17 Feb

Estrip art

 

Consejos para aficionados en el día de San Valentín[1]

por Antonieta Oliver-Rotger

Cuando mires hacia el campo, no veas problemas, ve oportunidades. No pienses en las calles estrechas, en el grosor del césped, en la inclinación del terreno, en si es blando o duro. En el circuito puedes esperar cualquier cosa. Ante un hoyo difícil, o un puñado de ellos, no te vengas abajo. Lo peor es ponerse a la defensiva.

Cuando llegues a la valla, no veas problemas, ve oportunidades. No pienses en los agujeros estrechos, en el grosor del alambre, en la altura de la valla, en si te verán o no los agentes. Una vez en la valla puedes esperar cualquier cosa. Ante la malla anti-trepa, no te vengas abajo. Lo peor es ponerse a la defensiva.

Los aficionados fallan porque en lugar de ser agresivos optan por asegurar. Están pensando en evitar el doble bogey antes incluso de pinchar el tee en el suelo. La mayoría intenta guiar la bola en el swing y acaba por dar un golpe corto, que es precisamente lo que querían evitar. Si no vas a pegar un drive decente, por lo menos intenta que la bola acabe cerca de la bandera.  Mi consejo es que cojas el driver, pienses en el mejor drive de tu vida y la hagas volar.

Los aficionados fallan porque en lugar de ser agresivos optan por asegurar. Están pensando en no caerse antes incluso de poner los tornillos y los garfios en los agujeros. La mayoría intenta encajarlos todos y acaba por perder el equilibrio, que es precisamente lo que querían evitar. Si no vas a poder enganchar todos los palos, por lo menos mantente en pie hasta llegar arriba. Mi consejo es que te calces las zapatillas, agarres los garfios, pienses en la mejor escalada de tu vida y estés listo para saltar.

[1]  Inspirat en el documental Tarajal i en un relat de Luis Humberto Crosthwaite.

03 Feb

Estrip art

El vuelo de la pantera carmesí

por Jesús Sales

 El camino del samurai se encuentra en la muerte

Toni visualizó, degustándola, la primera prescripción del bushido –no tengo cuerpo, la fuerza es mi cuerpo– mientras esperaba su turno de caja en la espaciosa oficina Central del Banco de Santander, del Paseo de Gracia en Barcelona. De pronto -en un repente surreal- una escena inesperada, brutal, rompió la apacibilidad del espacio ceremonial: cuatro hombres armados y embozados irrumpieron por la puerta de entrada y, entre griteríos expeditivos, obligaron a todos los presentes a tirarse es tirarse sobre el piso. Todo en un flash, en un pronto de arrebato demencial.

Como todos, Toni -la joven dama bushi– sintió sobre su rostro la frialdad del suelo, y concentró automáticamente su cuerpo en un estado de inmóvil detención: no tengo espada, el reposo de mi espíritu es mi espada. A su lado, muy cerca, una mujer mayor sollozaba temblorosa: sus ojos expresaban pánico desconcierto. Sintió la agitación de otras personas, mientras la ferocidad chillona de los atracadores profanaba obscenamente el espacio, el tiempo, la intimidad de las almas. Un sabor agrio, hiriente, definía esa situación enloquecedora. Toni se inspiró -inspiró sobre sí- el leve estado matérico del pneuma: esa justa proporción de aire y fuego que es propia del alma. Percibió -para sí- que su ser se invisibilizaba, que su cuerpo era sólo respiración, un látido lentísimo, apagado, un tacto intacto de silencio: no tengo principios: mis principios son la adaptación a todas las cosas.

Dos, tres, cuatro detonaciones hoscas, ominosas, fragmentaron la realidad. Un aullido de dolor estremecedor agitó todos los corazones. Olor a pólvora, a sangre, a un miedo que envolvía todos los cuerpos. La mujer miraba a Toni y en sus ojos el cuadro de la muerte anunciaba la demencia. Una espera sin esperanza. Un estado de caos. Nada que hacer: no tengo proyectos: mis proyectos son la ocasión. Toni, entonces, visualizó una de las siete virtudes del Bushido, Yu, el coraje: ‘La dama bushi debe tener un valor heroico, arriesgado. Debe ser peligrosa, sin dejar de ser precavida. Ha de vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El miedo no existe, cuando se está preparado para la muerte. El coraje heroico no es ciego ni jactancioso. Es inteligente y fuerte. Invisible y veloz…’

‘-Inspiro, expiro, -me suspendo en un soplo, -en un suspiro’ -vibraba la pneumática Toni-… No tengo enemigos: mis enemigos son la imprudencia. Sólo había que ralentizar el tiempo, inundar el propio cuerpo de una velocidad vertiginosa y actuar de una forma fulminante, inesperada, rotunda. Aparecer, alzarse entre las hojas y aprovechar al vuelo la ocasión (Hagakure -el tratado sobre el bushido escrito en 1716- significa literalmente “oculto en las hojas”).

La dama bushi cerró los párpados -oscuridad, tiniebla donde se oculta la luz-, centró sus fuerzas corporizándose en una imponente pantera magenta con manchas oscuras -ella lo denominaba ‘rojo carmesí con manchas de vino’- y su cuerpo comenzó a tensarse -una luz dentro de su ser gruñía: No tengo ni vida ni muerte: lo eterno son mi vida y mi muerte-. Se apoyó, en un espasmo, sobre sus miembros acolchados, sintiendo la dura elasticidad de sus músculos, y se elevó al espacio ‘exterior’ como un relámpago, propulsada por la eyección brusca de sus cuatro miembros, – elegante, alucinética, feliníssima-. Desde el cielo de su corazón adivinó, mirífica y terrible, la presencia de los cuatro atracadores ralentizados… y zasssssssss 

 

13 Ene

Estrip art

 

por Patricia Soler

Mirada. Soledad. Silencio. Contemplar. Hombre mujer animal o extraterrestre. Eterna espera. Un bar en cualquier galaxia de Star Trek . Pijama rojo incoloro,

y el Capitán Kirk al otro lado de la barra.

Camino del curro y me encuentro ésta puerta al universo, dentro del gris urbano de todos los días. ¡Ayer no estabas!, le digo.

Estoy por sacar la cabeza dentro de ese agujero negro de pupila esprayada, me digo.

¿Capitán Kirk?, le dice. Silencio.

Oye, ¿no me digas que te has enamorado?, le digo.

Vaya mierda, pienso, con ese cabezón y sin labios…

A mis pies, Chuc, el perro rata de la vecina, se ha quedado mudo: te contempla con esos ojitos terráqueos de amor pásiempre. ¡No me jodas!, le digo.

¡Vaya mañanita!

Cupido es un cerdo.

 

16 Dic

Estrip art

Candela

per Pilar Fernàndez

(L’acció transcorre en un bar-bodega portuari. És un entorn esquerdat, fosc, vell, marginal, polsós, amb solera. L’HOME i el NOI són asseguts a la barra en tamborets alts. Al davant hi tenen algunes ampolles de cervesa, buides, i a la mà una de plena. L’energia del jove contrasta amb l’aparent apatia del més gran.)

NOI: I tu què li vas dir?

HOME: Què volies que li digués? (Petita pausa) La veritat. Leer más

09 Dic

Estrip art

 

Rosario, dinamitera

rosita-dinamitera

Avui un Estrip Art una mica especial, amb un poema de Miguel Hernandez

Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.

 

 

 

02 Dic

Estrip art

Despedida

por Mònica Artigas

rosa-llavis

Ha llegado a casa con una malla de naranjas en una mano y una bolsa con dos sopas de sobre y el cartón de leche en la otra. Renegando. Maldiciendo su suerte. Sobre todo a Mauricio, vaya jodido, vaya bronca la de hoy. Con lo que ella hizo por él cuando sin hablar español montó el colmado mísero que ahora defiende como si le fuera la vida por los cien euros que le debe. Mauricio se cambió el nombre, ya me dirás tú, porque Naser no le gustaba. Ella le reía, le reía las gracias, sus esfuerzos por hablar, los rezos a media tarde, le reía todo. Claro que entonces ella era lo que era y todavía podía ir por el mundo repartiendo, siendo solidaria, qué buena eres María, qué maja. Se lo había ganado, eran muchos años de trabajo. Una diva en el barrio, eso es lo que era. Una señora, qué narices.

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25 Nov

Estrip art

Todo incluido

por Santiago Roncagliolo

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Antonio dijo que no usaría el teléfono. Me lo prometió. Me lo juró.

Es lo único que le pedí. Después de treinta años de matrimonio: “por favor, querido, es nuestro viaje de aniversario. No hables por teléfono.”

¿Qué falta le hacía? Estaríamos en Cancún, todo incluido: sol, playa, bebidas, comida. Todo con solo mostrar una pulserita. ¿Con quién tenía que hablar? Leer más