18 Ene

Entrega #8 (año 2007): Hombres en el espacio, de Tom McCarthy

por Javier Avilés

Pongamos que la trama es una línea recta.

Luego dibujemos las líneas temporales de los personajes entrecruzándose con la trama y entre sí.

Luego borremos aquellos episodios de los personajes que no tengan relación con la trama.

Finalmente borremos la trama.

Disculpadme esta tontería, pero me apetecía volver a usar el Paint, esa herramienta obsoleta, para ilustrar como está construida esta novela de McCarthy.

En el dibujo final aparecen fragmentos de líneas que aparentemente no tienen relación entre sí. Así cada “capítulo” de Hombres en el espacio, separado del siguiente por cinco asteriscos, muestra un segmento de una línea, o el momento en que dos líneas se cruzan. Como en las pinturas de los maestros de Bačkovo, el medio básico en la narración de esta novela es la línea, manejada de forma que permita “representar varios momentos de una historia en un solo panel”.

Y la comparación entre pintura y narrativa, ya establecida desde el inicio de la novela en un epígrafe escrito por uno de los personajes, es fundamental para comprender Hombres en el espacio.

La trama, la línea negra que no aparece, trata sobre la falsificación de un cuadro, un icono imposible, encargado por una organización criminal, ambientada en 1993 en una Praga que se convierte en capital de la nueva República Checa.

La intención de McCarthy es dibujar esa trama sin mencionarla.

Lo que podría ocurrir en la novela es algo así como una historia digna del mejor John LeCarre, con mafias búlgaras operando en una Praga en proceso de recomposición, policías del régimen soviético con los oídos atrofiados por tantas escuchas y un crimen en proceso para el que la falsificación del icono es fundamental. Por otra parte, tanto por la forma en que la novela se estructura, una novela coral con múltiples puntos de vista, como por el tema, la copia y la creatividad, nos puede recordar a Los reconocimientos de Gaddis. Finalmente, la estructura de la novela y la inconclusión de sus capítulos, no puede más que recordarnos a Pynchon, al de El arco iris de gravedad, por ejemplo, en el que cada capítulo terminaba con unos puntos suspensivos que indicaban que había acción que ocurría fuera del campo de la narración.

La tesis de la novela, que termina con Boardaman en lo alto de un edificio, personaje cuya primera aparición es soñando con barcos que contempla desde lo alto de la cofa del mástil de uno de ellos, se explica en el mismo título de la novela. Hombres en el espacio hace referencia a un chiste de la época de la descomposición del bloque soviético. Un cosmonauta soviético en la estación espacial no puede descender a la Tierra porque Ucrania dice que no puede correr con los gastos de un proyecto que ellos consideran ruso, mientras que Rusia, puesto que el cosmonauta es de una república báltica, pide que sean los bálticos quienes se hagan cargo del aterrizaje. El cosmonauta ascendió al espacio como soviético pero no puede descender porque ya no existe una nación que le reconozca. Los personajes de la novela son como hombres en el espacio: estadounidenses en la república Checa, holandeses en Lituania, búlgaros expandiéndose como una supranación en la clandestinidad. El arte, la obra de arte, se convierte en el contrapunto, en símbolo de la futilidad de las fronteras, en metáfora de ese “algo” que sobrepasa las nacionalidades.

Todas estas líneas que se entrecruzan y desaparecen, toda la trama y la estructura, sirven solo para explicar como está ideada la novela y como la desarrolla su autor.

Lo que de ninguna manera voy a poder explicar aquí es la sutileza con la que McCarthy hace que todo funcione.

Los capítulos finales del libro, que contrastan la tensión de la acción con la ignorancia de los personajes de los fenómenos a los que se enfrentan, me parecen de lo mejor que he leído en tiempo.

No puedo contar nada sobre ellos sin desvelar datos esenciales.

Hay una rama.

Hay una cofa.

Hay barcos.

Ágape en sinfonía con Erania.

Ámame en simpatía hacia Eramia.

Todas las pistas están dispuestas desde el principio de la novela, solo que en ese momento no somos capaces de leerlas, de interpretarlas. McCarthy nos acompaña sutilmente a lo largo de toda la narración, escuchando justo aquello que debemos oír. No quiere que nos convirtamos en el policía sordo, saturado de información innecesaria e irrelevante. Todo en la novela tiene un propósito, pero no será hasta el final que podremos ver como cada pieza encaja exactamente en su lugar. Puede que hayamos estado leyendo fragmentos, que nos hayamos detenido en cada uno de los detalles del icono copiado, en el significado de las escenas que rodean a la figura principal, pero lo que McCarthy nos muestra es el cuadro en su totalidad. Deteniéndonos en los detalles, en los textos escritos en un idioma irreconocible que adornan el cuadro, hemos olvidado la figura principal que domina el centro del icono: Un cosmonauta flotando en el espacio.

Líneas que acaban. Líneas que prosiguen fuera del texto. Un complejo y meticuloso entramado de líneas que conforman una gran novela.

¿Sabéis lo del cosmonauta soviético?No —dice ella—. ¿Es un chiste?¿Un chiste? Cariño, podría serlo. ¿No es la historia una chistosa hija de la gran puta? —Lo dice con tono afectado, como si citase algo: quizá una frase de una película famosa, una referencia que ella debería captar pero no capta.

 

Hombres en el espacio, de Tom McCarthy. Traducción de José Luis Amores para Editorial Pálido Fuego.

P.S. Residuos es la mejor novela de McCarthy. Es una novela que sencillamente hace que tu cabeza vuele en pedazos. ¿Cómo no recomendar a este gran autor?

 

Más reseñas de Javier Avilés en su blog El lamento de Portnoy

11 Ene

Entrega #7 (año 2006): Elegía (Everyman), Philip Roth

por Javier Avilés

La venganza surgida de cualquier rincón mefítico levantará contra vos tal calumnia que no habrá integridad de conducta o inocencia de corazón que le detenga. La hacienda de vuestra casa se tambaleará, vuestro nombre será hollado. Para montar la última escena de vuestra tragedia, la crueldad y la cobardía, dos rufianes gemelos, pagados y azuzados por la malicia en la sombra, atacarán ala vez y entonces todas vuestras debilidades y errores- todos los tenemos, querido, créeme – se pondrán en evidencia. Créeme Yorick, cuando para satisfacer un apetito personal, se decide que una criatura desvalida e inocente debe ser sacrificada, resulta muy fácil encontrar leños para hacer la hoguera con que inmolarla, en cualquier matorral extraviado.

Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Lawrence Sterne en traducción de López de Letona para Cátedra.

La página en negro que introduce Sterne en su Tristram Shandy para marcar la muerte de Yorick, con un más que evidente paralelismo con el Hamlet de Shakespeare, al que se alude a través del “Alas, poor Yorick”, tiene su reflejo en la portada de la novela de Roth. Si para el escritor estadounidense tiene tanta importancia el color de la portada, como para obligar a todas las ediciones a mantenerla, la relación no puede ser casual. Leer más

13 Dic

Entrega #6, Liquidación de Imre Kertész, 2005

por Javier Avilés

Tengo la sensación que desde que recibió el Premio Nobel hasta su muerte Kertész estuvo escribiendo testamentos literarios que culminaría en La última posada donde, de alguna manera se concluye que los testamentos literarios son imposibles. Hay demasiada realidad y demasiada trivialidad a nuestro alrededor y en el acto de escribir para que sea posible la trascendencia de la escritura. Me atrevo a añadir que hubo demasiado dolor en la vida de Kertész.

Liquidación de Kertész es una obra breve, pero no por ello leve, que redunda en las obsesiones de su autor. La realidad (por así llamarla) es un velo que confunde al principal narrador, Keserú, a la vez personaje de una obra de teatro llamada “Liquidación” encontrada entre el legajo póstumo de un autor desaparecido, B. La acción de la obra de teatro describe puntualmente hechos que ocurren después de la muerte de su autor, de forma que Keserú, que forma parte de la realidad (por así llamarla) y de una obra teatral, (y al mismo tiempo es un personaje de una novela, llamada también Liquidación) se cuestiona su realidad transformando la duda hamletiana: no se tata de ser o no ser, sino más bien de “soy o no soy”. La identificación realidad-obra literaria, está última de carácter premonitorio, conducen a Keserú a una paradoja:

 “no sabía si admirar más la cristalina previsión del autor –su difunto amigo- o su propio y casi compungido afán por identificarse con el papel prescrito y cumplir lo que marcaba la historia”

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08 Dic

Entrega #5, de Alice Munro, 2004

por Javier Avilés

Tentativa de análisis de un relato de Alice Munro.

(Escribo esto en la cocina. He leído (o creo haber leído) en una entrevista, que Munro escribió muchos de sus relatos en la cocina de su casa. No se trata de “una habitación propia” donde aislarse de la cotidianeidad. La cocina es el lugar comunitario por excelencia de todo hogar, un sitio donde puedes ser interrumpido en cualquier momento, la estancia en la que se realizan el mayor número de acciones de un hogar. Me pongo a escribir en la cocina porque quiero sentir cómo Munro es capaz de efectuar un acto de creatividad de manera discontinua, no como tarea principal sino como labor entre labores, entre diferentes instantes de interrelación social. Por supuesto, todo esto me lo imagino, no sé nada sobre Munro y su cocina y, al final, nadie viene a interrumpirme) Leer más

30 Nov

Entrega #4 (año 2003): Elizabeth Costello, de J. M. Coetzee

por Javier Avilés

(Entrega a partir de la reseña de “Hombre lento”, de Coetzee,

novela en la que también aparece el personaje de Elizabeth Costello)

 

Paul Rayment, un fotógrafo de 60 años residente en Australia aunque de origen francés pierde una pierna a causa de un accidente. Coetzee narra con su habitual estilo en presente y con una fluidez envidiable (o como dijo J. M. Guelbenzu en Babelia “Coetzee lo cuenta muy bien por medio de un narrador que escribe como si fuera un notario que está levantando acta del mundo interior del personaje a través de sus actos tanto como de sus pensamientos”) el hundimiento anímico del personaje a causa de su indefensión y como vuelca empáticamente en la mujer que le cuida su gratitud, confundiendo ésta con amor, impelido por el deseo sexual. Este conato de relación amorosa con la cuidadora, Marijana, de origen croata, casada y con tres hijos, resultará desastroso para Paul Rayment que será ajusticiado en una paradójica moraleja final.Este sería a grandes rasgos la historia que J. M. Coetzee cuenta en Hombre lento, sino fuera porque la novela no trata sobre eso. Hombre lento habla de la lucha de un personaje contra su autor reivindicando en cierta manera su derecho como personaje a vivir una vida lejos de la excepcionalidad, a vivir un melodrama trillado de los que se anuncian como “basado en hechos reales”. Leer más

23 Nov

Entrega #3 (año 2002): Mal de Montano, de Enrique Vila-Matas

Detour, una película de Edgar G, Ulmer

por Javier Avilés

Una vez, como de pasada, comenté como podría ser una posible adaptación cinematográfica de El mal de Montano, la novela de E. Vila-Matas. Se iniciaría con una gaviota planeando sobre el mar acompañando el transbordador que lleva a Pico a Rosa, Tongoy y a, llamémosle, Montano. Abusaríamos de la parte narrativa de su estancia en las Azores hasta descubrir los inquietantes túneles que se abren tras una casa en la ladera del volcán de la isla de Pico.

Un pájaro pasaría volando y la vista de los personajes se perdería siguiéndolo.
Ya en Barcelona, el escritor en su mesa, solo, tras la marcha de su mujer con el inefable Tongoy, escucharía el roer de los topos tras la estantería. A partir de ese momento se iniciaría una exploración de los túneles que unen el Eixample de Barcelona con el volcán de las Azores, durante la cual el escritor se topará con los espectros de Walser, Kafka y Lichtenberg, recortados en la oscuridad con la misma iluminación que usó Kiyoshi Kurosawa en Pulse. Debe sintetizarse, con un ambiente que recuerde a Lynch, la enfermedad del protagonista, El mal de Montano, y su decisión de “convertirse en la memoria completa de la historia de la literatura” luchando contra los topos de Pico. Leer más

16 Nov

Entrega #2 (año 2001): Esto no es una novela, de David Markson

por Javier Avilés

Como ya hice en la reseña original quiero dirigir vuestras miradas a este excelente post de Hanna O. Semicz sobre Esto no es una novela de Markson

Sobre todo porque le robo algunas cosas. Como esta lista de cosas que “si el Escritor lo dice” es la obra que está escribiendo (o quiere escribir):

“Una novela” (p. 30)

“Un poema épico” (p. 32)

“Una secuencia de cantos que esperan ser numerados”(p. 35)

“Una especie de mural” (p. 49)

“Una autobiografía” (p. 68) Leer más

09 Nov

Entrega #1 (año 2000): La Casa de Hojas, de Mark Z. Danielewski o la estructura

por Javier Avilés

“Little solace comes

to those who grieve

as thoughts keep drifting

as walls keep shifting

and this great blue world of ours

seems a house of leaves

 moments before the wind”

Poema de Zampanò

De repente se acaba La Casa de Hojas. Y no me puedo quitar de la cabeza la letra de la canción de Neil Young.

Out of the blue and into the black”, repito, como si hubiese una conexión entre la canción de Young y la novela de Danielewski. De la nada y hacia la oscuridad… ¿no es acaso ese el lema de la novela?

Pero, recuerdo, son DOS canciones las que aparecen en Rust Never Sleeps, abriendo y cerrando respectivamente el Lp: “Hey Hey, My My (Into the Black)” y “My My, Hey Hey (Out of the Blue)“. Básicamente la misma canción, dos estilos musicales distintos y ligeras variaciones en las letras.

Podemos adaptar la letra y sus variaciones al texto de Danielewski. Creo que de cualquier cosa puede hacerse una lectura compatible con La Casa de Hojas. Pero, a tenor de lo leído, me pregunto si puede trazarse un paralelismo entre Johnny Truant y Johnny Rotten, el vocalista de Sex Pistols. Cuando el grupo se disolvió, Rotten dijo: “Ever get the feeling you’ve been cheated?” (“¿Nunca tuvieron la sensación de haber sido engañados?”). Y ¿no es esa la misma sensación que tiene Truant (no el lector de Danielewski) respecto a los manuscritos de Zampanò? Entonces Lude (cuyo nombre responde en argot a la denominación de un ansiolítico de uso recreativo) encaja en la ecuación y todo adquiere una nueva perspectiva. Esta es la historia de Johnny Rotten. ¿Es esta la historia de Johnny Rotten? Leer más

02 Nov

Prólogo “¿Qué contamos ahora?”

por Javier Avilés

Cuando Revista Rosita me propuso esta serie de reseñas de novelas les indiqué que en el título no debían figurar de ninguna manera “literatura”, “novela” y “siglo XXI”. Acto seguido me puse a escribir: La literatura del siglo XXI debería ser deudora de aquellos autores… y debería seguir una lista, encabezada por, evidentemente, Joyce y Beckett, y después Woolf, Faulkner, Cortázar, Borges, Burroughs y… dejando aparte que no he sido más que un lector, mi memoria no es tan buena. Para hacer esta serie debo recuperar algunos textos escritos con anterioridad y publicados en el blog El lamento de Portnoy. Pero eso trae otros problemas. Como tradujo Enrique Sordo a Faulkner en Luz de agosto: “La memoria cree antes que el conocimiento recuerde. Cree mucho más tiempo que recuerda, mucho más tiempo del que tarda el conocimiento en preguntarse”. Así, por ejemplo, creo ser un lector, cuando no recuerdo muchas lecturas ni reconozco lo escrito sobre ellas. Esta serie será como bucear en la memoria sin traje de neopreno y sin bombonas de oxígeno. Leer más