25 Abr

Prólogo “Aperformando la ciudad”

por Sebastià Jovani @Sebastia_Jovani

¿Es posible vivir la experiencia urbana como algo más que meros espectadores, figurantes de relleno o amaestrada mano de obra / consumo? ¿Quizás esta sensación de extrañamiento, de desafección respecto a la(s) ciudad(es) que presumiblemente habitamos y que nos atraviesa como el enjambre de furiosas monedas del poema de Lorca es el resultado de toparse con la desastrosa evidencia de que en realidad no hay nada ahí fuera? O quizás sí haya algo, pero un algo sin espesor, translúcido: una mera representación, los rieles de una cadena de montaje, las líneas maestras de una novela que no nos incumbe, los destellos fulgurantes de una Smart City que nos toma por idiotas… E incluso puede que tampoco haya un afuera; que ese afuera haya que hacerlo, producirlo. Agujerear la realidad, como dice Santiago López-Petit. Percutir sobre la membrana del espectáculo hasta quebrar la pulcra nadería de sus simulacros o cortocircuitar el torrente tumefacto de sus códigos, sus normativas, sus modalidades de represión.

Aperformando la ciudad propone una sucesión de martillazos (si bien serían quizás martillos pequeños y afilados, los de un tallador de lentes como Spinoza) a las diversas capas de trampantojo y narcosis que ciertas hegemonías han levantado a nuestro alrededor bajo el pseudónimo de ciudad: la autarquía urbanística, el absurdo turístico, las ínfulas narrativas o la sociopatía de la mercadotecnia. Y rastrea también posibles y necesarios mecanismos disruptivos con los que ya no solo resistir frente a estas representaciones hipertrofiadas, sino directamente hacer, generar realidad. Estrategias performativas por medio de las cuales ya no conformarse con ser producto sino en las que producir esos espacios que en el fondo tal vez jamás existieron pero que, de alguna forma, como se dijo de los happenings en el momento de su aparición, tienen que acabar sucediendo. (H)ac(k)tivismo, re-apropiación, sampleado, autoorganización, acción directa… Poiesis en su acepción más rigurosa y libertaria. Relámpagos en los que resulta difícil distinguir política de arte, signo de hecho real. Hendiduras que extraen de la nada parcelas de un todo que nos fue requisado antes incluso de que llegara a producirse, siquiera como posibilidad.

 

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