20 Sep

Cap. 25. Escribir una novela

por Dioni Porta

Quizás alguien se quedó con la mosca detrás de la oreja después del fascículo anterior, alguien  que a lo mejor se ha seguido preocupando al toparse hoy con este título: “Escribir una novela”. Son palabras que espantan y que pueden sonar a soberana decepción: ¿es el tal Pepe, protagonista de Corrosión, el típico lector que a las primeras de cambio se entrega a la escritura? ¡Traidor! Si todo el mundo hiciera lo propio, ¿quién leería a quién? La literatura desaparecería a consecuencia de la culminación de la muerte del lector, maldito suicida entregado a las fauces sanguinarias del yo, del pensar que él también puede escribir. Leer más

05 Sep

Cap. 24, Transatlántico

por Dioni Porta

Witold Gombrowicz escribió Transatlántico entre 1948 y 1950 mientras trabajaba en el Banco Polaco de Buenos Aires. La novela se editó en Argentina un par de años después, levantando una fuerte polémica entre la comunidad polaca por el modo en que arremetía contra la patria.  En 1957, se publicó en Polonia aprovechando una cierta liberalización política, y Gombrowicz quiso advertir en el prólogo que lo que “más miedo le daba era que la novela fuera leída de un modo demasiado estrecho y superficial”.

Comienza Transatlántico explicando cómo el protagonista, un escritor polaco de nombre Witold, que ha viajado a Buenos Aires en una comitiva de literatos, no puede regresar a su país que ha sido invadido por la Alemania nazi. A partir de ahí, Witold se verá inmerso en una confusa realidad en la que el miedo y la tristeza serán distraídos por una lucha por la supervivencia donde las gestiones con algunos compatriotas polacos para intentar conseguir un trabajo se alternarán con su presencia en actos oportunistas por parte de la embajada de Polonia, que intenta promocionar la patria a través de algunos ejercicios de retórica nacionalista alrededor de sus genios. Leer más

27 Jun

Cap. 23. Biblioteca Canyelles, El lector y el detective privado

por Dioni Porta

En uno de los capítulos de El último lector, Ricardo Piglia reflexiona sobre el detective privado (private eye) del género policiaco, que según él “es una de las mayores representaciones modernas del lector”. Piglia sitúa el inicio del género en Los crímenes de la rue Morgue (relato escrito por Edgar Alan Poe en 1841) y concretamente en la escena de la librería en la que el narrador conoce a Auguste Dupin mientras ambos buscan un mismo libro, sin que llegue a revelarse de cual se trata.

Dice Piglia que decía Borges que el detective es la clave formal del relato policial y también que su figura, ese individuo que “siente al mismo tiempo lo multitudinario y la soledad” mientras pasea por las calles desiertas de la noche parisina, es la evolución natural del flâneur. El detective es aquel que lee la escena del crimen, alguien que lee la realidad, descifrando todo lo que estaba ahí, a la vista, sin que nadie supiera captarlo. Leer más

12 Jun

Cap. 22. Biblioteca Vapor Vell Sants, El lector

por Dioni Porta

Lo que más me impresionó de convertirme en lector, fue constatar que el lector es alguien que toma decisiones, que es atravesado por un mundo con el que ha elegido relacionarse de una determinada manera, alguien que arriesga, se confunde, se enamora, acierta y se equivoca, alguien que acabará siendo el responsable final del camino escogido. Como lectores nos enfrentamos, pues, a los mismos retos o peligros, las mismas inercias u oportunidades, que en el quehacer vital. Eso no implica que nuestro comportamiento como lectores se asemeje al que tendríamos como individuos, más bien al contrario, pues en nuestra existencia lectora se intuye una voluntad de complementar la vida mundana que queda afuera del libro.

Ahí estaba yo, refregándome con mi descubrimiento, cuando Rosales, uno de mis queridos guardianes bibliotecarios, me puso bajo la pista definitiva: “aquello que distingue leer sin más, de hacerlo como un lector, es la idea de la lectura como experiencia; eso significa jugarte el pellejo, asaltar el orden de prioridades, quitar de allá para poner aquí.”   Leer más

30 May

Cap. 21. Biblioteca Sant Pau – Santa Creu, Asociaciones

por Dioni Porta

“En su novela Cosmos, Witold Gombrowicz despliega una descabellada historia a partir de dos observaciones del protagonista narrador: la imagen de un gorrión colgado de un alambre, y la asociación mental entre la boca de Katasia y la boca de Lena, dos mujeres que conviven con el héroe de la novela en la casa en la que él se hospeda. El propio Gombrowicz lo define de este modo en su Diario:

“Estos dos problemas exigen un sentido. Uno penetra en el otro tendiendo hacia la totalidad. De este modo comienza un proceso de suposiciones, de asociaciones, de investigaciones, algo que va a crearse, pero se trata de un embrión más bien monstruoso, un aborto… y este rebus oscuro, incomprensible, exigirá una solución… buscar una Idea que explique, que imponga un orden…” Leer más

16 May

Cap. 20. Biblioteca Vilapicina y la Torre Llobeta; La anécdota

Según Pere-Lluís, dos individuos de mediana edad se agarraron a trompadas en la puerta de la biblioteca ante la atenta mirada de varias personas que no se decidían a intervenir, ya que todo lo rápida que había sido la transición desde la disputa verbal hasta esos dos primeros intentos de puñetazo al hombre de la cazadora beige por parte del tipo de la camisa de cuadros azules, también lo había sido la siguiente derivada, cuando ambos contendientes se entrelazaron en una suerte de abrazo dentro del cual latía la violencia del enfrentamiento físico, pero a su vez una extraña complicidad entre los cuerpos que indeterminaba si aquello acabaría en nuevos golpes o en una escena fraternal, lo que para Pere-Lluís era una clara manifestación de nuestros días, tan proclives a la irritación, el ruido y la contundencia alrededor de las capas epidérmicas de lo cotidiano, como confusos y pusilánimes a la hora de abordar esa realidad de un modo más íntimo. Leer más

02 May

Cap. 19, Biblioteca Can Mariner de Horta; Conciencia

No es sencillo dar cuenta de lo que fue aquella cofradía de amigos y usuarios de biblioteca. Podría dedicarme a explicar lo que éramos, lo que hacíamos, el por qué, el dónde, el cómo y el cuándo, pero me temo que ese ejercicio narrativo no haría sino empequeñecer la dimensión más íntima, y a su vez poderosa, de esa energía disipada de insatisfechos individuos literarios en la que conseguimos convertirnos durante una temporada. Leer más

18 Abr

Cap. 18, Bilbioteca Joan Antoni de Sant Antoni; La novela y el partido

por Dioni Porta

Este texto viene a colación de Ferdydurke de Gombrowicz, y de aquellos recortes de Babelia que encontré dentro del ejemplar que cayó en mis manos, y en los cuales César Aira  decía cosas tan sugerentes como que la verdadera obra de arte del escritor polaco fue esa cofradía de amigos (tan argentinos como desorientados) que Gombrowicz cultivó a su alrededor a través de una profunda y honesta concepción de la amistad, venciendo las tentaciones que el intelectual europeo desarraigado pudo tener para tratar de enrolarse en los círculos selectos del establishment porteño. Lo cual me despertó la necesidad de hablar de la sublime cuadrilla de usuarios de biblioteca de la que formé parte, pero antes me gustaría recordar a ACJ, uno de los miembros más brillantes de nuestra cofradía, y que recientemente he sabido que falleció unos meses atrás. Leer más

28 Mar

Cap. 17, Biblioteca Agustí Centelles; Ferdydurke

 Y sí, tanto mapa y tanta nota, tanto Gombrowicz por aquí y Gombrowicz por allá, me condujo a Ferdydurke. Me sonaba vagamente el nombre de Witold Gombrowicz, pero no sabía nada de él. Confieso que me imaginaba al típico autor centroeuropeo herido por la guerra y el totalitarismo, autor de lectura sobria y referente moral, hasta que me topé con algunos datos biográficos que suscitaron mi interés. A Gombrowicz, la invasión nazi de Polonia le pilló en la Argentina, donde se pasó 20 años y 266 días (¡yo también acostumbro a sacar cálculos inútiles!). Asimismo, me entusiasmó que hubiera trabajado en un banco (¡como yo!), o que Ferdydurke se presentara como un alegato en contra de la edad adulta, periodo insulso y vacío en el que la vida formal se hace pasar por madurez (¡así lo sentía yo!). De modo que cuando empecé a leer Ferdydurke y descubrí  que el protagonista se llamaba Pepe (¡como yo!), ya no podía estar más que convencido de encontrarme frente a un libro que me interpelaba personalmente. Leer más

14 Mar

Cap. 16, Biblioteca La Sagrera; Subrayar o no subrayar, esa es la cuestión

Hay dos tipos de personas: las que subrayan y marranean con gusto sus libros y las que no osan ponerles ni medio dedo encima. Yo soy de este segundo grupo. Supongo que tiene que ver con la educación familiar recibida, que siempre fue más ética que política, remarcando mucho y bien la importancia del respeto, y algo menos las posibilidades de la subversión. Leer más