17 Nov

Estrip Art, por Geovanna Lasso 

y… ¿la libertad?, por Geovanna Lasso 

Intento estirarme, no puedo… qué es este lugar tan pequeño, que apenas puedo moverme?. No veo nada…todo es viscoso, húmedo, oscuro. Esto empieza a ser insoportable! Sáquenme de una buena vez de aquí!! Sé que afuera se la están pasando bomba!! Lo puedo escuchar!! Los sonidos son muchos, se confunden unos con otros. No entiendo nada, solo sé que afuera pasa mucho y que me lo estoy perdiendo!. Quiero libertad! Libertad? De donde me ha salido esa palabra? Bueno, no lo sé, suena bien. Suena a estar fuera, a saltos, a charcos, a ramas largas y cortas, a hojas de todas las formas, tamaños y colores! a gotas que me mojan, a cantar!, suena a descubrir, a conocer y explorar nuevos lugares, suena a insectos abundantes y diversos. Suena a estar con otros como yo, a cantar juntos, a saltar juntos, a tener un buen lugar donde descansar. Suena a jorga, a juerga, a placer y amor.

Bueno ya! quiero salir ya a ser libre ahí, afuera, donde todo parece mejor. Lucharé por esa libertad, voy a salir! Leer más

10 Nov

Estrip Art, por  Fernando Aizpun

Párpados de neón, Fernando Aizpun

El muñeco fue el primero en cerrar los ojos. No pude escuchar el sonido que hicieron sus párpados rígidos. Siempre lo hacían cuando se cerraban. Era antiguo. Mamá me dijo que le atropelló un coche, pero a Papá nunca le había gustado. Creo que le recordaba a mí. Se llamaba Patton.

– Tiene la mirada hueca – decía él. Entonces Mamá lloraba y yo berreaba, y me tiraba al suelo, que se hundía como cuando me despierto por la noche asustado.

Tampoco oí los párpados de Mamá, cuando cayó por la ventana y el suelo se rompió del todo. Papá me llevó a aquel colegio extraño y cerró los ojos. Todos eran adultos y también tenían los párpados cerrados. Leer más

03 Nov

Estrip Art, por Juan Freile

El lugar del corazón, por Juan Freile

Cogí el cuchillo más filo con mi mano izquierda, que es la que me sirve, y me arranqué la cabeza de un solo tajo. Asenté el cuchillo en la mesita de noche, cuidando de no encharcar el tapete de sangre, y salí.

Llevaba mi cabeza apoyada en un costado, como solía llevar el balón cuando bajaba a la cancha a jugar con mis primos, pero luego la guardé en una funda porque empezaron a quemarme los ojos por el sol. De dónde habré sacado la funda, no sé y tampoco importa.

Me eché la funda al hombro izquierdo, que es el que me sirve, y seguí andando. Caminaba como tonto porque a través de la funda todo se veía borroso. Y encima, el plástico me hacía sudar la frente, y el sudor se me metía en los ojos, y los ojos me ardían, y tenía que parpadear un montón. Leer más

27 Oct

Estrip Art, por Elsa Plaza

El grifito de Totchi

Al dar vuelta la esquina recién se atrevió a mirar hacia atrás. A pesar del gorro, con el que había ocultado la válvula que  tenía colocada en la cabeza, sabía que su cara era inolvidable. Refugiarse en la clínica Dermoestética, de la calle Muntaner, era la primera parte de su plan de fuga. ¿En qué mal momento de su agitada vida se le había ocurrido coserse los labios con hilo de zapatero y pedirle a su amigo, el tatuador  oficial del talego, que le inyectara tinta verde  bajo la piel de los pómulos? Un proceso de absorción, inducido por  oxidación de compuestos orgánicos, coincidiendo con el aire mefítico de la cárcel, hizo que el hilo de zapatero se absorbiera, y así quedó para siempre, su  cara como  zapatilla de deporte.  Aquellos eran otros valores, y Totchi (como le llamaban sus coleguis) era el más punk de todos los punks de la Modelo. Decía que él había tocado en Londres con los  X Ray Spex ,y que Marianne Elliot- Said, en persona, la reina del punk de finales de los 70, le había hecho los dos peircings en los pezones, a los que había traspasado un grueso aro de plata. Buenos días aquellos en los que aún, en Semana Santa, lo dejaban hacer de Cristo en la capilla de la prisión, y los coleguis le pasaban la cuerda por los aros de plata y lo izaban a la cruz. ¡Ah, el buen y auténtico  bondage! Totchi sabía como hacerse respetar,  nadie se atrevió nunca  a quitarle nada, ni siquiera las cajas con chinches y pulgas que guardaba celosamente. Eran un arma eficaz contra el guardia odiado, en un descuido se las echaba dentro del uniforme. Leer más

20 Oct

Estrip Art, por Alba Vallhonrat

¡Tan tranquilo que estaba yo colgado en la puerta del váter…! Era testigo de las batallas etílicas de cientos de borrachos que cada fin de semana vaciaban sus excesos en aquel bar que tan de moda estuvo. Mi ojo y mi monóculo monitoreaban las noches más sórdidas, las confesiones más amargas y las risas más hirientes. Pero también apasionados encuentros de cuerpos, pieles y fluidos, dulces e ingenuas declaraciones de amor eterno y alguna que otra píldora solidaria. Maquinaciones políticas, amorosas y enemistosas, y bullying empresarial envuelto en un halo de aromas de toda índole. Ahí estaba yo, indicador de género binario, marcando territorio masculino y espiando la parte contraria. Leer más

13 Oct

Estrip Art, por Esmeralda Berbel

La Casa de Luis, Esmeralda Berbel

Capítulo extraído de la novela: Detrás y delante de los puentes, Editorial Comba

Era la penumbra lo que me molestaba al entrar. Ese pasillo sin luz y él, al fondo, sin acercarse cuando yo entraba. Me esperaba ahí como una sombra delgada, con sus pantalones de pana gruesa y una camisa azul, vestía siempre parecido, los mocasines   granates y lustrados. Su casa estaba llegando al final de la calle Ricart, creo que era la segunda o tercera portería. Venía poco al bar, compraba Mirindas y  paquetes de tabaco, hablaba algo con mi padre y me miraba. A mi padre siempre le han impresionado las personas que saben mucho de números, también los médicos y los abogados. Éste no había hecho ninguna carrera pero sabía de matemáticas, y a mí esa asignatura se me daba mal mal. Era mi padre el que se encargaba de buscar a alguien del barrio. Mañana irás, es aquí al lado. Y me entregaba un papelito donde estaba anotado el nombre, la calle, el número y el piso. Esperaba a que yo leyera la nota, dijera que sí, y me decía, es diabético, el pobre. No me preguntaba nada, irás a hacer algunas clases con este chico hasta que te aclares, parece buena persona ¿verdad? decía y sin esperar respuesta  añadía, y sabe mucho. Leer más

06 Oct

Estrip Art, por Xavier Valles

 Un día en la vida de un demonio, por Xavier Valles

 

– Oh, no. Dios mío. ¡Mi mejor vestido!

La mujer contemplaba la prenda negra con un enorme lamparón grisáceo en medio.

–¡Luis, tú y tu maldita lavadora!

–¡Qué dices, no he puesto ninguna!

Nemrot, sentado en el alféizar de la ventana, enroscaba cuidadosamente el tapón de la botella de lejía. Después, no sin cierta aprensión, la introdujo en su mochila al lado del botellín de agua mineral y el bocadillo de sapo. Deberíamos tratar con más cuidado las sustancias peligrosas, pensaba cuando sonó el móvil de la oficina. Leer más

29 Sep

Estrip Art, per Uriol Gilibets

Pocs diners i moltes penes, Uriol Gilibets

Pocs diners i moltes penes. Ah! I més familiars que una conillera en època de bonança. Així era la família Rodríguez. Penúries, misèries, mancances, pobresa, necessitats… Dickens s’haguera posat a plorar coneixent la meitat de les desventures d’aquells pobres desgraciats acostumats a viure de cara al fang. Dia de festa grossa era el jorn que arreplegaven alguna fruita rosegada per les rates o, directament, el jorn que trobaven la rata i la podien fer girar tot rostint-la a l’ast. Els seus veïns alguna vegada els havien vist beure’s la seva pròpia orina. Continuaven narrant el seu testimoni dient que no feien pas mala cara, ans al contrari, el més vell de tot sempre demanava per repetir mentre s’escurava el regalim groguenc que besava per la comissura dels llavis amb la llengua.

Sí, aquesta podria ser la família Rodríguez, però no ho és. És el retrat de la família Batlló, podrida de diners, d’enveja i d’electrodomèstics intel·ligents. El temps ens posa a tots la mateixa cara i per molt lluny que ens quedi, els camins cap a la desgràcia són inescrutables.

22 Sep

Estrip Art, per Joan Mayol

 

D’interessant presència, per Joan Mayol

Ja era la tercera vegada que passava pel davant. Tenint en compte que això ho havia fet en l’últim quart d’hora, era evident que la coïssor d’aquell neguit intern em tenia ben entestat.

La porta metàl·lica -de color verd fosc-, estava delimitada per un marc de ciment de no gaire bona factura, envellit pel pas del temps. Les dues fulles que la formaven tenien amplades diferents i estaven muntades sobre unes frontisses rovellades per la humitat que pujava del subsol. Un pany i un cadenat solidari s’encarregaven de mantenir aquell temple arrecerat de possibles malfactors. I aquella imatge. Encara no us n’he parlat? Aquella imatge, que algú anònim havia pintat a la porta, em tenia el cor robat. Fins i tot podria dir-vos que m’havia xuclat l’esperit, talment que gairebé no la podia deixar de mirar. Els meus ulls anaven recorrent els diferents perfils del rostre d’aquella noia, aturant-se breus moments en els seus llavis molsuts, en la lluentor dels seus pòmuls, en les diferents línies que vorejaven la seva mirada perduda en l’horitzó i en el seu pensament, que jo interpretava com a absent. Leer más

15 Sep

Estrip Art, per Alicia Marsans

per Alicia Marsans

(Estación de tren de Camallera, foto de Viki Tumeu)

Vivimos un momento con un tal exceso de imágenes que se nos pasan por delante maravillas y ya no las sabemos mirar, quien mira es la cámara en la que guardamos la imagen que nunca tenemos el momento de mirar o remirar, y cuando se mira; al contrario de lo que uno se espera, la vemos al doble del tamaño de un sello, eso es todo, le ponemos un corazón, después de un segundo de observarla, como mucho y fuera, a otra imagen, todo bien rápido, pero claro también nos perdemos lo que yo llamaría mirar, contemplar. Lo mismo pasa con la música, que la cantidad de música a la que accedemos es enorme, pero la calidad pésima, cada vez nos conformamos con menos y todo a una rapidez inaudita, eso sí. Leer más