10 Oct

El pollo

por Jean Murdock  @CgAjeanmurdock

La pechuga de pollo viene de Porespán, concretamente en bandejas. Porespán es un país blanco y con plástico por encima, pero eso es porque siempre nieva y hay que taparlo. Como lo tapan cuando ya ha nevado un poco, se le queda el fondo blanco, pero con el plástico no entra más nieve. Desde que empieza a nevar hasta que se pone el plástico, es cuando se ponen las pechugas, todas las que quepan. Las que sobran, se rebozan para que no se apechuguen mucho. Si una pechuga se apechuga demasiado, le salen alas y patas y echa volar, pero sin pico, para huir en silencio. A partir de ahí, es una pechuga perdida. Cuando esto pasa, se mete en Porespán cualquier cosa: estofado de Amália Rodrigues, comida casera o sin gaseosa, pastel muy bonito de atún y todas esas cosas que ya sabes. Pero la pechuga que voló, esa ya no la encuentras.

El pollo no se detiene en la pechuga; del pollo se aprovecha todo. Céline dio a Bardamu un pollo que lo seguía a todas partes como un perro y temía el mediodía como él, porque es la hora en que todo puede arder. Un día de aburrimiento mortal, Bardamu se lo comió. Del pollo se saca la esencia misma del pollo. Cuando Franny, deprimida y orante, se niega a tomar la sopa de Bessie Glass, Zooey le espeta que no reconocería a un santón aunque lo viera, dado que es incapaz de reconocer una taza de caldo de pollo consagrado cuando lo tiene delante de la cara. Y es que el carácter sagrado del pollo pone la carne de gallina, pero solo lo ve el que está en la cresta de la olla. Y de pollo a gallo y tiro porque me toca, Willie Dixon lo escribió y Howlin’ Wolf lo cantó: If you see my little red rooster, please drive him home.

 

 

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