25 Sep

Desde la caja de libros XIV

por @librosfera

Interior. Salón. Noche.

Mi nueva compañera de piso y yo compartimos cena por primera vez.

Termina el lunes 5 de septiembre. Operación retorno. Toda la gente que no ha pisado la biblioteca durante el mes de agosto (muchos pensaban incluso que habíamos cerrado por vacaciones) ha venido hoy. Probablemente uno de los días de más trabajo del año.

– Debe ser relajante, trabajar en una biblioteca, ¿no? – dice ella.

Intento mantener a raya la expresión de sorna.

Tras un par de preguntas, lo entiendo: lleva tres años en Barcelona y apenas ha usado las bibliotecas. Su madre trabajó en una biblioteca una temporada, cuando era joven, y es la referencia más cercana. Para ella, la biblioteca es el préstamo: gente que viene a llevarse o a dejar libros. Y las bibliotecarias, sentadas tras el mostrador, se limitan a estampar la fecha de devolución en las tarjetas.

Enseguida se da cuenta de que, claro, también hay que colocar los libros que se devuelven. Y si viene mucha gente a devolver, hay MUCHOS libros por colocar.

Y esos libros, ¿de dónde han salido? Ah, las bibliotecarias tienen que decidir cuáles compran y cuáles no.

Y una vez comprados, cuando llegan a la biblioteca, hay que sellarlos, forrarlos, ponerles alarmas, códigos, tejuelos

Y una vez están listos para salir, estaría bien que la gente supiera que han llegado libros nuevos, así que ¿no sería buena idea hacer un cartel con las novedades?

Ah, y no nos olvidemos de que en la biblioteca no hay sólo libros… hay también música y películas y revistas, que además suelen llegar puntualmente cada mes (y la prensa a diario).

Y llega un momento que ya no caben más cosas en las estanterías. Hay que retirar material. Trasladarlo al almacén, regalarlo, tirarlo… Lo que en casa hacemos con los ojos cerrados, sin pensar demasiado (porque si no probablemente no lo haríamos), en la biblioteca es un poco más complicado. Hay que dejar constancia de que un libro ha cambiado de sitio (que ahora está en el almacén, por ejemplo. ¿Cómo lo encontraríamos, si no?) o de que ya no lo tenemos.

Es normal que si no utilizas habitualmente las bibliotecas no estés al corriente de todas las actividades que se realizan: las presentaciones de libros, los clubs de lectura, las exposiciones, las visitas de colegios e institutos, las horas del cuento infantiles… Tomemos una sola de ellas, por ejemplo un club de lectura: hay que conseguir tantos ejemplares del libro que se vaya a leer como participantes haya en la actividad, hay que leer el libro y pensar cómo se va a moderar la sesión, hay que preparar algún material adicional sobre el libro, algo así como un pequeño dossier con información sobre el texto y la autora, y hay que convocar a las lectoras al encuentro, ya sea por teléfono o por correo electrónico.

Ah, el correo electrónico.

Oh, INTERNET.

Pocas bibliotecas deben quedar en el mundo sin presencia en Internet. ¿De dónde ha salido la página web de la biblioteca y todo su contenido? ¿Quién actualiza las páginas de Facebook o tuitea en nombre de las bibliotecas? ¿Quién se asegura de que la biblioteca se pueda encontrar en Google Maps? ¿Quién envía boletines de actualidad de la biblioteca vía lista de correo a las personas que se han interesado por recibir esa información? ¿Quién contesta todas las consultas que llegan por correo electrónico?

Y si no fuera por Internet, qué solas estaríamos. Qué bien nos va para consultar con otras bibliotecarias cuando tenemos una duda, para saber qué están haciendo otras bibliotecas similares a la nuestra, para compartir experiencias y trabajar conjuntamente. Claro, la gente no lo sabe, pero en las bibliotecas tenemos nuestras propias redes sociales profesionales que, como todas las redes sociales, llevan su tiempo…

Tiempo. Preguntadle a cualquier bibliotecaria, y os dirá que le falta tiempo para hacer todo lo que hay que hacer.

La próxima vez que imaginéis a una bibliotecaria trabajando, en la línea continua que va del relax al stress, no la imaginéis tranquilamente sentada detrás del mostrador esperando que venga una lectora a llevarse un libro porque no tiene nada más que hacer…

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