estar invariablemente entre una roca y un sitio duro o entre el Diablo y el profundo mar azul, lo cual nos devuelve al Infierno. Cuando llaman a casa, es donde se esconden los autónomos, pero si traen una carta certificada es donde se la mete el cartero. También es donde acaban los presupuestos de lo social en los gobiernos y adonde va el pelo de peluquería el día después. Entre las cosas que se van por el otro conducto se cuentan los gases no expelidos, las cosas que no se dicen y lo que ibas a comprar al súper cuando te traes de todo menos eso; los objetos perdidos, las noches sin dormir, el tren que se te escapa, lo que te confiscan en el aeropuerto, la comida que te comes para que otros no pasen hambre, los libros descatalogados, aquel famoso que creías que ya estaba muerto, los dientes de leche, l’esprit de l’escalier, la raya planchada, los propósitos de fin de año, los agujeros negros, todo lo que llevaba gluten y la toalla de Douglas Adams —sus bolis no; sus bolis están en su tumba—. Pero saber —saber— de dónde viene: no se sabe.

 

18 Ene

PALÍNDROMS 55, Palíndroms temàtics (13) Jesús Lladó – pagès

per Jesús Lladó @JessLlad

Els meus orígens són a pagès, com els de tanta gent, encara que sovint no en som conscients. En el meu cas aquest origen, aquest lligam, és molt proper. El meu pare n’era, de pagès, en va exercir durant una part de la seva vida. Jo, de petit, hi vaig viure a pagès, si bé temporalment. Era “urbanita” de naixement, però el contacte i les vivències de pagès em van marcar profundament. El pare ho duia a la sang, i això, es transmet. Avui, en homenatge a ell, i a tots els pagesos, palíndroms sobre pagès i la pagesia.

En primer lloc un poema que li vaig dedicar a la seva mort.

Al pare

El pare

era pagès.

Al tros suà.

Panís, tal blat,

sí, nap, aus.

Sort? La segà.

Pare, era ple,

era pla.


Ací mossega pa, pagès, somica.

Ai!, mossega pa, pipa, pagès. Somia.

 

Ací mossega pedres, sorra, api, alga, pipiripip, aglà i pa, arrosser. De pagès…, somica….

Per ser de pagès sega, pedres rep.

Ruc i de pagès, tal blat sega, pedicur.

Sega, per bo, panís. Era la mala resina, pobre pagès.


PALÍNDROM DE LA SETMANA

Jesús Lladó

El pagès segur, té truges, sega ple.

 


 

18 Ene

Entrega #8 (año 2007): Hombres en el espacio, de Tom McCarthy

por Javier Avilés

Pongamos que la trama es una línea recta.

Luego dibujemos las líneas temporales de los personajes entrecruzándose con la trama y entre sí.

Luego borremos aquellos episodios de los personajes que no tengan relación con la trama.

Finalmente borremos la trama.

Disculpadme esta tontería, pero me apetecía volver a usar el Paint, esa herramienta obsoleta, para ilustrar como está construida esta novela de McCarthy.

En el dibujo final aparecen fragmentos de líneas que aparentemente no tienen relación entre sí. Así cada “capítulo” de Hombres en el espacio, separado del siguiente por cinco asteriscos, muestra un segmento de una línea, o el momento en que dos líneas se cruzan. Como en las pinturas de los maestros de Bačkovo, el medio básico en la narración de esta novela es la línea, manejada de forma que permita “representar varios momentos de una historia en un solo panel”.

Y la comparación entre pintura y narrativa, ya establecida desde el inicio de la novela en un epígrafe escrito por uno de los personajes, es fundamental para comprender Hombres en el espacio.

La trama, la línea negra que no aparece, trata sobre la falsificación de un cuadro, un icono imposible, encargado por una organización criminal, ambientada en 1993 en una Praga que se convierte en capital de la nueva República Checa.

La intención de McCarthy es dibujar esa trama sin mencionarla.

Lo que podría ocurrir en la novela es algo así como una historia digna del mejor John LeCarre, con mafias búlgaras operando en una Praga en proceso de recomposición, policías del régimen soviético con los oídos atrofiados por tantas escuchas y un crimen en proceso para el que la falsificación del icono es fundamental. Por otra parte, tanto por la forma en que la novela se estructura, una novela coral con múltiples puntos de vista, como por el tema, la copia y la creatividad, nos puede recordar a Los reconocimientos de Gaddis. Finalmente, la estructura de la novela y la inconclusión de sus capítulos, no puede más que recordarnos a Pynchon, al de El arco iris de gravedad, por ejemplo, en el que cada capítulo terminaba con unos puntos suspensivos que indicaban que había acción que ocurría fuera del campo de la narración.

La tesis de la novela, que termina con Boardaman en lo alto de un edificio, personaje cuya primera aparición es soñando con barcos que contempla desde lo alto de la cofa del mástil de uno de ellos, se explica en el mismo título de la novela. Hombres en el espacio hace referencia a un chiste de la época de la descomposición del bloque soviético. Un cosmonauta soviético en la estación espacial no puede descender a la Tierra porque Ucrania dice que no puede correr con los gastos de un proyecto que ellos consideran ruso, mientras que Rusia, puesto que el cosmonauta es de una república báltica, pide que sean los bálticos quienes se hagan cargo del aterrizaje. El cosmonauta ascendió al espacio como soviético pero no puede descender porque ya no existe una nación que le reconozca. Los personajes de la novela son como hombres en el espacio: estadounidenses en la república Checa, holandeses en Lituania, búlgaros expandiéndose como una supranación en la clandestinidad. El arte, la obra de arte, se convierte en el contrapunto, en símbolo de la futilidad de las fronteras, en metáfora de ese “algo” que sobrepasa las nacionalidades.

Todas estas líneas que se entrecruzan y desaparecen, toda la trama y la estructura, sirven solo para explicar como está ideada la novela y como la desarrolla su autor.

Lo que de ninguna manera voy a poder explicar aquí es la sutileza con la que McCarthy hace que todo funcione.

Los capítulos finales del libro, que contrastan la tensión de la acción con la ignorancia de los personajes de los fenómenos a los que se enfrentan, me parecen de lo mejor que he leído en tiempo.

No puedo contar nada sobre ellos sin desvelar datos esenciales.

Hay una rama.

Hay una cofa.

Hay barcos.

Ágape en sinfonía con Erania.

Ámame en simpatía hacia Eramia.

Todas las pistas están dispuestas desde el principio de la novela, solo que en ese momento no somos capaces de leerlas, de interpretarlas. McCarthy nos acompaña sutilmente a lo largo de toda la narración, escuchando justo aquello que debemos oír. No quiere que nos convirtamos en el policía sordo, saturado de información innecesaria e irrelevante. Todo en la novela tiene un propósito, pero no será hasta el final que podremos ver como cada pieza encaja exactamente en su lugar. Puede que hayamos estado leyendo fragmentos, que nos hayamos detenido en cada uno de los detalles del icono copiado, en el significado de las escenas que rodean a la figura principal, pero lo que McCarthy nos muestra es el cuadro en su totalidad. Deteniéndonos en los detalles, en los textos escritos en un idioma irreconocible que adornan el cuadro, hemos olvidado la figura principal que domina el centro del icono: Un cosmonauta flotando en el espacio.

Líneas que acaban. Líneas que prosiguen fuera del texto. Un complejo y meticuloso entramado de líneas que conforman una gran novela.

¿Sabéis lo del cosmonauta soviético?No —dice ella—. ¿Es un chiste?¿Un chiste? Cariño, podría serlo. ¿No es la historia una chistosa hija de la gran puta? —Lo dice con tono afectado, como si citase algo: quizá una frase de una película famosa, una referencia que ella debería captar pero no capta.

 

Hombres en el espacio, de Tom McCarthy. Traducción de José Luis Amores para Editorial Pálido Fuego.

P.S. Residuos es la mejor novela de McCarthy. Es una novela que sencillamente hace que tu cabeza vuele en pedazos. ¿Cómo no recomendar a este gran autor?

 

Más reseñas de Javier Avilés en su blog El lamento de Portnoy