06 May

“1962, “Blowin’ in the Wind”, Bob Dylan”, por Javier Avilés

por Javier Avilés

El Caos es la única solución.

Un día me empeñé en que debía empezar una historia con esa frase. Fundamentalmente porque creo que es certera y precisa y porque encierra una verdad en sí misma que todos tratamos de evitar, que rechazamos con una ingenua esperanza.

La frase quizás la pronunciase un Meursault del siglo XXI, alguien hastiado de tanta muerte pero no tan indiferente como el de Camus. Alguien ligado, de una forma narrativa, a los anarquistas nihilistas de principios del XX, pero al mismo tiempo falto de interés en toda acción. Saturado de violencia, incapaz de sentir ni un ápice más de dolor por los otros. Harto igualmente de los asesinos que secundan una causa. No siente ninguna empatía ni por los falsos mártires asesinos, ni por los ideólogos del terrorismo, ni por las víctimas. Sin embargo piensa que el Caos, la destrucción indiscriminada, la muerte violenta repartida de forma fortuita, como en un juego de azar, es en el fondo, la única solución. Pero él, el personaje, es incapaz de pasar a la acción. Le repugna el mismo acto de pensar en convertirse en la mano ejecutora del Caos. Le aburre todo pensamiento que le conduzca a cualquier tipo de actividad. El tipo está muerto en vida. Y lo sabe. Su deseo de destrucción no es más que una respuesta al absurdo vacío de la existencia de todos nosotros. Como especie somos un desastre. Lo sabemos y lo sabe el personaje. Cómo reaccionamos ante esa evidencia es distinto. Nuestro tipo, consciente de su caducidad, desea ver el mundo envuelto en llamas, destruido y aniquilado antes de su propia destrucción y aniquilación. De alguna manera, si su indiferencia le permitiese algún tipo de sentimiento, considera justa la extinción de toda la humanidad o del sistema social estratificadamente injusto (pero eso ya implicaría otra serie de sentimientos que él rechaza con obstinación) De alguna manera (todo es de alguna manera en el inconcreto razonamiento de nuestro personaje obnubilado por el desprecio primordial a toda la humanidad) concibe un atisbo de esperanza (que rechaza), una especie de reinicio en unas condiciones que (de nuevo) no puede concretar y que (extraordinariamente) le provoca carcajadas imaginarias. Pensar en una sociedad renacida del Caos dominada por el respeto hacia los demás, una sociedad en concordia, paz y armonía, un pensamiento tan ingenuo y pueril, no puede más que hacer que se descojone de risa. Él sabe. No hay esperanza, no hay futuro. Todas esas canciones entonadas a coro entre las velas y las ofrendas le provocan urticaria en las entrañas. Se arrancaría la piel para alcanzar los órganos que bullen por la comezón. Demos una oportunidad a la paz. ¡Ja! Por favor, piensa, murámonos todos.

Pregunta: Señor Personaje, a través de su visión del mundo, ¿qué puede decirnos sobre, por ejemplo, una canción como Blowin’ in the Wind, de Bob Dylan?

Respuesta: Entiendo que la fecha de publicación de la canción no es aleatoria. La canción se publicó el mismo año que yo nací, aunque no la escuché con atención, con, digamos, consciencia, hasta mucho tiempo después. Así que creo entender que quiere usted ligar esta canción a mi nacimiento. Intentaré responder en ese sentido. Al principio todo era sencillo. Nada y luego algo. Un algo que empieza a morir en la inconsciencia. Demasiadas personas han muerto y muchas más van a morir. Solo es preciso un poco de tiempo. Las respuestas no están flotando en el viento, todos las sabemos. Ni siquiera es fundamental hacer las preguntas concretas y adecuadas. Todo está en nuestro interior y perecerá con nosotros. Nunca me gustó la canción de Dylan(*). Hubiese preferido comentar otro tipo de canción de ese año, por ejemplo Green Onions, de Booker T & the M G ‘s, un instrumental que ilustrase el vacío de una mente recién venida. Pero Dylan, al final, como lugar común. Para contradecirlo, para denostarlo, para dejar claro mis fobias. How many roads must a man walk down before you call him a man? Un único camino: el que nos conduce a nuestra inevitable (y deseada) desaparición. Las personas no dejarán de llorar y las gaviotas, cuando al fin alcancen la playa no será para dormir, será para dejarse morir hastiadas, plácidamente o entre estertores violentos. El sueño eterno después de nuestra vigilia que precede al sueño eterno. Somos fugaces y pretendemos ser trascendentes. Meros mecanismos biológicos con la lacra de la autoconsciencia. Las respuestas, mi amigo, sean cuales sean las preguntas son Nada, Nadie, Nunca. Lo único que tenemos es tiempo, un tiempo limitado y breve, pero nuestro.

¿Sabe una cosa?, dice, mejor vamos a empezar con el instrumental. A la mierda Dylan. De hecho los denominados “cantautores” (¿qué mierda de definición es esa?) son más letristas que músicos. Son “poetas” y, ya se sabe, debemos expulsarlos. Así que empecemos con  Green Onions y dejemos un gran espacio en blanco bajo el título.

(*) El personaje miente.

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