08 Jun

2005 Only, Nine Inch Nails

por Javier Avilés

[Nota: Por primera vez, no volverá a ocurrir, un vídeo dirigido por mi odiado David Fincher]

¿Vas a morder la mano que te da comer, chaval? No, tú no eres de esos.  Ven, acércate más que te quiero tocar, estar cerca de ti. Quiero comprobar que eres real, que no solo te he inventado para hacerme daño. Para herirme. Ya no me preocupa encajar en tu mundo, chaval. Y sí, es tu mundo. Porque no importa, no me importa. Nada importa ya. Nada me importa. Bien. Este es tu brazo. Parece real al tacto. Y esta es tu mano. Real también. Esta es la mano que cogió sin permiso un cuaderno que no le pertenece. Vale, chaval, ya te suelto. Mira que he dicho “cogió”. No he dicho la mano que robó el cuaderno. Porque eso fue lo que hiciste. No importa. No me importa. Nada importa ya. Nada me importa desde hace tiempo. ¿Por qué crees que acepté esta especie de charlas contigo? Porque no me importa. Es un incordio, pero no me importa. Pero es molesto. Sobre todo porque no sé qué mierda estás haciendo con todas estas grabaciones. ¿Escribes un libro? ¿Sobre mí? Quiero ver algo de lo que escribes. No te voy a permitir que publiques nada sin autorizarlo antes, así que quiero leer lo que escribes. Y, me parece que no pienso aprobar nada. ¿Sabes por qué? No me fío de ti. No me gustas. No veo claro cuáles son tus intenciones. ¿Qué buscas? ¿Una historia, un padre? Pues no vas a encontrar nada de eso aquí. Tú. Tú no existes. No hay más tú, solo yo. There is no you, there is only me. There is no fucking you, there is only me. Solamente yo. Y yo soy yo y mis cicatrices, como dijo el filósofo. Y las viejas heridas, por muchos puntos de sutura que intenten cerrarlas, por mucho que se enquisten, por mucho dibujo absurdo que dejen en tu piel, siempre están ahí, siempre permanecen abiertas. Son pasadizos sanguinolentos hacia el pasado. Máquinas carnales del tiempo que nunca dejan de supurar, que palpitan como ideas que no encuentran salida. Recrea esta imagen en tus crónicas si eres capaz: Imagina que empiezo a hurgar en la cicatriz de mi brazo, que reabro la herida con mis uñas. La sangre mana, ¿o ya no sangran las heridas cerradas por el tiempo? Ahora meto un dedo en la herida y la ensancho. Luego dos. Luego toda la mano. Agarro con fuerza un amasijo de tendones y músculos y estiro. Mi brazo se introduce en la herida. Sigo estirando de mí mismo desde dentro y logro introducir el hombro y parte del tronco. ¿Puedes visualizarlo? Me introduzco completamente dentro de mi herida. Estoy dentro de un pasadizo que intenta cerrarse sobre sí mismo y atraparme dentro. Sigo avanzando. Escalando hacia no sé bien qué lugar. Estoy en algún lugar donde se suponía que no debía estar y puedo ver cosas que nadie podría ver. Y descubro que las cosas no son tan bonitas por dentro como podría parecer. Sigo avanzando mientras la herida se cierra de nuevo. Estoy en un mundo nuevo y no me gusta. Tú, sin embargo, me has visto desaparecer delante de tus ojos. Según tu punto de vista me he ido consumiendo ante tus ojos, haciéndome cada vez más pequeño mientras me introducía dentro de mi herida, hasta que me he convertido en un punto, una entidad bidimensional, que finalmente se ha desvanecido con el sutil ruido de una pompa de jabón estallando. Sin embargo aquí estoy. No es agradable pero es mi lugar. Uno al que imbéciles como tú jamás podrán llegar. Solo yo. Únicamente yo. Tu no. Jodida y radicalmente NO, chaval. No existes. Veo a través mío, a través de mi piel que he absorbido en mi viaje y te veo con esa cara de idiota estupefacto por mi desaparición. Lo que no entiendes, chaval, lo que el mundo no entiende, es como de me-ri-dia-na-men-te claro se ven las cosas desde aquí dentro. Os seguís preguntando cómo lo he hecho para desaparecer. Lo que no entendéis es que yo sigo aquí, los que habéis desaparecido sois vosotros. Todos y cada uno de vosotros. Seguid con vuestra ficción de existencia, no me molesta porque no me importa. Nada me importa.

[Pausa… bebe]

Haremos una cosa, chaval. El próximo día que vengas me encontrarás dormido en este sillón. No intentarás despertarme. Dejarás el cuaderno en la estantería y te irás para tu casa o para dónde sea que habites en tu ficticia existencia.

07 Jun

“John Ford a París”, Capítol 43

per Maiol de Gràcia

L’Alan

Avui només m’interessen els meus instints. Busco un personatge que pugui servir per a la qüestió i el preparo mentre prenc el cafè amb llet.

Surto al carrer amb ínfules d’aristòcrata convençut. Pantalons texans, mocassins enllustrats i la camisa blanca més cara de l’armari. Sembla que vagi informal i al mateix temps tot el contrari.

Me’n  vaig cap a la zona adequada de la ciutat i m’assec en una terrassa de tauletes minúscules i cambreres de luxe. Fumo tranquil·lament i faig veure que llegeixo un diari mentre cerco mirades. Leer más

05 Jun

Postcapitalismo, hacia un nuevo futuro, Paul Mason

por Dioni Porta

Son tiempos que no invitan demasiado a reseñar un libro cuyo título incluya uno de esos neologismos de última generación en los que se aplica el prefijo post a cualquier cosa, nuevos conceptos que se sitúan a medio camino entre la advertencia sobre una mutación radical de nuestra realidad y la pamplina. Posverdad, postamor, posporno, posracismo, posdemocracia e incluso el reciente minuto de gloria de la poscensura, pretenden dar cuenta de la ruptura tecnológica y psicológica del presente con su pasado inmediato, del mismo modo que suelen esconder picarescas ventajistas que se sirven del ingenio y la espectacularidad de la etiqueta post para llevarnos a un marco mental inflamado que nos invite a reconocer un elemento visionario en determinadas teorías o actos. Leer más

02 Jun

“Estrella invitada”, por Karmen

 

Desde pequeña siempre he soñado ser una súper heroína, ayudar a la gente anónimamente me hace sentir bien, me da subidón. El problema viene cuando resulta que no tengo ni dinero, ni poderes sobrehumanos, ni capa, ni nada típico de superhéroe, así que mal lo llevo para llevar a cabo las superheroicidades soñadas.

En mi entorno conozco personas cuyas existencias cotidianas son tristes y anodinas y sus semblantes en consecuencia. Y a mí no me gusta, seguro que puedo hacer algo para cambiarlo, he de pensar. Y por fin llegó la idea, escuchando la canción del ramito de violetas, ésa cuya letra  dice algo así como que un marido escribe cartas de amor y envía violetas anónimamente a su propia esposa que cree tener un admirador secreto, y eso la hace “secretamente” feliz.  Mi cabeza, sobreexcitada por la idea empezó a trazar un plan: Si, voy a repartir amor en forma de mensajes y ése va a ser mi poder para hacer feliz a los demás. Suena cursi, tal vez lo sea, pero cuánto más lo pensaba, más me gustaba la idea. Leer más

01 Jun

2004 Reptilia, The Strokes

por Javier Avilés

El cuarto está en llamas mientras ella se peina. Es una vieja canción. Estás en una parte extraña de la ciudad, continúa. Pero ya no hay partes en este todo extraño. Ella no se peina y el cuarto no está en llamas. Siempre un cuarto, una habitación desvaída, cuyos detalles son imposibles de vislumbrar. Sus ojos se ajustan con dificultad a la tenue iluminación que parece surgir del suelo. Pero hay una lámpara. Siempre un cuarto, siempre una lámpara, con una pantalla mugrienta por los excrementos de cientos de insectos, que oculta una bombilla amarillenta y el polvo humedecido de mil noches o de una noche sin límites hace tiempo caducada, una noche que persiste monótona o insistentemente. Siempre una habitación de dimensiones cúbicas, las paredes empapeladas con un dibujo que se repite sin fin pared tras pared tras pared; veríamos flores, arabescos y ardillas emparejadas y enroscadas en mutua felación repetida hasta la saciedad si fuésemos capaces de distinguir el decorado, si fueran visibles los contornos de los dibujos ennegrecidos por miles de respiraciones hediondas, alientos saciados de alcohol, tabaco y carne putrefacta, emanaciones de exudaciones acres, restos epiteliales digeridos por millones de ácaros, pelos y escamas lentamente fagocitadas por larvas microscópicas. Flores, arabescos y ardillas en un borroso mejunje orgánico que fluctúa a lo largo de las cuatro paredes sin cesar jamás, a no ser que nuestra vista se encuentre con la puerta y volvamos, después de perdernos en una marea de flores y arabescos y ardillas conspicuas, de nuevo a la puerta y nos detengamos mientras todo el decorado sigue girando a nuestro alrededor a la mortecina luz de la lámpara a pesar de que la iluminación parece surgir del suelo. Ella no se peina y el cuarto que fluctúa no está en llamas. Ella se apoya contra la puerta. Siente en su espalda una vibración sorda. El jadeo mecánico de un motor lejano, la convulsión del ingenio que mantiene el mundo en movimiento, o lo suspende en el tiempo. Pero nos olvidamos del motor y nos quedamos en el cuarto, ese es todo nuestro mundo, el mundo de ella, que no se peina y se apoya contra la madera de la puerta; un mundo de cuatro paredes, una inútil bombilla amarillenta y un suelo de baldosas ennegrecidas por miles de pasos ociosos y desesperanzados que han arrastrado y dispersado por su superficie excrementos y vómitos y sudor y licores violáceos y humores sanguíneos y todo aquello que perdemos, lo que pesa, enfría y oscurece. La bombilla parpadea en el centro del techo pero la luz surge del suelo, la sombra de la lámpara se dibuja en el techo, los ojos tardan en acostumbrarse, se ajustan con dificultad a la contradicción, y apoyada en la puerta, reteniendo la vorágine de las paredes que se acelera, un maelstrom de flores, arabescos y ardillas, busca a su espalda el picaporte con la mano, mira la sombra imposible de la lámpara y descubre las pisadas ensangrentadas esparcidas por todo el techo.

(Fragmento de Un acontecimiento excesivo)

Me echaste de la carretera. La espera ha terminado. Ahora cogeré el control. Ya no te ríes.

No me ahogo lo suficientemente rápido.

31 May

Peter Pan amb rerefons grec

Antoni Janer (http://www.antonijaner.com/)

Peter Pan segons Disney

La síndrome de Peter Pan és un mal estès en l’actual societat hedonista que tant idolatra la joventut. Tenim por al pas del temps i al compromís i volem ser eternament joves, com el protagonista de l’obra de teatre de l’escocès James Matthew Barrie, estrenada el 1904.

Peter Pan és un nin de deu anys que no vol créixer i que odia el món dels adults. Per fugir del món real, marxa al fantasiós país de “Mai Més”. Peter Pan agafà el sobrenom del déu més selvàtic de la mitologia grega. No debades, ambdós comparteixen les ànsies de llibertat i ambdós són representats amb una flauta especial.

 

Pan (1920) per Von Stuck

Pan era el més cèlebre de tots els sàtirs, personatges híbrids -en el seu cas era meitat home, meitat boc. Era fill d’Hermes i de la nimfa Dríops. Quan va néixer, la seva mare s’espantà tant de la seva lletjor que l’abandonà. Hermes, però, el portà a l’Olimp, on es convertí en la riota dels déus. Segons una etimologia popular, com que alegrà el cor de “tots” ells, li posaren el nom de Pan (πᾶν, “tot”). Tanmateix, una altra hipòtesi assegura que el nom li ve perquè representava l’esperit de “tota” la naturalesa.

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31 May

“John Ford a París”, Capítol 42

per Maiol de Gràcia

That’s it, folks

It’s all about trying, he said.

And so I did.
But the times where rough and there was no thing to beg for.

Not even a hot soup of filthy shit.

But I did anyway.
And the only thing I got was a backache from walking around like a ghost
nobody could see.
I saw them all but they didn’t even notice me.
Too many things to worry of their own, I guess.
Life can be too tough to be seen,

so I died.

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30 May

Cap. 21. Biblioteca Sant Pau – Santa Creu, Asociaciones

por Dioni Porta

“En su novela Cosmos, Witold Gombrowicz despliega una descabellada historia a partir de dos observaciones del protagonista narrador: la imagen de un gorrión colgado de un alambre, y la asociación mental entre la boca de Katasia y la boca de Lena, dos mujeres que conviven con el héroe de la novela en la casa en la que él se hospeda. El propio Gombrowicz lo define de este modo en su Diario:

“Estos dos problemas exigen un sentido. Uno penetra en el otro tendiendo hacia la totalidad. De este modo comienza un proceso de suposiciones, de asociaciones, de investigaciones, algo que va a crearse, pero se trata de un embrión más bien monstruoso, un aborto… y este rebus oscuro, incomprensible, exigirá una solución… buscar una Idea que explique, que imponga un orden…” Leer más

25 May

2003 Seven Nation Army, The White Stripes

por Javier Avilés

Sangro, sangro, sangro. Todas mis palabras son como pérdidas de sangre que caen sobre mi camisa. Y las manchas de sangre dicen que me vaya a casa. Pero, ¿dónde podría ir? Mi casa está donde pisan mis zapatos, donde mi culo se aposenta para pasar una larga tarde más de espera infructuosa. Mi casa está donde pueda apoyar un vaso y la botella no se termine nunca. Si ésta es una ópera eterna, entonces yo no llego a ser ni un triste figurante que aparece en la esquina izquierda del escenario. No tengo ni una sola frase y ni siquiera pertenezco al coro. Algunos, chaval, solo somos parte de la escenografía. Ya sé, dirás que algo tengo que haber hecho si tú estás aquí entrevistándome, intentando descubrir algo del mundo musical a través de mis experiencias en estos más de cincuenta años. Después de todas estas charlas, ¿tú qué crees? Dicen que todo el mundo tiene una historia que contar, desde la Reina de Inglaterra hasta los Sabuesos del Infierno. Cualquier persona, no esos tan destacados, sino, pongamos, el cartero o el carnicero, tiene una historia que contar. Quizás alguna de esas historias te espeluznarían. Cada historia personal deviene en una historia de terror. Puede que te sientas decepcionado porque no te estoy contando esas historias. Sabes, me las cuento una y otra vez cada noche. Porque no puedo olvidar y tampoco puedo dormir. Viajo adelante y atrás en mi memoria reviviendo toda mi vida, como una película que avanza y retrocede a mi antojo. Y la única conclusión que obtengo es “Déjalo”. Quizás un ejército de siete naciones logre al final que desvele los secretos, que me saque las palabras como esos bárbaros me arrancarían la espina dorsal estirando por la espalda. Imagina que bonito trofeo. Imagina que buen mástil para un contrabajo. Qué bonita clavijera podrían insertar en mi cráneo. Déjalo, me repito, vuelve a casa, me digo justo antes de levantarme de la cama, de ese potro de tortura al que acudo cada noche a contarme a mi mismo todas mis historias. Y cada día, antes de que salga el sol, me digo lo mismo. Vuelve a casa. Y me siento en el sillón y abro una nueva botella de bourbon. Nada saldrá de mis fríos labios muertos. Nada conseguirán, ni aunque vengan juntos elfos, hombres, enanos, orcos y trasgos y… ¿cuáles eran los otros dos ejércitos? ¡¿Cómo?! ¿qué dices?,  ¿que no es eso?… pues siempre creí que… ¿en serio?… entonces es la batalla de los cinco ejércitos y no el ejercito de las siete naciones… bueno, como sea, como diría algún personaje de novela, prefiero recordar las cosas a mi manera. Jajajajaja…. Ahora sí que me has dejado patidifuso. No tenía ni idea. Siempre he estado confundido en ese detalle. ¿Lo ves? ¿No es mejor que no te cuente nada de mi vida en los escenarios, de mis giras, de mis actuaciones? Si lo hiciera estaría inventando mi propia vida, recreándola de manera parcial y falsa. Mira a tu alrededor. Esta habitación en penumbra, apestando a tabaco y alcohol, impregnada del sudor rancio acumulado a lo largo de los años. Esta es la realidad. Lo que recuerdo cada noche es la historia de mi vida que me cuento a mí mismo. La vida vista desde mi punto de vista. Mi vida. Personal e intransferible. Única. Es lo que me queda. Y no tengo interés en compartirla con nadie. No quiero que nadie me la refute. No quiero que nadie venga a decirme que cada noche de insomnio recreo una ficción… ¿cómo la llamarías tu?… sí, una ficción solipsista que solo, y lo digo siendo optimista, solo roza la realidad por la parte que me tocó vivir. ¿Sabes una cosa? Cuando uno está en el escenario prefiere no mirar hacia el público. Las luces, el sonido que te vuelve, de alguna manera te aísla. No todos te dirán los mismo. Cuando tocábamos yo siempre prefería mirar las cuerdas del bajo. Miraba mis zapatos y la lista de canciones. De alguna manera estaba solo. Formando parte de un grupo, sí, pero aislado en la parte que me tocaba y tocaba. Fuera todo atronaba, todo te enceguecía y te asordaba. Cada persona es una isla. Somos un arrecife de islas móviles flotando en la inmensidad de un mar que nos tragará y nos borrará… en fin, ¿así que no se trata de la batalla de los cinco ejércitos? Jajajajaja.