19 Jun

Desde la caja de libros VII

por @librosfera

Me dijeron: “escribe sobre esto”.

Y yo escribo.

Los libros que nos quedamos.

Los libros de los que nos deshacemos.

Otra palabra de argot: expurgo.

¿Qué hacemos con los libros cuando ya no caben en las estanterías?

Hay pautas, directrices, normativas, manuales de procedimientos sobre cómo hacerlo, pero llegado el momento, cada persona es ella misma y su criterio.

Da pena tirar libros. Pero, ¿no es cierto que quizá la biblioteca pública no es el sitio ideal para guardarlos TODOS? ¿No son los demasiados libros demasiado ruido? Además, las bibliotecas no son islas. Que un libro no esté en una biblioteca no lo hace desaparecer de todas. Ah, las redes… ¡trabajar en red es lo mejor del mundo! (nota mental: elaborar sobre esto en otro momento).

No hace falta que todas las bibliotecas tengamos todos los libros. Hay opciones.

Se puede donar el libro a otra biblioteca. Y es algo que se hace constantemente. Siempre está la biblioteca del pueblo de la autora en cuestión, o la biblioteca especializada en la temática del libro, o la biblioteca que no lo tiene y cree que puede serle de utilidad. Es la solución ideal, aunque ahí los libros son un poco como los animales de compañía: siempre hay más gatitos que familias que quieran adoptar uno.

Se puede vender el libro por más o menos lo que cuesta un café. Es algo que en Estados Unidos vienen haciendo hace tiempo, y se recauda algo de dinero para la biblioteca. Aunque por cada libro que vendamos nos lleguen diez de personas que tienen demasiados libros en casa y ya no les caben. ¿No habíamos quedado que el saber no ocupa lugar?

Se puede regalar. Regalar a ONGs, regalar para actividades concretas, regalar para cualquier fin porque mejor eso que la solución definitiva…

Tirarlo. Porque es así: muchos libros se acaban tirando. Pero si todo funcionara como debe funcionar, sólo se tirarían cuando ya no queda más alternativa. Cuando el libro está roto y usado y ha vivido una buena vida, cuando no es el único en su especie sino que queda algún otro ejemplar vivo en algún rincón relativamente accesible, cuando, en definitiva, ya lo ha dado todo.

Y así debería hacerse.

Aunque no siempre se hace así.

Que no os engañen. Siempre habrá malas profesionales que ante una sección a rebosar de libros en la que ya no cabe ni uno más arrase siguiendo simplemente el criterio de “si no se ha prestado en este último año, no lo quiero: ¡que le corten la cabeza!”. O que haga lo mismo cuando entra por la puerta otra persona con otro carro de la compra lleno de enciclopedias vintage o de novelas que ya están en todas las bibliotecas de la provincia.

Toda profesión tiene su mala praxis. Y así, se tiran muchos libros. En unas bibliotecas más. En otras menos. Es todo tan complicado…

 

 

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