11 Feb

Los calamares

per Jean Murdock

Lo de los calamares es muy complejo. Hay calamares en el mar tan profundo que solo han podido imaginarse. Ni siquiera sabríamos que existen si no fuera por Verne y por varios científicos que no se ponen de acuerdo. Pero bueno, los que tú te comes vienen de la lata, como las sardinas, pero de otra, para no ensuciarlas de tinta. La tinta puede ser la suya o americana, que en ese caso es prestada. Como es prestada, a veces te encuentras algún pelo en la solapa, de ahí la expresión «pelillos calamar», que es como para decir que algo no importa, aunque es mentira, porque a nadie le gusta encontrarse un pelo en la comida, y menos de una americana prestada, que vete tú a saber quién se la ha puesto.

También habrás oído, la mar de veces, el estribillo aquel de «la pulpa fue del calamar». Pues bien, eso viene de una leyenda muy rancia que cuenta que érase una vez condenaron al ostracismo a una pulpa por amancebarse con un calamar. El calamar era muy bonito –casi tanto como el atún–, pero un perla sin agallas que no mordió el anzuelo de convertirse en mero esposo. Por eso la pulpa le cortó el pelo al rape –que el pobre nada tenía que ver con el asunto pero lo merecía por merluzo– y, a continuación, toda deslenguada, gritó: «¡La pulpa fue del calamar, que todo el mundo lo sepia!». Luego la gente, como siempre, contó las cosas como quiso y se quedó solo con media frase, y pelillos calamar.

Por otro lado, los atentos lectores de Bioy Casares ya saben que, venga de donde venga, El calamar prefiere su tinta. Qué relato tan espeluznante. Un alienígena cae en un pueblo terrestre, en la casa de Don Juan, recto señor donde los haya. El alienígena necesita agua y Don Juan se la da. El alienígena pide libros y Don Juan se los proporciona. El alienígena aprende y comunica que ha venido a salvarnos de la bomba atómica. Y Don Juan lo mata porque, como cuenta un personaje: No quiere que le cambien su composición de lugar. Prefiere que este mundo estalle a que la salvación venga de otros. Así que puede que, al fin y al cabo, el calamar sea la mar de humano.

 

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