04 Nov

Bolas de demolición contra el sistema

por Carolina Montoto

Soy la doctora M., especialista en medicina familiar y comunitaria, y debo decir que en estos momentos me encuentro subida a una grúa enorme con el preceptivo casco de seguridad, esperando que no me vea ningún colega o paciente del hospital. O mi credibilidad se irá a pique.

¿Cómo he llegado hasta aquí arriba y qué hago ahora manipulando los mandos de una bola de demolición?

En la calle, la gente me aplaude y yo hago avanzar la máquina hacia el primer punto negro acordado en la lista: la Bolsa. Abro el camino a otras grúas y a los compañeros que nos acompañan con los picos y gritan lemas exaltados. Hasta que nos topamos con ellos: la policía, cómo no. Armarios impasibles que se colocan en nuestra vía y nos obligan a detenernos. Mi grúa chirría al frenar, como un caballo que aún no tiene suficiente marcha, pero al final consigo parar sin atropellar a ningún policía.

¿No nos habían asegurado que los antidisturbios estarían ocupados custodiando la final de la Champion entre el Barça y el Real Madrid en un Camp Nou amenazado por los yihadistas?

Llevábamos unos meses preparando la acción. Exactamente desde el día que le conté inocentemente a unas compañeras un sueño que había tenido sin pensar en que me tomarían tan en serio. Es lo que tiene ser una doctora de cincuenta años que lleva melena recta y viste pantalones de pinzas. En este sueño, yo recaudaba dinero para alquilar unos bulldozers y demoler la Bolsa, el Corte Inglés, la torres Mordor de la Caixa y algunos edificios de Núñez y Navarro. Pero ellas pensaron que lo estaba diciendo en serio y, sin casi darme cuenta, de pronto me vi convertida en líder de la acción.

La identificación, pide la policía a todas las manifestantes. Yo ya he logrado bajarme de la grúa con la intención de escabullirme cuando me encuentro de frente a un armario impasible. La hemos fastidiado, pienso. Pero, para mi sorpresa, el policía me hace un gesto para que pase al tiempo que me dice:

―Vaya con cuidado que aquí hay mucho elemento subversivo.

Me indigno y le replicó: Son mis compañeras, mientras me siento una Mariana llevando la bandera del anticapitalismo. El armario impasible me mira por sorna y contesta: “Circule, señora, circule, que aquí tenemos mucho trabajo y no estamos para bromas.”

PD:  Para más sugerencias acerca de todos los sitios que se deberían demoler, diríjase a la revista Rosita.

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