Prólogo “¿De dónde vienen las cosas?”
por Jean Murdock @CgAjeanmurdock
Lo habrás oído muchas veces: que con tanto cartón y tanto plástico los niños ya no van a saber de dónde vienen las cosas ni lo que es un pollo. Y los niños luego se convierten en adultos (eso lo habrás oído también, pero es mentira: la gente solo envejece, jamás madura). La cuestión es que está mal que nadie sepa de dónde vienen las cosas. Por eso he compuesto esta galería de productos básicos, para que todo el mundo sepa de dónde vienen, sin distinguir entre niños, chavales, jóvenes, a medias y mayores. Aquí todo el mundo cabe. Lo que no cabe, naturalmente, son todos los productos del mundo. Ese trabajo menor se lo dejo a los aficionados. Esta es una guía rigurosa que solo pretende enseñar lo que vale un peine(1) sin montar un pollo, lo cual, como todo el mundo sabe, es ridículo, porque no hay sillas de montar para pollos (2).
(1) Al parecer el precio de un peine oscila entre 0,50 y 400 euros, según te tomen el pelo. Aunque luego hay peines de valor incalculable, como el de Chillida o como ese peine del siglo VII que tiene dos caras (para peinarse las cejas al tiempo que el flequillo) y forma parte de la colección de peines del Museo Británico.
(2) Para disgusto mío y estupor de todos he descubierto que sí, hay sillas de montar para pollos, lo cual es muy perturbador.