13 Jul

Bret Easton Ellis le pasa la rata a Don DeLillo

por Dionisio Porta

En esta nota realizaremos una rápida comparativa entre Patrick Bateman, el protagonista deAmerican Psycho, de Bret Easton Ellis, y Eric Packer, personaje principal de Cosmopolis, de Don DeLillo, por si el análisis de ese par de yuppies arrojara alguna información alrededor de la evolución socioeconómica del periodo transcurrido entre ambas novelas (1991-2003). Se ha hablado bastante sobre American Psycho como complemento oscuro a La Hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe, publicada cuatro años antes, pero creo que no existe tanta bibliografía comparativa entre Bateman y Packer.

Bret Easton Ellis escribe American Psycho en 1991 y la historia de Patrick Bateman, el sofisticado yuppie psicópata, no tardará en convertirse en un exitoso escándalo. Doce años después, en 2003, Don DeLillo publica Cosmopolis, la odisea de Eric Packer atravesando Manhattan en su limusina para cortarse el pelo mientras se enfrenta a una apuesta equivocada sobre la fluctuación del yen que puede arruinarle, se controla su próstata asimétrica, y observa el caos y una amenaza creíble que se cierne sobre la ciudad y sobre él mismo.

Dado que Cosmopolis transcurre en una sola jornada y puesto que American Psycho también es un texto de aspiraciones frenéticas, se me ocurrió la idea de leer ambos en un solo día. Pero eso es lo de menos: un artículo sobre literatura y economía dominado por la auto-ficción se me antoja demasiado. Como mucho subrayar que la lectura intencionada de dos libros en paralelo es una técnica a no perder de vista.

American psychoPatrick Bateman es un yuppie que trabaja en P&P, una de las moléculas del Wall Street de finales de los ochenta. Reagan acababa de dejar su cargo, pero su obra ya era un hecho. La desregulación financiera había convertido definitivamente a Wall Street en el centro del mundo. Si obviamos los asesinatos, torturas y descuartizamientos de seres humanos y animales que el protagonista acomete regularmente, lo más representativo de Patrick Bateman es su conexión utópica con los objetos. Corbatas, trajes, zapatos, ornamentos, tecnología, incluso tarjetas de visita: el objeto, lo material en sus formas de expresión más arquetípicas es identificado por Bateman como el único camino posible hacia la felicidad, es decir, hacia el éxito. Si no me he explicado lo suficiente: el ídolo de Patrick Bateman es un tal Donald Trump.

cosmopolis_uk_firstEric Packer es otra cosa. El multimillonario protagonista deCosmopolis ha superado el objeto en favor de un solipsismo con destellos metafísicos: lo suyo son los patrones naturales que explican la fluctuación del yen, la obra de Rothko, “la rata deviene moneda de curso legal”, la meditación. Lee ciencia y poesía (poemas preferiblemente escuetos). Apenas conecta con los objetos, solo si éstos son verdaderamente excepcionales, como el viejo Tupolev 160 que tiene aparcado en un hangar de Arizona, o su ascensor con música de Brutha Fez, el rapero sufí. De algún modo, Eric Packer es un Patrick Bateman tocado por una cierta espiritualidad delirante. Eso puede ser casual o no. Hippies hijos de yuppies. Yuppies hijos de hippies. Yuppies hippies… Lo que parece evidente es que durante los últimos veinte años ha habido un resurgir de ciertas espiritualidades de fuerte carga mercantil que aparecen como respuesta resignada a las incertidumbres sociales a las cuáles se enfrenta la sociedad occidental.

Sabemos que la autoayuda, el coaching, el positivismo u otras técnicas energéticas actúan como socio perfecto para sofocar la indignación de los menos favorecidos: busca en ti mismo, crece como individuo, no mires a fuera de ti, dentro tuyo está todo, tú eres el error. Por eso, la persona desempleada no encuentra trabajo, porque no piensa en positivo. Pero también tendríamos que atender a cómo toda esa nebulosa new age sirve a su vez como instrumento necesario para aplacar la mala conciencia de todos aquellos profesionales que de un modo más o menos indirectos trabajan a favor de un capitalismo desregulado y desatado.

Y por último, recordemos Ponche de ácido lisérgico, en el que Wolfe (padre del “nuevo periodismo”) acompaña a Ken Kesey y sus adorables “bromistas” en su viaje costa a costa de los Estados Unidos en un autobús conducido por Neil Cassady. El libro de Wolfe concluye En el camino de Jack Kerouac, la biblia beat. Jack Kerouac le pasa el camino a Ken Kesey, que le pasa el autobús a Tom Wolfe, que le pasa las apariencias a Bret Easton Ellis, que le pasa la rata a Don DeLillo, que le pasa su limusina a Jack Kerouac. Parece claro que la energía espiritual que la contracultura construyó como oposición al marco de valores ha sido fagocitada por el sistema capitalista convirtiéndose en un nuevo instrumento a su servicio. En ese sentido, la intuición de Don DeLillo y su Eric Packer no puede ser más certera.

 

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