21 Abr

Somewhere over the rainbow… solo hay mierda

por Carolina Montoto

Soy la doctora M., especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, y debo decir que hoy me he despertado con unas inexplicables ganas de llenar la tierra de hijos míos: pequeñas doctoras Montotos con las que colonizar el planeta y llenarlo de valores como la solidaridad, la confianza, la generosidad… Niñas guerreras que, al enterarse de que los delitos fiscales prescriben a los cinco años, se planten delante del Parlamento hasta lograr que se cambie la ley. Mocosas que, sabedoras de cómo funcionan las puertas giratorias entre políticos y empresarios, señalen a los culpables hasta quedarse afónicas. Pequeñas monstruas que ya a los tres años sabrán a la perfección qué es la apostasía. ¿Acaso no hacen lo mismo, pero en sentido contrario, los seguidores del Opus Dei?

Con las dos coletas bien puestas, he acabado soñando.

Es primavera, me ha contestado alguien.

Toma topicazo, he pensado yo, y he seguido mi camino cantando aquello del somewhere over the rainbow, skies are blue mientras buscaba voluntarios fornidos e imberbes, como corresponde a una señora de cuarenta años, para poblar el mundo con niñas que intentaran desmontar el mito, del que tanto provecho saca el capitalismo, de que los humanos somos más competitivos que cooperativos.

Necesito un ejemplar ejemplar para lograr mis propósitos. Así que me voy a la busca y captura del Hombre. Con mayúsculas.

Pero lo que encuentro en un bar me hace darme de bruces con la realidad. Con la ingrata realidad. La grisura y la mediocridad.

Primer jarro de agua fría: mi ejemplar no es nada ejemplar. Es un muchacho fornido e imberbe, hasta ahí bien, que, sin saber cómo interactuar conmigo, una mujer madura y culta, intenta hacerme reír mostrándome un vídeo en su móvil. Y yo constato, por el número de visitas recibidas,  que hay mucha gente que suele entretenerse con vídeos de personas que caen, resbalan, tropiezan o chocan. Muchísima. Gente que se carcajea de las desgracias ajenas o que se divierte contemplando cómo algunos personajes mediáticos (Chicote, por ejemplo) maltratan y humillan a sus congéneres. Sensibilidad cero, pienso. Y siento de golpe que el cielo se pone gris y las flores se marchitan. ¿Habrá alguna posibilidad de reconvertir al muchacho fornido e imberbe? Dejo de cantar lo del rainbow y maldigo en voz alta a Hobbes, por aquello que dijo de que el hombre era un lobo para el hombre: una de las creencias que mejor le ha ido al capitalismo para justificar un egoísmo y un egocentrismo que lleva a la deshumanización, y que constituye el motor de este sistema.

Ante mi disquisición, el fornido voluntario huye corriendo. Pies para qué os quiero.

Segundo jarro de agua fría (helada, en este caso). De nuevo, la televisión. De nuevo, unas imágenes que me han cortado la libido ipso facto: los legionarios cantando Soy el novio de la muerte en un hospital de Málaga. Decir que se me han caído las bragas al suelo es poco. En el mundo ha vuelto el invierno y mi fervor reproductivo ha quedado reducido a cero. ¿Y si me dedico a la cría de gatos?, me planteo en consecuencia.

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *