14 Ene

Desde la caja de libros LXII

por @librosfera

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Hay dos documentos que se han convertido en básicos para toda biblioteca, y que sirven para evaluar, analizar y planificar su funcionamiento.

  • La memoria: el documento que recoge toda la información relativa a la biblioteca durante un determinado año. Se hace a posteriori (es decir: desde YA lxs directorxs de las bibliotecas están trabajando en las memorias de 2017), e incluye desde la cantidad de documentos que posee la biblioteca, a la cantidad de nuevas personas inscritas, actividades realizadas, participantes en esas actividades, etc… Sirve para comparar el estado de la biblioteca en ese año con años anteriores y ver si progresa adecuadamente o en qué necesita mejorar.
  • El plan de acción: el documento que recoge las intenciones sobre qué se va a hacer en la biblioteca durante un determinado año. Se hace a priori (es decir: durante los últimos meses de 2017 se trabajó el plan de acción de 2018), y se suele organizar en líneas estratégicas de trabajo (por ejemplo: estrechar la colaboración con las escuelas del barrio, fomentar el uso de las nuevas tecnologías en la biblioteca, etc.) y dentro de cada línea estratégica, en acciones concretas que ayuden a alcanzar esos objetivos.

Las grandes redes de bibliotecas, además, suelen elaborar un documento más ambicioso y que plasma el camino que se seguirá en un futuro próximo (pongamos, los siguientes 5-10 años). Es un documento interesante de leer porque muestra hacia dónde se dirigen las bibliotecas, qué pretenden conseguir a medio plazo, y cómo las ven, sobre todo, altos cargos técnicos y políticos (y por lo tanto a qué destinarán más recursos).

Las bibliotecas de la ciudad de Barcelona elaboran uno de estos documentos. El último abarca el periodo del 2010 al 2020 y puede por supuesto descargarse en PDF. Es la lectura indicada para entender quizás no tanto qué es una biblioteca pública en su trabajo del día a día o qué usos le da la gente (es demasiado “abstracto” para que uno pueda hacerse a la idea de algo así), sino hacia dónde les gustaría a las autoridades competentes encaminar las bibliotecas y los servicios que ofrecen.

Una vez presentado esto, cambio de tema. ¡Alehop!

Un buen amigo* ha terminado recientemente un máster en análisis de datos, y una de las áreas de trabajo de las que me ha estado hablando (siempre ante mi estupefacción por la cantidad de cosas que se pueden hacer) es el text mining o minería textual. Aplicando técnicas de minería textual puede uno extraer de un texto o conjunto de textos, en un momento y gracias a procedimientos automatizados, datos que antes y que sólo con trabajo humano eran prácticamente imposibles de conseguir. Si a alguien le interesa saber más sobre la minería textual, que aquí ahora sería demasiado largo de explicar con más detalle, aquí va un artículo recomendado.

Así que, por un lado, tenemos el Plan de bibliotecas de Barcelona (un documento de unas 100 páginas analizando el futuro de las bibliotecas de la ciudad), y por otro, la minería textual. ¡Hm! Ambos caminos se han cruzado en una petición: “Necesito que me hagas un favor de analista de datos y me digas la frecuencia con la que aparecen determinadas palabras en un documento. ¿Es eso muy complicado?” Respuesta: “Esto está chupado. Aquí están las palabras que aparecen en el Plan de Bibliotecas de Barcelona ordenadas según su frecuencia de uso.”

Sumando la frecuencia de las palabras de la misma familia (ej: biblioteca, bibliotecas, bibliotecarios, bibliotecarias), lo que encabeza este artículo es el TOP 50 de palabras más utilizadas. Digamos que vendría a ser un resumen del estado de la cuestión en 50 términos.

Efectivamente, ese listado no sirve para sobrevivir una tarde detrás del mostrador de préstamo, o de infantil, o de internet… pero sí que se desprende un cierto “espíritu” de lo que el futuro nos depara. Y, por supuesto, tan interesante como ver cuáles son las palabras más utilizadas, sea quizá también detectar las que menos. Sin ellas, el cuadro estaría incompleto. Y es mucho más fácil pasar por alto las ausencias.

Es por eso que también cabe tener en cuenta…

…que “bibliotecario” aparece 30 veces en el texto mientras que “bibliotecaria” tan solo 3. También hay 32 “bibliotecarios” y sólo 1 “bibliotecarias”. A mí que no me digan que lo de la invisibilidad de las mujeres por culpa del masculino genérico es inocuo, porque no cuela.

…que “libro/libros” aparece apenas 12 veces, y “virtual/virtuales” en cambio aparece en 23 ocasiones. No aparece la palabra “e-book/ebook”, aunque como no hemos combinado palabras, quizá aparezca “libro” junto a “digital” y no lo sabemos.

… que no aparece la palabra “préstamo”. Aparece “prestan, prestadores y prestados”  (4 ocurrencias en total), pero no “préstamo”. Si eso no es indicativo de que cada vez importa menos…

…que palabras relacionadas con infancia aparecen 3 miserables veces en total. Snif.

…que también aparecen preocupantemente poco las relacionadas con “gratuidad” (en 6 ocasiones). Glups.

De nuevo, si os apetece bucear entre este mar de palabras, podéis leer el plan de bibliotecas en este enlace, o echar un vistazo al excel que desgrana la frecuencia de uso de las palabras que aparecen en ese documento en este otro. Y si descubrís algo interesante, os escucho.

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*Gracias, Alfonso 🙂

 

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