01 Dic

1983 “Burning Down the House”, Talking Heads

por Javier Avilés

De las notas del periodista:

El personaje parece vivir en ocasiones en una realidad particular desgajada de la nuestra. Cree que en la década de los ochenta, tras la muerte de Lennon, se impone como una cortina de humo una realidad impostada en la que los sucesos que conocemos ocultan otra verdad. El personaje escribe en la libreta que le robé:

La muerte de Philip K. Dick sería, más que la de Lennon, el punto de inflexión. Dick escuchando Strawberry fields forever tuvo una visión que le llevó a diagnosticar con certeza la enfermedad de su hijo, por entonces desahuciado por los médicos. Dick hablando en latín, koiné, sánscrito y ruso sin saber más que inglés. Dick: “Un día, iba caminando por un sendero hacia mi cabaña, donde me disponía a escribir durante ocho horas en total aislamiento; entonces miré el cielo y vi una cara. No es que realmente la viera, pero la cara estaba allí, y no era humana; era un gran rostro de perfecta maldad. Era inmensa, llenaba un cuarto de cielo. Tenía las cuencas de los ojos vacías, era metálica y cruel. Lo peor de todo es que era Dios.” Experiencias psicóticas sobrenaturales místicas, demasiado parecidas a lo que les ocurre a los personajes de Ubik. Dick es Maytreya. Dick es Bodhisattva, el Ser Iluminado que nos muestra el camino. Dick es el hombre del castillo. En nuestra realidad Dick está muerto, pero somos como los personajes de sus novelas. Dick lleva una existencia normal libre de paranoias en algún remoto y vulgar pueblo del centro de Estados Unidos junto a su familia mientras el mundo se encamina al desastre. Dick sub specie aeternitatis. La nuestra es la realidad apocalíptica que subyace a nuestra realidad.

En la siguiente página ya no hay más menciones a Dick. Empieza:

Dicen que Byrne, Frantz y Weymouth tuvieron que eliminar varias frases de las que sirvieron inicialmente de base a BDTH. Frases como: “I have another body,” “Pick it up by the handle,” “You travel with a double” y “I’m still under construction” Pero mantuvieron otras como “It was once upon a place sometimes I listen to myself”, “I don’t know what you expect staring into the TV set”, “No visible means of support and you have not seen nuthin’ yet”. Seguramente es una pista que nos lleva a la verdad que se oculta en este magnífico disco.

Y luego sigue:

Watch out, you might get what you’re after. Puedes conseguir lo que anhelas. Así que, aunque seas un tipo vulgar, quemas la casa. Apagando fuego con fuego, como el otro apagaba incendios con gasolina. Gente gato. Sueños caminando a plena luz del día. Tres-cien-tos se-sen-ta- y- cin-co gra-dos- Burning down the house. Mi casa, mi hogar. Quemar la casa contra Hogar, es donde quisiera estar. ¿Lo sabían? ¿Los Talking Heads lo sabían? Dicotomía. La realidad, Hogar es donde quiero estar pero supongo que ya estoy allí, contra “nuestra realidad”, quemar la casa. La gente viscosa controla la realidad. Tienes que creer que todo esto es real, guarda tu pistola y trata de reconocer lo que está en tu mente. Sólo en tu mente. Los Talking Heads lo sabían. Sabían que íbamos a quemar la casa cuando en realidad no hay ningún lugar como el hogar y que es donde queremos estar. Home is where I want to be es una canción ingenua. Pero la preferimos a girar como una rueda dentro de otra rueda. Ese “Home” inicial, cálido y acogedor, como la melodía de los teclados. Como si esa amable canción pudiera salvarnos de la gente viscosa que pretende que Burning Down the House es una canción peligrosa y destructiva mientras ellos, los viscosos, queman casa y destrozan edificios con aviones. La gente viscosa controla la realidad, la dan forma según sus designios apocalípticos. Mientras en algún lugar del centro de Estados Unidos el hombre del castillo escucha como los músicos cantan en el sótanoHome is where I want to be. 

Este tío está como una puta cabra.

Hay una pequeña anotación en un borde de la página: “You travel with a double”… las cenizas de Dick descansando en la tumba en la que reposaba su hermana melliza. La lápida en la que estuvo grabado su nombre durante cincuenta y cuatro años. Home.

 

 

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