24 Mar

Estrip art

 

I nedo…

Fidel, El Poeta Roig

 

I nedo, nedo, nedo, nedo.

Nedo alliberat de basardes

cap a la boia on els versos em llepen el coll.

Cap a l’illa dels crepuscles o dels mots desperts.

Nedo per sortir de mi mateix,

per fer-me preguntes tan obertes

com aquests braços oberts, com abraçades

que troben aixopluc entre multitud de mans

que anhelen llums públiques,

que soterren els fracassos de la intimitat.

Per anar lluny o enlloc.., per fugir, nedo…

Obro cos, m’obro, obro als altres.

I nedo, nedo, nedo, nedo…

17 Mar

Estrip art

 

Secretos diminutos, por Rubén Pérez

Carlos conoció a Carla un sábado de madrugada en un after, a esas horas en las que uno ya no espera gran cosa y se conforma con lo que venga. Quizá por eso se enamoró inmediatamente de ella, ya que en su excitado estado de drogas y alcohol, que aquella preciosidad le sostuviera la mirada y además le sonriera de forma insinuante era sin lugar a dudas mucho más de lo que él podía esperar. Cuando apenas unas horas después se dio cuenta de que estaban juntos en su cama, Carlos se sentía como el tío más afortunado del mundo. Se magrearon un buen rato, aunque Carla en todo momento le negó a Carlos que le tocara el coño. Justo cuando Carlos estaba a punto de preguntarle si pasaba algo, Carla le pidió que le follara el culo. Carlos, poco acostumbrado a que le ofreciesen semejante regalo, no tardó ni un segundo en montarla. Apenas tres minutos después ya se había corrido, pero aquello no pareció importarle a Carla. Y sin preguntarle si le importaba, Carlos se quedó dormido. Por la mañana Carla le despertó con el desayuno en la cama y una sonrisa y Carlos, aun con resaca, pensó que la vida era a veces realmente buena. En un impasse, mientras ella se arrellanaba a su lado y le untaba mermelada a una tostada, Carlos acercó su mano a la entrepierna de Carla lascivamente, pero apenas entró en contacto con el breve tanga, tuvo que retirar la mano horrorizado. Carla le sonrió como si no hubiera pasado nada y Carlos no supo muy bien cómo ni qué decirle, pese a que estaba seguro de que Carla era un hombre. Cuando ella le pregunto con naturalidad si quería más café, Carlos pensó que todo aquello era una locura y se levantó de la cama sumamente confuso. Pretextando de manera poco convincente una cita ineludible, Carlos se vistió apresuradamente. Ya en la puerta Carla le metió en el bolsillo una tarjeta con su teléfono con el ruego de que la llamara. Carlos asintió a toda prisa, mientras ya abría la puerta, angustiado por la posibilidad de que Carla intentara besarle. Al llegar a la calle arrugó la tarjeta y la tiró al suelo. Después siguió adelante unos metros, pero pensó que si ella salía por cualquier cosa y encontraba en la puerta de su casa la tarjeta arrugada quizás se sintiera mal y sin saber muy bien por qué desandó el camino hecho, recogió la tarjeta y la tiró unos metros mas allá, dentro de un container. Leer más

03 Mar

Estrip art

 

Vera Sanahuja

A vegades el buf d’un vent llunyà

s’alça arravatat i arma contra mi

el ventre efervescent d’una ona negra.

Llavors la casa es fon, el món s’aboca

i la nit sencera és un got de vi

que es va buidant damunt les estovalles.

Saps, tot allò que vaig voler escriure,

les hores tossudes

esmollant paraules,

la precisió, l’exercici, el pols

del ganivet que degolla magranes;

tot allò, m’ho portava aquell mar bàrbar.

Ara, seu. Amolla un coixí, escolta’m:

cap ànsia m’esperona, se me’n fot

quan, i més ben igual si avui o demà;

però, si puc triar, he d’escollir

per als versos aquesta llengua teva.

No pateixis, tot lliscarà suau,

pacífic, estèril, tal com fins ara.

Quan arribin els duré lluny de tu,

vindran aquí només quan no hi siguis,

no et sabran el gest, no distingiran

la teva olor, mai t’hauran vist desar

els llibres entre la pols dels prestatges.

No parlaran de tu perquè per ells

no tindràs nom. I al pronunciar l’amor,

diran figuera, gos, guineu, amarres.

Tot anirà així, entre mitges tintes.

Per no dir res, no diran ni els teus ulls.

En quant als ulls -perdona que hi insisteixi-,

entendràs que, en el seu lloc, escrigui

que alguna volta

vaig sentir caure

alguna cosa

fins ben al fons

d’un mar molt fosc?

 

24 Feb

Estrip art

 

per Jordi Puig 

Enteneu-me, jo no volia fer-ho.  Vaig intentar cometre el robatori, ho admeto, però això fou perquè en tot moment estava sota el seu influx.  Va ser ella, qui em va convèncer.  Va ser ella qui, amb argúcies sibil·lines, ara ho veig, em va dir que no passaria res, que un cop esberlat el vidre de la sucursal bancària tot seria bufar i fer ampolles.  L’alarma estava desconnectada, així que només podíem patir per si algun ciutadà despistat passava per allí en aquelles hores de la matinada i trucava a la policia, i això era molt poc probable.  A l’hora d’escometre un treball com aquest, mires de tenir presents tots els factors de l’operatiu, fins i tot els que escapen al teu control (esclar que per això es diuen incontrolables, no?) i et creus preparat per a qualsevol cosa.  Menys quan ella, traient-se el fulard que li cobria mitja cara, va escollir aquell moment, qui sap si per l’adrenalina que l’envaïa, qui sap si per castigar-me pels meus errors del passat, per dir-me que jo no era el pare.  Ho vaig deixar estar tot, naturalment.  Així, quan van arribar els guripes, ella ja feia estona que havia fugit i a mi em van trobar repenjat al mur del carrer, derrotat i xop d’impotència, sota aquella pintada on l’havia besada per primer cop.

17 Feb

Estrip art

 

Consejos para aficionados en el día de San Valentín[1]

por Antonieta Oliver-Rotger

Cuando mires hacia el campo, no veas problemas, ve oportunidades. No pienses en las calles estrechas, en el grosor del césped, en la inclinación del terreno, en si es blando o duro. En el circuito puedes esperar cualquier cosa. Ante un hoyo difícil, o un puñado de ellos, no te vengas abajo. Lo peor es ponerse a la defensiva.

Cuando llegues a la valla, no veas problemas, ve oportunidades. No pienses en los agujeros estrechos, en el grosor del alambre, en la altura de la valla, en si te verán o no los agentes. Una vez en la valla puedes esperar cualquier cosa. Ante la malla anti-trepa, no te vengas abajo. Lo peor es ponerse a la defensiva.

Los aficionados fallan porque en lugar de ser agresivos optan por asegurar. Están pensando en evitar el doble bogey antes incluso de pinchar el tee en el suelo. La mayoría intenta guiar la bola en el swing y acaba por dar un golpe corto, que es precisamente lo que querían evitar. Si no vas a pegar un drive decente, por lo menos intenta que la bola acabe cerca de la bandera.  Mi consejo es que cojas el driver, pienses en el mejor drive de tu vida y la hagas volar.

Los aficionados fallan porque en lugar de ser agresivos optan por asegurar. Están pensando en no caerse antes incluso de poner los tornillos y los garfios en los agujeros. La mayoría intenta encajarlos todos y acaba por perder el equilibrio, que es precisamente lo que querían evitar. Si no vas a poder enganchar todos los palos, por lo menos mantente en pie hasta llegar arriba. Mi consejo es que te calces las zapatillas, agarres los garfios, pienses en la mejor escalada de tu vida y estés listo para saltar.

[1]  Inspirat en el documental Tarajal i en un relat de Luis Humberto Crosthwaite.

03 Feb

Estrip art

El vuelo de la pantera carmesí

por Jesús Sales

 El camino del samurai se encuentra en la muerte

Toni visualizó, degustándola, la primera prescripción del bushido –no tengo cuerpo, la fuerza es mi cuerpo– mientras esperaba su turno de caja en la espaciosa oficina Central del Banco de Santander, del Paseo de Gracia en Barcelona. De pronto -en un repente surreal- una escena inesperada, brutal, rompió la apacibilidad del espacio ceremonial: cuatro hombres armados y embozados irrumpieron por la puerta de entrada y, entre griteríos expeditivos, obligaron a todos los presentes a tirarse es tirarse sobre el piso. Todo en un flash, en un pronto de arrebato demencial.

Como todos, Toni -la joven dama bushi– sintió sobre su rostro la frialdad del suelo, y concentró automáticamente su cuerpo en un estado de inmóvil detención: no tengo espada, el reposo de mi espíritu es mi espada. A su lado, muy cerca, una mujer mayor sollozaba temblorosa: sus ojos expresaban pánico desconcierto. Sintió la agitación de otras personas, mientras la ferocidad chillona de los atracadores profanaba obscenamente el espacio, el tiempo, la intimidad de las almas. Un sabor agrio, hiriente, definía esa situación enloquecedora. Toni se inspiró -inspiró sobre sí- el leve estado matérico del pneuma: esa justa proporción de aire y fuego que es propia del alma. Percibió -para sí- que su ser se invisibilizaba, que su cuerpo era sólo respiración, un látido lentísimo, apagado, un tacto intacto de silencio: no tengo principios: mis principios son la adaptación a todas las cosas.

Dos, tres, cuatro detonaciones hoscas, ominosas, fragmentaron la realidad. Un aullido de dolor estremecedor agitó todos los corazones. Olor a pólvora, a sangre, a un miedo que envolvía todos los cuerpos. La mujer miraba a Toni y en sus ojos el cuadro de la muerte anunciaba la demencia. Una espera sin esperanza. Un estado de caos. Nada que hacer: no tengo proyectos: mis proyectos son la ocasión. Toni, entonces, visualizó una de las siete virtudes del Bushido, Yu, el coraje: ‘La dama bushi debe tener un valor heroico, arriesgado. Debe ser peligrosa, sin dejar de ser precavida. Ha de vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El miedo no existe, cuando se está preparado para la muerte. El coraje heroico no es ciego ni jactancioso. Es inteligente y fuerte. Invisible y veloz…’

‘-Inspiro, expiro, -me suspendo en un soplo, -en un suspiro’ -vibraba la pneumática Toni-… No tengo enemigos: mis enemigos son la imprudencia. Sólo había que ralentizar el tiempo, inundar el propio cuerpo de una velocidad vertiginosa y actuar de una forma fulminante, inesperada, rotunda. Aparecer, alzarse entre las hojas y aprovechar al vuelo la ocasión (Hagakure -el tratado sobre el bushido escrito en 1716- significa literalmente “oculto en las hojas”).

La dama bushi cerró los párpados -oscuridad, tiniebla donde se oculta la luz-, centró sus fuerzas corporizándose en una imponente pantera magenta con manchas oscuras -ella lo denominaba ‘rojo carmesí con manchas de vino’- y su cuerpo comenzó a tensarse -una luz dentro de su ser gruñía: No tengo ni vida ni muerte: lo eterno son mi vida y mi muerte-. Se apoyó, en un espasmo, sobre sus miembros acolchados, sintiendo la dura elasticidad de sus músculos, y se elevó al espacio ‘exterior’ como un relámpago, propulsada por la eyección brusca de sus cuatro miembros, – elegante, alucinética, feliníssima-. Desde el cielo de su corazón adivinó, mirífica y terrible, la presencia de los cuatro atracadores ralentizados… y zasssssssss 

 

13 Ene

Estrip art

 

por Patricia Soler

Mirada. Soledad. Silencio. Contemplar. Hombre mujer animal o extraterrestre. Eterna espera. Un bar en cualquier galaxia de Star Trek . Pijama rojo incoloro,

y el Capitán Kirk al otro lado de la barra.

Camino del curro y me encuentro ésta puerta al universo, dentro del gris urbano de todos los días. ¡Ayer no estabas!, le digo.

Estoy por sacar la cabeza dentro de ese agujero negro de pupila esprayada, me digo.

¿Capitán Kirk?, le dice. Silencio.

Oye, ¿no me digas que te has enamorado?, le digo.

Vaya mierda, pienso, con ese cabezón y sin labios…

A mis pies, Chuc, el perro rata de la vecina, se ha quedado mudo: te contempla con esos ojitos terráqueos de amor pásiempre. ¡No me jodas!, le digo.

¡Vaya mañanita!

Cupido es un cerdo.