02 Oct

Desde la caja de libros XV

por @librosfera

ensagradenelslectorsSeguimos en septiembre. La gente sigue volviendo de vacaciones. Las bibliotecas se llenan de libros devueltos con retraso, porque, claro, hay prioridades, y escapar de la ciudad dejando atrás olvidados los libros de la biblioteca es lo primero.

No pasa nada. Somos comprensivas. O al menos yo lo soy, porque pocas cosas me dan más rabia que las bibliotecarias excesivamente celosas en la aplicación de normas de las que no depende gran cosa. Quien no haya prestado nunca un libro sin carnet a una amiga (o incluso conocida), o perdonado una penalización a esa niña tan simpática con cara de pena infinita porque se la llevaron al pueblo de la abuela y ahora por culpa del retraso no va a poder llevarse ese cuento que a ti también te encanta… es que no tiene sangre en las venas.

Sí, las normas dicen que no se prestan libros sin el carnet o el DNI, o que se penalizarán las devoluciones con retraso. Las normas proliferan. Las normas lo invadirían todo, hasta que el más mínimo comportamiento estuviera clasificado en permitido o no permitido. Y como suele ser bastante difícil generalizar, la norma sencilla pero bastante injustificable (el típico cartel que indica “MÓVILES NO”) acaba convirtiéndose en motivo de eternas discusiones para especificar exactamente qué significa: ¿que no se puede hablar por el móvil? ¿pero y si alguien habla tan flojito que apenas se le oye? ¿que los móviles tienen que estar silenciados? pero si el teléfono de la centralita no para de sonar… Y por supuesto, toda norma debe estar escrita, porque basta que alguien incurra en un comportamiento poco habitual para reclamar que dónde está escrito que no se pueda entrar a la biblioteca con una comadreja, y a ver quién consigue hacerle entrar en razón.

“Se debe mantener una actitud correcta en la biblioteca” es la frase que utilizaron Biblioteques de Barcelona en una campaña para promover el tan loado “civismo” a nivel bibliotecario. Pero… ¿qué es una actitud correcta?

Podríamos ponernos de acuerdo en que entrar dando gritos, saltarse la cola para utilizar el servicio de préstamo, estropear el mobiliario de la biblioteca o tirar libros a la cara al personal (historia verídica) no son actitudes correctas, pero… ¿y beber una lata de coca cola, colocar los libros de vuelta a las estanterías o quitarse los zapatos? ¿Por qué se puede beber agua pero no coca cola si uno es cuidadoso y no vierte los líquidos sobre los libros? ¿Qué tiene de actitud incorrecta colocar un libro en la estantería si se está 100% seguro de que ése es el lugar correcto para el libro? ¿Tanta diferencia hay entre ir con chanclas de dedo e ir descalzo?

Por supuesto, las normas son necesarias. No estoy clamando KE RULE LA ANARKÍA. En realidad, como Linus, no sé muy bien lo que estoy diciendo. ¿Quizás que cada vez es todo un poco más absurdo? ¿Quizás que valdría la pena intentar buscar otra manera de funcionar, por ambas partes?

Mientras tanto, creo que intentar ser “razonable” es mucho más útil que agarrarse con uñas y dientes a una normativa a la que, tarde o temprano, le encontraremos la grieta que la haga tambalearse.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *