16 May

Corrosión, Capítulo 20. La anécdota

Según Pere-Lluís, dos individuos de mediana edad se agarraron a trompadas en la puerta de la biblioteca ante la atenta mirada de varias personas que no se decidían a intervenir, ya que todo lo rápida que había sido la transición desde la disputa verbal hasta esos dos primeros intentos de puñetazo al hombre de la cazadora beige por parte del tipo de la camisa de cuadros azules, también lo había sido la siguiente derivada, cuando ambos contendientes se entrelazaron en una suerte de abrazo dentro del cual latía la violencia del enfrentamiento físico, pero a su vez una extraña complicidad entre los cuerpos que indeterminaba si aquello acabaría en nuevos golpes o en una escena fraternal, lo que para Pere-Lluís era una clara manifestación de nuestros días, tan proclives a la irritación, el ruido y la contundencia alrededor de las capas epidérmicas de lo cotidiano, como confusos y pusilánimes a la hora de abordar esa realidad de un modo más íntimo. Leer más

02 May

Corrosión, Capítulo 19, Conciencia

No es sencillo dar cuenta de lo que fue aquella cofradía de amigos y usuarios de biblioteca. Podría dedicarme a explicar lo que éramos, lo que hacíamos, el por qué, el dónde, el cómo y el cuándo, pero me temo que ese ejercicio narrativo no haría sino empequeñecer la dimensión más íntima, y a su vez poderosa, de esa energía disipada de insatisfechos individuos literarios en la que conseguimos convertirnos durante una temporada. Leer más

18 Abr

Corrosión, Capítulo 18, La novela y el partido

por Dioni Porta

Este texto viene a colación de Ferdydurke de Gombrowicz, y de aquellos recortes de Babelia que encontré dentro del ejemplar que cayó en mis manos, y en los cuales César Aira  decía cosas tan sugerentes como que la verdadera obra de arte del escritor polaco fue esa cofradía de amigos (tan argentinos como desorientados) que Gombrowicz cultivó a su alrededor a través de una profunda y honesta concepción de la amistad, venciendo las tentaciones que el intelectual europeo desarraigado pudo tener para tratar de enrolarse en los círculos selectos del establishment porteño. Lo cual me despertó la necesidad de hablar de la sublime cuadrilla de usuarios de biblioteca de la que formé parte, pero antes me gustaría recordar a ACJ, uno de los miembros más brillantes de nuestra cofradía, y que recientemente he sabido que falleció unos meses atrás. Leer más

28 Mar

Corrosión, Capítulo 17, Ferdydurke

 Y sí, tanto mapa y tanta nota, tanto Gombrowicz por aquí y Gombrowicz por allá, me condujo a Ferdydurke. Me sonaba vagamente el nombre de Witold Gombrowicz, pero no sabía nada de él. Confieso que me imaginaba al típico autor centroeuropeo herido por la guerra y el totalitarismo, autor de lectura sobria y referente moral, hasta que me topé con algunos datos biográficos que suscitaron mi interés. A Gombrowicz, la invasión nazi de Polonia le pilló en la Argentina, donde se pasó 20 años y 266 días (¡yo también acostumbro a sacar cálculos inútiles!). Asimismo, me entusiasmó que hubiera trabajado en un banco (¡como yo!), o que Ferdydurke se presentara como un alegato en contra de la edad adulta, periodo insulso y vacío en el que la vida formal se hace pasar por madurez (¡así lo sentía yo!). De modo que cuando empecé a leer Ferdydurke y descubrí  que el protagonista se llamaba Pepe (¡como yo!), ya no podía estar más que convencido de encontrarme frente a un libro que me interpelaba personalmente. Leer más

14 Mar

Corrosión, Capítulo 16, Subrayar o no subrayar, esa es la cuestión

Hay dos tipos de personas: las que subrayan y marranean con gusto sus libros y las que no osan ponerles ni medio dedo encima. Yo soy de este segundo grupo. Supongo que tiene que ver con la educación familiar recibida, que siempre fue más ética que política, remarcando mucho y bien la importancia del respeto, y algo menos las posibilidades de la subversión. Leer más

28 Feb

Corrosión, Capítulo 15, La hora del lector

Me acuerdo de aquella época en la que no dejaba de preguntarme por qué ocurrían las cosas. Incluso me sentía importante por ello. Me enorgullecía creer que, lejos de cualquier conformismo, mi intrépida mente estaba encarando sin subterfugios las hondas cuestiones de la existencia. Días de autocomplacencia, hasta que descubrí que plantearse por qué ocurren las cosas era el lugar común de quienes han sufrido una desgracia. Además, no tardé en comprender que, en el fondo, la pregunta era ingenua e intrascendente. Y también que, a través de ella, el miedo a asumir los hechos dibuja un falso conflicto medio místico medio cognitivo sobre el que proyectar una confusión de responsabilidades que acabe confortándonos por la vía del aturdimiento. Dios y tal, aunque con un verbalismo renovado. Leer más

14 Feb

Corrosión. Capítulo 14. Ciutat Meridiana

No hay nada más doloroso e irritante que escuchar a un artista o a un académico presentando sus “temas”, siempre con la apostilla: “me interesa…” “estoy interesado en…” los suburbios, por ejemplo. ¿Cómo le pueden interesar a uno los suburbios? O le conciernen o no le conciernen, o le afectan o no le afectan. Ser afectado es aprender a escuchar acogiendo y transformándose, rompiendo algo de uno mismo y recomponiéndose con alianzas nuevas.

Este fragmento de Marina Garcés (Un mundo común, edicions bellaterra) me sobrevuela amenazante a la hora de escribir este capítulo de Corrosión que transcurrirá por las calles verticales de Ciutat Meridiana, barrio urbanizado entre 1963 y 1967 en un valle de fuertes pendientes en el que estaba previsto construir un cementerio, idea que acabó desestimándose por la humedad del suelo.

Lástima que el promotor, un tal Juan Antonio Samaranch, levantara esos grandes bloques sin que estuvieran acompañados de los servicios y equipamientos básicos, carencias que condicionaron desde el inicio a un barrio que durante los 70 y los 80 fue muy castigado por la droga, el paro, el aislamiento y la conflictividad social. Y si bien la llegada del metro ligero y olas migratorias posteriores revitalizaron sus calles, la reciente crisis se ha vuelto a cebar severamente con la Ciudad Meridiana, que sufre una de las tasas de paro y desahucios más grandes de España, hasta el punto que ha recibido el sobrenombre de Villa Desahucios. Leer más

31 Ene

Corrosión. Capítulo 13. Un borracho en la Biblioteca Can Rosés. Historia de una trama de hechos antinarrativos

 

Me acuerdo de aquel día en la Biblioteca Can Rosés en el que un borracho que ojeaba la prensa a mi lado empezó a mascullar una suerte de conferencia literaria, con afirmaciones como que solo sobre las cenizas del desprestigio absoluto de la narración, el estilo y la mismísima  palabra, podría resurgir la literatura.

Discurso que podría llegar a suscribir, y es que en las escasas ocasiones en las que he hablado de literatura con otras personas, siempre me ha gustado posicionarme más allá de una narratividad sobre la que es divertido echar pestes: que si la literatura es un asunto de geometría y formas, no tanto de historias, que si recurrir a los hechos es el recurso de quien no tiene nada que decir,  que si proclamar el fracaso de la narración, que si considerarla superada. Actitud, por cierto, que es formidable para tejer complicidades rápidas pero también una táctica infalible para despertar muy pocas ganas de ser leído.
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