26 May

1965 (I Can’t Get No) Satisfaction, The Rolling Stones

por Javier Avilés

Grabación: (De fondo el riff de Keith Richards, isocrono, reiterado en un bucle interminable) Toses. Fuertes toses mezcladas con carcajadas entrecortadas.

Voz: Chaval, vuelve la semana que viene que tengo una mala racha.

(De nuevo carcajadas y tosidos incontrolados. Ahogos. Toses más fuertes. Arcadas. El ruido de un sillón arrastrado con fuerza. Una mesa cayendo. Libros, papeles, el vaso, la botella, el cenicero. Las toses convulsas se alejan del primer plano de la grabación y se pierden por el pasillo. Aun así, bajo el na-nana-na-nana-na-na-na-na de la guitarra, se puede oír, al repasar la grabación, a alguien vomitando)

Tengo una mala racha, dice. Apunte bien esa frase porque es la clave de la canción. Parece que trata sobre la alienación que provoca la publicidad en radio y televisión. Pero no. Trata sobre sexo. Sobre no poder follar porque la chica “tiene una mala racha”. Vuelva la semana que viene, le dice riendo y tosiendo, pateando la botella que se ha vaciado sobre la moqueta, a punto de iniciar un nuevo ataque.

Una semana después.

Un riff es una frase musical, generalmente corta, que se repite insistentemente durante una pieza. Su equivalente clásico sería un ostinato. Obstinado. Repetitivo. Flagelante. El rock (¿por qué de eso hablamos, no?) es básicamente ostinatos. Con la particularidad de que el número de combinaciones de notas y tempos y ritmos, a pesar de lo que nos pueda parecer, no es infinito. De hecho, creo que es demasiado limitado. Así que no sólo es repetitivo dentro de una misma canción sino que se repite a lo largo de los temas. Richards se despierta de un sueño y escribe el riff. Luego piensa que no sólo es simple y algo básico, tonto, sino que se parece a otro, y a otro y a otro, a todos los otros riffs. Pero ahí está, para nuestra fugaz eternidad.

No quedan rastros del desastre de la semana anterior. La habitación, incluso, parece excepcionalmente limpia. No obstante, sobre la mesa (vaso, cenicero, botella) el personaje empieza a acumular de nuevo papeles. Ha traído unas partituras de ejemplo que el entrevistador es incapaz de leer.

Satisfaction, 1965. Parecía que estábamos empezando por aquel entonces. Pero quiero decirle una cosa: A Coltrane le quedaban dos años de vida. Ya nos había legado las más altas cumbres musicales de nuestro siglo. En 1962, el cuarteto, John Coltrane, McCoyTyner, Jimmy Garrison y Elvin Jones, habían dado sus magistrales conciertos en Estocolmo. Eran unos tipos, Coltrane lo era, capaces de descubrir los matices escondidos de una tonta canción de un musical de Broadway. My favourite things habla, la parte de Hammerstein, de bigotes de gatitos, de cajas envueltas con lazos, de ponies color crema, tartas de manzana y otras cursiladas. Girls in white dresses with blue satin sashes, snowflakes that stay on my nose and eye lashes. Pero ahí está la música de Rogers. El cuarteto de Coltrane era capaz de desarrollar la cancioncita cursi durante más de veinte minutos en total paroxismo. Le recomiendo las grabaciones de Estocolmo. Ahí estaban en esa época Coltrane y Davies y Mingus y Gilliespie y tantos otros mientras nosotros, ¿qué hacíamos? I Can’t Get No  Satisfaction. No, no, no. Hablábamos de la alienación con una canción alienante en su misma forma, participando contestatariamente en el mismo sistema al que pretendíamos denunciar. Música popular, la llaman.

Pregunta: Entonces, ¿cree que todo el rock no tiene validez?

Respuesta: Joder, claro que no creo eso. Coltrane y los otros músicos de jazz jugaban en una liga mayor. No es eso lo que quiero decir, parece que no quiere entenderlo.

Se levanta, pasea airado por la habitación, enciende un cigarrillo, bebe un largo trago de whisky.

Somos el Caos, sus satánicas majestades, la banda del club de los corazones solitarios, la cara oculta de la luna, los jinetes en la tormenta, las arañas de Marte, los magos del pinball en el garaje de Joe, los héroes rotos tirados en la autopista, nacidos para correr, jinetes cómodos en ruta hacia el infierno y seguimos vivos… seguimos vivos a pesar de todo.

Se desploma en el sillón y apunta al entrevistador con la mano con la que sujeta el vaso. Somos leyenda, sí, pero nada más que leyenda. ¿Recuerda lo que le dije sobre los mitos? ¿recuerda lo que hablamos sobre Wotan y toda la mitología? Pues eso, lo mismo. Somos leyenda, somos mitos. Pero en realidad lo único que queríamos era follar.

Lo único que queremos es follar… and I try and I try and I try.

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