15 Dic

1985 Walls Come Tumbling Down!, The Style Council

por Javier Avilés

A ver, chaval, ¿no te has percatado todavía de que la lucha de clases es una realidad? No forma parte de la mitología. ES REAL. ES NUESTRA REALIDAD. La lucha de clases ha muerto, te dirán, era una entelequia del comunismo que ya no tiene sentido, te dirán. Pero tienes que analizar no lo que te dicen, sino quién te lo dice y después por qué te lo dicen. Puedes pasarte el resto de tus días sentado en tu sillón mirando tu televisor, como si estuviéramos en un vídeo en pausa, esclavo de tu smartphone, siguiendo como un burro tu contrato laboral de mierda que han colgado ante tus narices como una zanahoria podrida, puedes seguir confiando en quienes detentan la autoridad. Pero chaval, despierta, los muros pueden caer, podemos derribarlos. Solo hay que encontrar la música adecuada, la nota que los haga temblar, la melodía que los haga entrar en resonancia. Deberíamos llevar instrumentos y amplificadores a las manifestaciones, rodear el Congreso con una tupida red de sonido cacofónico que lo haga temblar hasta sus cimientos, para que sepan, mientras el encofrado de sus lujosas instalaciones se quiebra y se desprende del techo, que hay una unión que reclama… que reclama… qué reclama… que los muros caigan sobre sus cabezas avejentadas y sus rancias leyes inmovilistas… yo qué sé, chaval… hay que acabar con esto, con las injusticias, con las diferencias de clase, pero no sé cómo debemos hacerlo… sí, como sí, dando vueltas a la ciudad de la ley con nuestras cornetas sonando furibundamente… no sé que deberíamos hacer después, cuando, como los de Jericó, los muros caigan… pásame la botella…  no podemos mandar a nuestros representantes a ocupar los puestos de esas cabezas polvorientas que nos gobiernan, sería un cambio de actitud, sí, pero un cambio estético… ya sabemos lo que pasa… hay que derribar los muros y alejarse de las ruinas del sistema, no se puede volver a construir sobre los cimientos de un sistema corroído desde dentro… no podemos tener líderes, ni un sistema de representación que vuelva a dividirnos en los que gobiernan y los que creen elegir a quienes gobiernan… ese tipo, Weller, es inteligente… los muros deben caer, hay que disparar a lo alto… pero hagámoslo bailando… en la pista de baile todos somos iguales… no hay lucha de clases cuando coreamos juntos la misma canción… ¿te he dicho alguna vez que en la república perfecta no hay lugar para los artistas?… sí, ya te lo dije… sustituyamos a los músicos por un sistema cibernético que componga música de baile… eliminemos el escenario de los conciertos y tendremos el sistema perfecto… la música se podría crear con un sistema estadístico computerizado que analizase las preferencias de todos los ciudadanos… imagina la escena… esta botella está vacía… traeme otra del armario, ¿quieres?… imagina un estadio de fútbol, imagina todo el césped lleno de bailarines convulsionándose al ritmo de una música que sale de ninguna parte y de todas… no hay escenario que focalice la atención, no hay músicos por encima del público, no hay dj, ni cabina, ni nada que pueda tener preeminencia sobre nuestros cuerpos espasmódicos. Los muros pueden caer, los muros deben caer. El estadio debe caer y abrirse al mundo… debemos bailar como posesos hasta el fin del amor y de la guerra y de los tiempos. Todos juntos. Las desigualdades no se pueden cambiar desde un sistema desigual. No podemos ser todos iguales cuando el sistema impone que unas personas sean más que otras por el simple hecho de representarlas… joder, creo que he bebido demasiado… espera…

[el periodista no detiene la grabadora y así capta cinco minutos de grabación en las que sólo se oye el motor de la grabadora]

[el personaje, en el lavabo, piensa que si el periodista no ha parado la grabadora tendrá unos minutos de grabación en los que sólo se oirá el silencio. Piensa en el periodista reproduciendo ese silencio en su casa o dónde sea que viva, por mí como si vive en una choza o un albergue para vagabundos, se dice intentando que la orina caiga dentro de la taza del inodoro. Reproducir unos minutos de silencio en los que solo hay grabado el motor de la grabadora mientras el motor de la grabadora hace ruido mientras está reproduciendo ese silencio… me gustaría grabar eso, piensa subiéndose la cremallera]

… bueno, por dónde íbamos… ah, sí, los muros caerán… y una mierda.

 

 

 

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