1969 Pinball Wizard, The Who
por Javier Avilés
El periodista insistía. Se empeñaba en llenar la memoria de su dispositivo con horas y horas de silencio, improperios, carraspeos, toses, con la esperanza de… ¿en ningún momento hemos dudado de la autenticidad del periodista?… de obtener una declaración, información sobre, ¿qué?… ¿cuál es el propósito de nuestro supuesto periodista, qué busca exactamente? Un día, al poco de estar hablando, o intentando infructuosamente que el silencio asemejase un remedo de confidencia, el personaje derramó el licor sobre sus pantalones al tiempo que cabeceaba bruscamente y se caía del sillón al suelo. Roncando. El periodista (sigamos llamándole así) curioseó por la habitación y cogió unos cuadernos que había en una estantería. Ya se había fijado en ellos el primer día. Se los llevó. Antes de salir y dejar a (son sus palabras) aquel despojo hediondo tirado en el suelo tuvo la tentación de escupirle.