09 May

Mi aniversario sin mí

por Xavi Ballester

No se lo reprocho, de verdad que no.

A mí, en su lugar, me hubiese ocurrido lo mismo. El tiempo, dicen, lo cura todo, y de lo mío hace ya tantos años, demasiados, que incluso en ocasiones a mí me cuesta acordarme cómo vine a parar aquí, cómo fue exactamente. Me refiero a los detalles, cosas como el relieve de las baldosas, el color del coche, el nombre de la calle, si aún llovía, el ruido de las ramas de los árboles al viento…Mis compañeros me insisten que ya no tiene sentido preguntarse nada; esto, me dicen, también te lo enseñará el tiempo. Pero para mí, los detalles lo son todo, sin detalles no hay verdad. Cuando vienen a verme, ellos tampoco lo comentan, a lo mejor también lo han olvidado o sencillamente, después de tantos años, para ellos, ahí fuera, no tiene ningún sentido repasar cada momento, recrearse en cada detalle. Pasó y ya está, sin ningún significado ni razón ocultos.

No se lo reprocho, de verdad. De verdad que no.

Desde el primer día, el trato era seguir cada uno con su vida. Los dos lo teníamos muy claro, aunque reconozco que me había acostumbrado a sus visitas, a ver cómo crecían los niños año tras año y cómo la belleza de Elisa se volvía más serena. Nunca habían fallado, cada aniversario, puntuales a la misma hora, las ocho de la mañana, antes de que Elisa dejara a los chavales en el colegio y, de esta manera, poder disponer de más intimidad porque la verdad es que por la tarde viene más gente y no estamos tan tranquilos. Los cuatro juntos de nuevo, charlando de aquello y de lo otro… Sí, ya sé que  Elisa cada vez está más callada y los niños más tímidos, pero es normal, todos pasamos épocas mejores y peores.

No se lo reprocho, de verdad. De verdad que no, de verdad.

Hoy está lloviendo a cántaros, el viento arrecia y a Elisa siempre le ha dado miedo conducir sobre mojado. En todo el día no ha venido nadie, ninguno de nosotros ha recibido visita. Al menos desde donde yo estoy no he visto a nadie por los pasillos inundados de agua.

Aquí ya nadie reprocha nada a nadie.

Mañana. Quizás mañana…Sí, seguro que sí, seguro que mañana vendrán. No será lo mismo porque el aniversario es hoy, pero no importa, estaremos los cuatro juntos otra vez, eso es lo importante. Mañana ya no lloverá, seguro que Jara, la pequeña no tan pequeña, traerá su escobilla para barrer las hojas y después Elisa me pondrá geranios frescos. Sí, mañana…

Ahora será mejor que cierre los ojos. ¿Qué color tenía la oscuridad? En el cementerio no hay nadie. Sólo nosotros, los muertos.

 

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