26 Oct

El chacal

por Susana González Tena

¿Cuál es el secreto de la verdad? ¿Qué oscuras conexiones tiene con lo prohibido, con la cercanía del final? El límite se acerca y es capaz de tragarte, hacerte olvidar tanto tus puntos de cercanía como los que hasta entonces han sido tus centros de gravedad. Así de un plumazo se desvanece la verdad o permanece, en un instante casi eterno tu vida pasa y tiene la capacidad de transformarse, como el río nunca se calma ni se detiene, como el río tiene dos orillas, lo que hagamos entre ellas sólo es cosa nuestra.

Es una tarde de resaca inquieta en la cual la playa no ha alejado del todo la transformación que la noche produjo. Literalmente, he salido huyendo de la casa de un tal Domingo, cuya amabilidad y atención a mi persona había superado de lejos las expectativas requeridas.

Domingo es un buen tipo formado, educado y dolido. Los ojos de Domingo me enganchan. Lleva gafas redondas, que en un momento de la noche desaparecen para dejar paso a sus ojos profundos y tristes, verdes y melancólicos. Se niega a hablar de su ruptura con un filo de pena que le ahoga. Hace poco, fue hace poco.

Domingo lleva el nombre de su abuelo, así conservo algo de él, me dice. 

Hombre, yo prefiero recordar, en el recuerdo les vivificamos, les llevamos con nosotros. Además así evitamos una serie de nombres venidos de otro tiempo, de otro lugar ajeno a nosotros.

Como nada pierdo, me digo, a la vuelta de la playa me daré una vuelta por su barrio, por si el destino tiene algo que decir.

Es de esta manera tan sencilla que acabo a las nueve de la noche de un domingo anodino, en un barrio desangelado de Palma, dando vueltas absurdas alrededor de una calle en concreto. Llega un momento que me siento ridícula, pienso en tocar su timbre pero me vence la sensatez así es que me voy a tomar una caña y pensar en lo que hacer. Entro en “El chacal”.

En la barra hay un chico muy atractivo, hablando en un inglés macarrónico con una diosa de la noche, pequeña, enjuta, con un vestido corto para hacer deporte, tipo tenis, y unas zapatillas ochenteras de aerobic, con calcetines blancos. Tendrá alrededor de cincuenta y cinco, es delgada y evidentemente está borracha. Tiene pintada la raya en los ojos, aunque se halla dispersa por sus ojeras. Sus ojos azules transparentes y el vacío, el dolor en su interior. No sé ni de qué están hablando, aunque probablemente ellos tampoco lo sepan.

Siento que hay algo que me maneja, que no me dejará llegar a mi objetivo, al menos de forma fácil. Sé que he entrado en este lugar para tomar una caña y pensar y que todo se va a transformar.

Yo me río porque la conversación es un cúmulo de surrealismos sin fin. Aparece Pedro, otro dios nocturno. Al parecer es novio de la rubia, o al menos, eso cree él. Viene fumando, como perteneciente a otro mundo.

La rubia se va para afuera e intenta hablarme en alemán, yo le respondo en inglés.  Pedro me adopta.

Yo es que tengo un problema muy gordo con ella, oye. Porque vamos a ver, con el inglés más o menos me defiendo, pero claro ella llega, me habla en alemán, y claro me hago un lío… Es que claro, hay que tener en cuenta que soy albañil, que algo aprendí de inglés y que puedo entender, que enseguida aprendo un poco más, pero con el alemán no puedo, hija, es que de verdad empieza y yo pues me hago …un taco.

Pedro tiene como sesenta años, le falta la mitad de la dentadura izquierda, tanto de arriba como abajo. Tiene un lunar carnoso enorme en la mejilla, piel cetrina y mucho alcohol.  ¿Es realmente novio de la jugadora de tenis?

El camarero es muy simpático, pero muy interesado. Y es guapo, me digo. Me tomo mi cerveza sin haber podido ni siquiera pensar en mi estrategia siguiente. Luka, o algo así, me invita a la siguiente.

Quédate un poco más mujer, t’ invito. Hoy soy mu contento, ncontrado chosientos que perder…

Le entiendo mal, tiene un acento muy extraño, se traga sílabas y no me queda claro de dónde es. A primera vista parece árabe.

Lo guardé hace un mes, un sobre en la barra del frigo, hay tres, siempre lo dejo escondido en el medio, pero este se movió para atrás y no lo encontraba. Estuve buscando mucho tiempo, pero no parecía, hasta que hoy limpiando, lo he encontrado. He invitado a todo el mundo que estaba en el bar. 20, 30, 35 copas de golpe. A todo el mundo.

<continuará>

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