07 Nov

Corrosión, Cap. 30. En la frontera

Ya lo dice el refrán: las cosas se acaban rompiendo definitivamente por el centro, cuando lo quebrado ya no tiene solución ni enmienda posible. En contraste con ese centro que se mantiene en aparente paz y tranquilidad hasta la rotura irreparable, están las periferias, que son espacios —físicos o mentales—  en constante tensión con otros contornos. El mito de lo limítrofe se caracteriza por una dialéctica ininterrumpida que siempre anticipa los fenómenos que pueden acabar tomando el protagonismo en el centro de las cosas. Las fronteras —físicas o abstractas— son zonas en las que la realidad se sobrecarga y pone a la vista aquello que subyace a la sensación de orden y calma que la superficialidad tiende a sugerir.

Por eso, la idea de frontera es un asunto recurrente en lo que se refiere a la literatura, que encuentra en ella un territorio fértil, una invitación a reflexionar a partir de las distintas voces y fuerzas que componen ese equilibrio frágil. Sin rumiarlo demasiado, enumeraré algunos ejemplos en los cuáles el límite funciona el germen del relato literario. Las fronteras reales (El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati). El individuo que debe marcharse de sí mismo o el que se encuentra inmerso en una crisis de fe. Los cambios de régimen, las roturas matrimoniales. Los límites entre la subjetividad y la locura. Leer más

23 Oct

Corrosión, Cap 29. Hora de hacer balance

Corrosión es la historia de un tipo que está mudando de piel. Un individuo que después de divorciarse y ser despedido de la entidad bancaria en la que llevaba dieciocho años trabajando, teme ser tentado por la locura y la autodestrucción. Para mantener a raya los abismos emergentes, el exbancario se autoinfringe una disciplina espartana que materializa pasando las horas en distintas bibliotecas de la ciudad. Allí Pepe —pues ese es el nombre del protagonista de Corrosión— empieza a leer de un modo obsesivo. Obsesivo, compulsivo y competitivo, porque va anotando los libros que termina en una hoja de cálculo con la idea de alcanzar la cifra de doscientas lecturas en un año. Como nunca ha sabido hacer las cosas por el propio placer de hacerlas, Pepe pensó que fijarse un objetivo tangible que convirtiera la abstracción de la lectura en algo más concreto podría resultar útil para fidelizar ese hábito lector que quería convertir en el mismísimo centro de su vida.

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10 Oct

Corrosión, Cap 28. Biblioteca Vila de Gràcia

por Dioni Porta

Hoy toca hablar de la Biblioteca Vila de Gràcia, que sin ningún tipo de duda es mi biblioteca. En los ya lejanos tiempos de opaco empleado de banca que alargaba sus jornadas hasta bien entrada la tarde, esa caja de libros funcionaba como una exótica válvula de escape. No me cogía de camino, pero no me importaba apartarme de la línea recta oficina-casa para visitarla. Algunos van al bar al salir del trabajo y yo iba a la biblioteca. Bueno, no me haré el mormón, pues normalmente hacía doblete: bar y también biblioteca. Mi mujer también salía tarde de su trabajo y como no soportaba estar solo en casa —lo de encender las luces y tal me hacía sentir fatal; un perro que va de la casa oscura a la oficina y de la oficina a la casa oscura— mataba el tiempo por aquí y por allá. Leer más

03 Oct

Corrosión, Cap 27. Raúl

por Dioni Porta

Mi consejo es el siguiente: si alguna vez os encontráis por la calle con un amable individuo de nombre Raúl que os invita a dar un suave paseo por las calles de la ciudad, declinad la oferta antes de que sea demasiado tarde. En mi caso se trataba de un Raúl argentino, con barba mesiánica, boina de fieltro y chaleco multibolsillos beige, pero entiendo que es una enseñanza extrapolable a todos los Raúles.

Los acontecimientos se inician de un modo que no puede ser más inocente, cuando el Raúl de turno te propone acompañarle a una biblioteca cercana, y como la escena de dos desconocidos caminando hacia una caja de libros desprende un ideal de camaradería y vigor civil que te acaricia el alma, no tardas en entregarte a ella sin reservas. El verbo de Raúl te encandila, porque los asuntos de los que habla son tan universales —los pecios como patrimonio cultural subacuático, las fluctuaciones en el precio de la soja o que las cucarachas sobrevivirán a la especie humana y al resto de mamíferos— que sirven para limpiar de un plumazo toda tentación mental de regocijarse en la siempre rotunda y asfixiante realidad. A mí toda esa distancia respecto a lo inmediato y lo cercano me venía de maravilla, pues aquello que podríamos denominar como mi proceso personal, era, en parte, un intento de trascender una realidad para la que me había manifestado muy poco dotado, como demostraba la reducción de mi persona al gris avatar de empleado de banca —tan desmotivado como resignado— que espera con melancolía a que su exmujer se vuelva a enamorar de él, con el agravante de que ni en mi actitud ni en mis actos se podía reconocer ninguna naturaleza de esfuerzo ni talento para que así fuera. Leer más

27 Sep

Cap. 26. El Turó Park

por Dioni Porta

Habrá quien se pregunte qué hacía yo sentado en un banco del Turó Park, si no tengo perro ni niños y ese no es mi barrio. La razón es tan sencilla como difícil de creer. Esa misma noche había soñado que mis libros —de los que no había dudado en deshacerme durante el divorcio y la mudanza— flotaban como peces muertos en la superficie del pequeño lago del parque. Así que al despertarme, me aseé, me vestí con urgencia y me dirigí al Turó Park. Tomé un café acompañado de un cruasán en la cafetería que está frente a la entrada de Ferran Agulló con Tenor Viñas y luego pasé al parque, donde, después de dar un par de vueltas de reconocimiento, me dejé caer en uno de los bancos que están repartidos alrededor del lago. Leer más

20 Sep

Cap. 25. Escribir una novela

por Dioni Porta

Quizás alguien se quedó con la mosca detrás de la oreja después del fascículo anterior, alguien  que a lo mejor se ha seguido preocupando al toparse hoy con este título: “Escribir una novela”. Son palabras que espantan y que pueden sonar a soberana decepción: ¿es el tal Pepe, protagonista de Corrosión, el típico lector que a las primeras de cambio se entrega a la escritura? ¡Traidor! Si todo el mundo hiciera lo propio, ¿quién leería a quién? La literatura desaparecería a consecuencia de la culminación de la muerte del lector, maldito suicida entregado a las fauces sanguinarias del yo, del pensar que él también puede escribir. Leer más

05 Sep

Cap. 24, Transatlántico

por Dioni Porta

Witold Gombrowicz escribió Transatlántico entre 1948 y 1950 mientras trabajaba en el Banco Polaco de Buenos Aires. La novela se editó en Argentina un par de años después, levantando una fuerte polémica entre la comunidad polaca por el modo en que arremetía contra la patria.  En 1957, se publicó en Polonia aprovechando una cierta liberalización política, y Gombrowicz quiso advertir en el prólogo que lo que “más miedo le daba era que la novela fuera leída de un modo demasiado estrecho y superficial”.

Comienza Transatlántico explicando cómo el protagonista, un escritor polaco de nombre Witold, que ha viajado a Buenos Aires en una comitiva de literatos, no puede regresar a su país que ha sido invadido por la Alemania nazi. A partir de ahí, Witold se verá inmerso en una confusa realidad en la que el miedo y la tristeza serán distraídos por una lucha por la supervivencia donde las gestiones con algunos compatriotas polacos para intentar conseguir un trabajo se alternarán con su presencia en actos oportunistas por parte de la embajada de Polonia, que intenta promocionar la patria a través de algunos ejercicios de retórica nacionalista alrededor de sus genios. Leer más

27 Jun

Cap. 23. Biblioteca Canyelles, El lector y el detective privado

por Dioni Porta

En uno de los capítulos de El último lector, Ricardo Piglia reflexiona sobre el detective privado (private eye) del género policiaco, que según él “es una de las mayores representaciones modernas del lector”. Piglia sitúa el inicio del género en Los crímenes de la rue Morgue (relato escrito por Edgar Alan Poe en 1841) y concretamente en la escena de la librería en la que el narrador conoce a Auguste Dupin mientras ambos buscan un mismo libro, sin que llegue a revelarse de cual se trata.

Dice Piglia que decía Borges que el detective es la clave formal del relato policial y también que su figura, ese individuo que “siente al mismo tiempo lo multitudinario y la soledad” mientras pasea por las calles desiertas de la noche parisina, es la evolución natural del flâneur. El detective es aquel que lee la escena del crimen, alguien que lee la realidad, descifrando todo lo que estaba ahí, a la vista, sin que nadie supiera captarlo. Leer más

12 Jun

Cap. 22. Biblioteca Vapor Vell Sants, El lector

por Dioni Porta

Lo que más me impresionó de convertirme en lector, fue constatar que el lector es alguien que toma decisiones, que es atravesado por un mundo con el que ha elegido relacionarse de una determinada manera, alguien que arriesga, se confunde, se enamora, acierta y se equivoca, alguien que acabará siendo el responsable final del camino escogido. Como lectores nos enfrentamos, pues, a los mismos retos o peligros, las mismas inercias u oportunidades, que en el quehacer vital. Eso no implica que nuestro comportamiento como lectores se asemeje al que tendríamos como individuos, más bien al contrario, pues en nuestra existencia lectora se intuye una voluntad de complementar la vida mundana que queda afuera del libro.

Ahí estaba yo, refregándome con mi descubrimiento, cuando Rosales, uno de mis queridos guardianes bibliotecarios, me puso bajo la pista definitiva: “aquello que distingue leer sin más, de hacerlo como un lector, es la idea de la lectura como experiencia; eso significa jugarte el pellejo, asaltar el orden de prioridades, quitar de allá para poner aquí.”   Leer más

30 May

Cap. 21. Biblioteca Sant Pau – Santa Creu, Asociaciones

por Dioni Porta

“En su novela Cosmos, Witold Gombrowicz despliega una descabellada historia a partir de dos observaciones del protagonista narrador: la imagen de un gorrión colgado de un alambre, y la asociación mental entre la boca de Katasia y la boca de Lena, dos mujeres que conviven con el héroe de la novela en la casa en la que él se hospeda. El propio Gombrowicz lo define de este modo en su Diario:

“Estos dos problemas exigen un sentido. Uno penetra en el otro tendiendo hacia la totalidad. De este modo comienza un proceso de suposiciones, de asociaciones, de investigaciones, algo que va a crearse, pero se trata de un embrión más bien monstruoso, un aborto… y este rebus oscuro, incomprensible, exigirá una solución… buscar una Idea que explique, que imponga un orden…” Leer más