17 Nov

1981, Too Drunk to Fuck, Dead Kennedys

por Javier Avilés

Abrázame, Superman, juez, padre, madre, con tus brazos, tus armas, químicos, tus brazos, tus armas, militares, tus brazos, tus armas, electrónicos… ¿dónde estamos? Ya. El año en el que el KKK raptó a mi chica. Estoy demasiado borracho para cualquier cosa. Me derrito como una barra de helado en el asfalto de la autopista junto a un camión volcado con las ruedas pinchadas por los disparos de mi pistola. Era divertido. Era penosamente divertido. Como pegar tiros a las ratas en el basurero. Eso es rock and roll. Beber dieciséis cervezas y bailar toda la noche después del concierto en un tugurio infecto, hasta caer rendido al suelo entre cubos de basura, demasiado borracho para ser algo más que un desecho.

Pásame esa botella. Demasiado borracho para follar. Mierda. Está vacía. Pásame aquella otra, la del suelo, junto a la lámpara. Esa. Trae. Demasiado borracho para hablar. Oh, superman, solo tú puedes salvarnos, pero la única oportunidad que tengo para salvarme consiste en no volver a verte jamás. Joder. Demasiado. Veamos. No te entiendo. Menuda estupidez. El rock ha muerto tantas veces que llevamos cincuenta años de sepelio inintiri, inin, joder, i-nin-te-rrup- tido. Somos como esas ancianas de luto permanente, ¡bah!… no sabes de lo que estoy habalando. Ahora, para la historia, el rock lo inventó Marty McFly regresando del futuro. Hemos eliminado a Chuck Berry, Bo Diddley, Little Richard, Fats Domino, Jackie Brenston y Ike Turner. Primero quisimos que fuese Elvis, después Bill Halley. Después impusimos que realmente comienza con The Beatles. Finalmente mandamos a un gallina al pasado para que lo refundase. Música de blanquitos para blanquitos. Hendrix fue siempre un problema que no sabíamos catalogar pero él mismo lo solucionó. Repasa nuestras convresan… lo que hemos hablado. ¿Cuántos? ¿Uno? ¿Marley? Y hablé de Marley porque no me gusta, porque esa música me revienta la cabeza cuando estoy demasiado borracho para. Pues sí, señora… perdón, chaval. El rock lo inventaron los afroamericanos y tenemos que estar demasiado borrachos para admitirlo. Rock and roll es el balanceo del barco a través del Atlántico llevando su carga de esclavos. Rock and roll es balanceo de las almas rogando al señor. Y rock and roll es, sobre todo, la respuesta obscena de una juventud desencantada y segregada. Es un canto de rebeldía que se les roba. Se lo apropian y lo degeneran a mayor gloria de los mercados y las ventas. Dime, dime, ¿qué es lo que hacemos cuando queremos hablar de los grupos afroamericanos que despuntaron en el rock? No tienes ni puta idea, ¿verdad? Joder, chaval, despierta. Hablamos de Phil Spector. Un judío del Bronx que tuvo la idea de dar al rock and roll “una aproximación wagneriana”… jajajajajajaja… pequeñas sinfonías para chavales que nunca habían oído hablar de Wagner y que no querían escuchar música cantada por neg… afroamericanos. Esa es la historia. La historia de acumular paladas de tierra sobre la realidad para ignorarla sin remordimiento. El rock ha muerto, claro que ha muerto, lleva muerto toda su vida. El rock es un cadáver hediondo que no deja de caminar. Hay que estar muy borracho para aceptarlo, tenemos que estar continuamente borrachos para no recordar que vivimos de un expolio, que caminamos sobre quienes queremos olvidar. En realidad somos las ratas del basurero, pero nadie viene a dispararnos, porque las armas también son nuestras. ¿Qué harás cuando llegues a casa? Si no te caes rodando por las escaleras seguramente te meterás en la cama y te harás un ovillo como el bebe de Erarsehead. Y pensarás en lo que te he dicho. El rock es un juego de blanquitos, una falacia comercial, una… joder, ¡lárgate! Tengo que ir a cagar.

 

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