15 Ene

Corrosión, Cap. 36. La espera

por Dioni Porta

Muchas cosas hemos perdido con esta nueva era en la que nos encontramos inmersos. Entre las cuales se encuentra el deterioro progresivo de nuestra predisposición para la espera. Una lástima: ahora ya nadie aguarda y, cuando lo hace, el binomio espera-observación ha sido atropellado sin piedad por las distracciones del telefonillo. Una sociedad más estúpida nos hemos regalado renunciando a la espera, que siempre había funcionado como una suerte de microperspectiva alzándose recurrente a lo largo de la jornada para recordarnos que podemos soñarnos como mamíferos que observan, piensan y deciden. Leer más

08 Ene

Corrosión, Cap. 35. Autocrítica

por Dioni Porta

Empezaré esta nota echando pestes de Pornografía de Gombrowicz. Me aburrí tanto que no pude acabarla. Apenas un puñado de párrafos me sirvieron para constatar que no lograría establecer ninguna conexión con la novela; tirantez que no hizo sino aumentar a medida que iban pasando las páginas y avanzaba con ellas nuestra tensa relación. Después de unas cuantas escaramuzas de conflictiva lectura, opté por desistir sin albergar ninguna duda a la hora de culpar a Gombrowicz de semejante fracaso. Me dije que Pornografía no era más que un remake fallido de Ferdydurke, un regreso de Gombrowicz a sus temas de siempre —la forma, la inmadurez disfrazada de rigor y pautas de actuación o el eterno conflicto entre juventud y vejez, entre plenitud y no-plenitud— que había degenerado en un artefacto pastoso y aburrido que no ofrecía nada nuevo, sino más bien todo lo contrario, pues la novela acaba resultando una parodia intrascendente de las obras maestras gombrowiczianas. Aquel Ferdydurke o aquel Cosmos que lecturas tan entusiastas me habían provocado y que no habían encontrado en Pornografía una digna sucesora. Leer más

11 Dic

Corrosión, Cap. 34. Palabra, frase, conjunto y párrafo

Mi cofradía bibliotecaria era un clan numeroso, pero los más asiduos, aquellos que, ofendiendo a la propia naturaleza extrovertida del grupo, podríamos denominar como el núcleo duro, éramos el quinteto. Como ocurre con todas las asociaciones temporales de amigos,  parecía que nos hubiéramos repartido el territorio, de forma que uno de nosotros era ágrafo, otro adoraba las palabras, un tercero creía en el conjunto del relato o yo mismo, que adoraba las frases. Pero el pedazo más curioso de todos era el de Rosales, para quien la unidad literaria más trascendental era el párrafo.

Nuestro ágrafo estrella era Pere-Lluís, que no había escrito jamás ni media palabra, según juraba y perjuraba sin descanso para defenderse de nuestras recurrentes chanzas, a través de las cuales pretendíamos dibujarle la caricatura de escritor oculto con innumerables novelas guardadas en un cajón. Tal era su grado de conciencia para evitar la escritura, que incluso a la hora de comunicarse por correo electrónico, solía ser sumamente minimalista, temeroso de perpetrar cualquier partícula literaria, aunque fuera involuntariamente. Por supuesto, Pere-Lluís era el mejor lector, pero, parafraseando a Scott Fitzgerald, “eso era todo”. Leer más

04 Dic

Corrosión, Cap. 33. El trabajo

 Explicaré una anécdota, pero antes permitidme una breve digresión. ¿Qué opináis del siempre espinoso asunto de la relación de los escritores con el trabajo? ¿En qué momento nos encontramos respecto a eso? ¿Qué ocurre con la cultura en general y con la literatura en particular? ¿Cómo inciden las nuevas tecnologías en la profesionalización del sector? ¡Jajaja, es broma! No sabría decir ni media palabra sobre estas cuestiones, aunque afortunadamente no andamos faltos de reflexiones y referentes que nos aclaran cómo y por dónde va el tema.

Yo apenas podría apuntar que a lo mejor ocurre lo mismo que ha ocurrido siempre. Que algunos —pocos— pueden ganarse la vida con su literatura, pero que a la mayoría de escritores les toca trabajar en algo más. Puede ser un algo dentro del ámbito del libro (traductores, correctores, editores, libreros, empleado en la Biblioteca Ramon d’Alòs – Moner), o un algo más alejado: profesores, operarios, contables, camareros, vigilantes nocturnos de cámping… Supongo que entre todos ellos hay mucha sensación compartida, empezando por la indignación (y necesidad de denuncia) frente a una sociedad, unas políticas culturales, un panorama editorial e incluso algunas personas concretas (corruptas e incompetentes) que obligan al escritor a secuestrar una porción muy relevante de su tiempo para ponerlo al servicio de un empleo regular que asegure unos medios económicos de subsistencia. O la sensación compartida de idealizar esa prosa vigorosa que resultaría si el escritor tuviera a disposición de su vocación todo el tiempo y la frescura mental que atesora. O la siempre entrañable sensación de pensar: ¿por qué otros en mi lugar? Leer más

27 Nov

Corrosión, Cap. 32. Echar mano

He sido deliberadamente inconcreto en lo que se refiere a mi cese como empleado del banco, alimentando con mi ambigüedad la idea de que mi expediente debía incluirse entre aquellos despidos que se han venido generalizando en el ámbito de la banca desde hace unos cuantos años. Pues bien, ha llegado el momento de aclarar que fui invitado a marcharme porque le eché mano a la caja.

Algún día hablaré de ello, ahora apenas daré un par de pinceladas. En primer lugar, y como cualquiera puede imaginarse, odiaba el banco, sus comisiones, sus beneficios, sus jerarquías y el carácter menguante de los derechos y márgenes de acción en nuestra condición de trabajadores, así como el marco mental en el que se nos iba imbuyendo en relación con los clientes, esos ignorantes pusilánimes a los que había que dinamizar y financiarizar debidamente para que la economía pudiera seguir creciendo. En segundo lugar, que no me movían exclusivamente los intereses pecuniarios, sino que mis actos también estaban impregnados de ciertas inquietudes sobre el autoconocimiento. Por eso, un día me guardé en el bolsillo los veinte euros de un descuadre favorable. Un billete para regalarme un buen menú en La Fonda, pero también para demostrarme mi propia complejidad: no hay nada peor que la autocomplacencia para alejarnos de ese estado del alma en el que uno es capaz de juzgar al prójimo de un modo bastante aproximado a como lo hace consigo mismo. Sin superar ese abismo mental que levantamos entre los otros y nosotros, sin esa cierta componente empática, todo se empequeñece hasta que acabamos solos, tristes o muertos. Leer más

20 Nov

Corrosión, Cap. 31. Literatura e información

Uno de los pasajes más interesantes del primer manifiesto surrealista es aquel en que André Breton reniega de la literatura realista y positivista, acusándola de limitarse a ser una transmisora de información “que se alimenta incesantemente de las noticias periodísticas y traiciona a la ciencia y al arte”. En su opinión, reducir la creatividad a la demostración de “unas pequeñas dotes de observación” es una buena muestra del drama que vive la literatura. La frase de Paul Valéry asegurando que siempre se negaría a escribir la frase “la marquesa salió a las cinco” ilustra de un modo simpático esa oposición visceral ante el estilo puramente informativo que habría patrimonializado el género novelístico.

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07 Nov

Corrosión, Cap. 30. En la frontera

Ya lo dice el refrán: las cosas se acaban rompiendo definitivamente por el centro, cuando lo quebrado ya no tiene solución ni enmienda posible. En contraste con ese centro que se mantiene en aparente paz y tranquilidad hasta la rotura irreparable, están las periferias, que son espacios —físicos o mentales—  en constante tensión con otros contornos. El mito de lo limítrofe se caracteriza por una dialéctica ininterrumpida que siempre anticipa los fenómenos que pueden acabar tomando el protagonismo en el centro de las cosas. Las fronteras —físicas o abstractas— son zonas en las que la realidad se sobrecarga y pone a la vista aquello que subyace a la sensación de orden y calma que la superficialidad tiende a sugerir.

Por eso, la idea de frontera es un asunto recurrente en lo que se refiere a la literatura, que encuentra en ella un territorio fértil, una invitación a reflexionar a partir de las distintas voces y fuerzas que componen ese equilibrio frágil. Sin rumiarlo demasiado, enumeraré algunos ejemplos en los cuáles el límite funciona el germen del relato literario. Las fronteras reales (El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati). El individuo que debe marcharse de sí mismo o el que se encuentra inmerso en una crisis de fe. Los cambios de régimen, las roturas matrimoniales. Los límites entre la subjetividad y la locura. Leer más

23 Oct

Corrosión, Cap 29. Hora de hacer balance

Corrosión es la historia de un tipo que está mudando de piel. Un individuo que después de divorciarse y ser despedido de la entidad bancaria en la que llevaba dieciocho años trabajando, teme ser tentado por la locura y la autodestrucción. Para mantener a raya los abismos emergentes, el exbancario se autoinfringe una disciplina espartana que materializa pasando las horas en distintas bibliotecas de la ciudad. Allí Pepe —pues ese es el nombre del protagonista de Corrosión— empieza a leer de un modo obsesivo. Obsesivo, compulsivo y competitivo, porque va anotando los libros que termina en una hoja de cálculo con la idea de alcanzar la cifra de doscientas lecturas en un año. Como nunca ha sabido hacer las cosas por el propio placer de hacerlas, Pepe pensó que fijarse un objetivo tangible que convirtiera la abstracción de la lectura en algo más concreto podría resultar útil para fidelizar ese hábito lector que quería convertir en el mismísimo centro de su vida.

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10 Oct

Corrosión, Cap 28. Biblioteca Vila de Gràcia

por Dioni Porta

Hoy toca hablar de la Biblioteca Vila de Gràcia, que sin ningún tipo de duda es mi biblioteca. En los ya lejanos tiempos de opaco empleado de banca que alargaba sus jornadas hasta bien entrada la tarde, esa caja de libros funcionaba como una exótica válvula de escape. No me cogía de camino, pero no me importaba apartarme de la línea recta oficina-casa para visitarla. Algunos van al bar al salir del trabajo y yo iba a la biblioteca. Bueno, no me haré el mormón, pues normalmente hacía doblete: bar y también biblioteca. Mi mujer también salía tarde de su trabajo y como no soportaba estar solo en casa —lo de encender las luces y tal me hacía sentir fatal; un perro que va de la casa oscura a la oficina y de la oficina a la casa oscura— mataba el tiempo por aquí y por allá. Leer más

03 Oct

Corrosión, Cap 27. Raúl

por Dioni Porta

Mi consejo es el siguiente: si alguna vez os encontráis por la calle con un amable individuo de nombre Raúl que os invita a dar un suave paseo por las calles de la ciudad, declinad la oferta antes de que sea demasiado tarde. En mi caso se trataba de un Raúl argentino, con barba mesiánica, boina de fieltro y chaleco multibolsillos beige, pero entiendo que es una enseñanza extrapolable a todos los Raúles.

Los acontecimientos se inician de un modo que no puede ser más inocente, cuando el Raúl de turno te propone acompañarle a una biblioteca cercana, y como la escena de dos desconocidos caminando hacia una caja de libros desprende un ideal de camaradería y vigor civil que te acaricia el alma, no tardas en entregarte a ella sin reservas. El verbo de Raúl te encandila, porque los asuntos de los que habla son tan universales —los pecios como patrimonio cultural subacuático, las fluctuaciones en el precio de la soja o que las cucarachas sobrevivirán a la especie humana y al resto de mamíferos— que sirven para limpiar de un plumazo toda tentación mental de regocijarse en la siempre rotunda y asfixiante realidad. A mí toda esa distancia respecto a lo inmediato y lo cercano me venía de maravilla, pues aquello que podríamos denominar como mi proceso personal, era, en parte, un intento de trascender una realidad para la que me había manifestado muy poco dotado, como demostraba la reducción de mi persona al gris avatar de empleado de banca —tan desmotivado como resignado— que espera con melancolía a que su exmujer se vuelva a enamorar de él, con el agravante de que ni en mi actitud ni en mis actos se podía reconocer ninguna naturaleza de esfuerzo ni talento para que así fuera. Leer más