24 May

“John Ford a París”, Capítol 41

per Maiol de Gràcia

Merde…

Admiro les gàrgoles de la catedral de Notre Dame, trepitjo una merda de gos gran i llefiscosa, perdo l’equilibri enrere mentre avanço sense voler cap a un  guiri gros, blanc i suat, que porta el mòbil mig penjant de la butxaca dels shorts perquè aquests li van tan ajustats que no donen per a més, i m’hi estampo inevitablement, cosa que fa que el mòbil li caigui a terra i m’acusi en un idioma viquing d’alguna cosa que no entenc però que jo, i tots els que ens envolten, inclosos els segurates de la porta de la catedral, traduïm per: lladre de merda m’has tractat de fotre el mòbil amb la típica excusa de lladre romanès que es basa en que has trepitjat una merda de gos a la porta de Notre Dame. Leer más

23 May

El declivi mundial de les coníferes

per Xavi Ballester

Va ser amb tres o quatre anys que en Joan Fontcoberta es va inventar la primera excusa de la seva vida. Sa mare li havia preparat una truita a la francesa per sopar. Un cop assegut a la taula, va fer el primer tall a la truita disposat a menjar-se-la, però, en veure com sobreeixia l’ou blanquinós mig cru, en Joan Fontcoberta es va inventar que li feia mal la panxa. Aquell vespre, se’n va anar a dormir sense sopar i un cop al llit li va costar agafar el son per culpa dels sorolls de la panxa buida.

D’ençà d’aquell sopar frustrat, la vida d’en Joan Fontcoberta ha estat una successió d’excuses, una darrera de l’altra, cada dia, per qualsevol motiu insignificant o bé per no haver d’afrontar les decisions importants que qualsevol ha de prendre al llarg de la vida. La inventiva d’en Joan Fontcoberta no té límits, capaç de crear un inesgotable ventall d’excuses, més hàbil, més precís i més convincent que qualsevol de les excuses d’un escriptor davant del full en blanc. Però la veritat és que en Joan Fontcoberta n’està més que fart de buscar excuses per a tot. Leer más

19 May

Estrip art

 

Evoco, per Núria Ros Obrador

 

Discretament,

tenyit de porpra,

el cel del passat

m’apropa calidesa

en vessar lleixiu sobre el marbre de la cuina.

 

Eixida d’olors,

moreno de sol d’estiu,

llum  de flors i de fruites,

tot ple de fang per fer pastetes

i de racons per amagar-se

a tota pressa.

Sempre corrent

però sempre en present.

 

So d’ocells que són persones,

ràdio de galena xafant closques,

estones perdudes per aprendre el què ja toca.

 

I sempre,

fugida endavant

sortint de puntetes

per la porta del darrera.

 

 

18 May

2002 Hysteria, Muse

por Javier Avilés

 

por Javier Avilés

Muy lejos, este barco me ha llevado muy lejos. Lejos de los recuerdos de las personas que se preocupan si vivo o muero. Tal vez sea el remordimiento, la culpa, la vergüenza. ¿De qué hablamos hoy, de amor? Venga. Toda historia de amor es una historia de acecho, violencia y acoso. L’ amour fou. El amor es una locura, un impulso hormonal incontrolable que nos hace perder la razón. Lo otro, quizás lo que perdura, es un acuerdo de convivencia. Love is (not) forever. Nada es para siempre. Salvo la culpa. El recuerdo del estado irracional que nos hizo perder el control, que nos transformó en bestias, que nos volvió del revés y consiguió que nuestro corazón explotase. Queríamos el alma y el corazón de otra persona. Y eso nos transformó, nos obsesionó. La inmediatez del deseo hizo que olvidásemos hasta las más mínimas normas de decencia. Lo destrozamos todo, incluso al objeto de nuestro amor. De eso que llamamos amor. Esto, atiende, chaval, es un impulso básicamente masculino. Supongo que habrá alguna mierda que explique los cambios en nuestro organismo a nivel hormonal… siempre estamos secretando sustancias de nombre impronunciable, siempre estamos sujetos a las veleidades salvajes de nuestro cerebro de reptil, somos de alguna manera esclavos de nuestros impulsos atávicos… la verdad del amor… oye, ¿no hemos hablado de esto antes?… hace tanto tiempo que vienes por aquí cada semana con tu estúpida grabadora… jajajajaja, no te molestes, es un apelativo cariñoso… pues, decía, hace tanto tiempo que vienes por aquí con tu “preciosa grabadora vintage” que ya no sé de qué hemos hablado y de qué no… ¿no tienes un registro de nuestras conversaciones?, no sé, ¿notas? ¿un cuaderno? No pongas esa cara. En algún momento querrás hablar del cuaderno, supongo. Es un tema que me molesta, me irrita y, como dirían ellos, me retuerce. Aún así, mantengo el control… quizás sea la última oportunidad para mantener el control, pero es así. No pasa nada. De momento. Ya hablaremos del cuaderno. Ahora hemos llegado a  la cuestión fundamental, mantener el control. De todas formas no entiendo la conexión entre la canción y el videoclip. La letra nos dice que está aprendiendo a controlarse, a ser frío por dentro… más bien que algo le obliga a ser de esa manera, porque en realidad le esta retorciendo y volviéndole del revés… las imágenes nos muestran a un acosador obsesionado que debido a su frustración ha destrozado la habitación en la que se aloja. Todo es caos y derrumbe y destrucción. Sé de que hablo, chaval. Yo he destrozado a puñetazos todos los retrovisores de una hilera de coches aparcados. He peleado con mis amigos. He reventado puertas y gritado en medio de la noche. He aullado como un animal por eso que llaman “amor”. Toda historia de amor es una historia de violencia. No hemos aprendido todavía el valor de la palabra NO, ni su significado. Nos escondemos en teorías científicas y en respuestas metabólicas. Pero NO siempre significa NO. Pero resulta que el organismo masculino no puede aceptar ese NO. ¿En qué momento perdemos nuestra capacidad de razonar y entender? Ah, sí, dicen, hormonas. La hormona de la estupidez. Yo era un estúpido. Siempre lo he sido. Y llamamos a la estupidez amor. Al deseo irrefrenable de aparearse unido al sentimiento de posesión y dominio. Quiero tu alma y tu corazón. Quiero que me los entregues sin más. Porque, entendámonos, chaval, una cosa son las reacciones orgánicas que te ciegan y hacen que no desees más que la cópula, algo animal y básico, pero también humano, y otra es ese deseo de posesión. Eso no tiene una explicación basada en la química. Eso es algo social, un comportamiento ancestral y caduco que proviene de los primeros tiempos de la humanidad. Bueno, de los segundos si hacemos caso a Fraser y Graves… luego te apunto los libros… Porque en los primeros tiempos, dicen, existía una sociedad matrilineal esencialmente femenina y agrícola que fue desplazada, no sin violencia, por hordas patriarcales provenientes del norte. Y ahí, en la lucha por el poder, empezó toda esta locura de la posesión y la exclusividad del hombre sobre la mujer… o algo así, estoy dibujándolo a grandes rasgos. Es verdad, no puedes controlar a tu cuerpo cuando se altera y pide una reacción inmediata. Pero el resto, el resto es un comportamiento condicionado, pero no por eso evitable, por miles de años de sociedad patriarcal.

Por otra parte, que buen riff para un anuncio de perfume, ¿no?

 

17 May

“John Ford a París”, Capítol 40

per Maiol de Gràcia

God is in the house

Un cop endollats els fanals, tallada la fusta i enceses les llars de foc, la  ciutat està tan ben il·luminada que no hi queda ni un racó on els malfactors puguin camuflar-hi els seus crims.

També hem pintant la petita parròquia de blanc. I cada nit, en la seguretat que ens envolta, silenciosos com ratolins, després de sentir a dir que Déu l’habita des de temps immemorials, ens hi apropem tota la gent de bon cor.

En aquest grup cal descomptar-hi les ànimes perdudes de sempre: els lladres de guant blanc, les rates de biblioteca o els consumidors de crack i absenta. A aquests no els volem ni veure. Penseu que som pocs però que sabem defensar-nos. Tot i que de vegades -també és cert- ens fan molta falta; sobretot quan estem adorant el nostre Déu i algú s’ha d’ocupar dels gatets que es pugen als arbres. Leer más

16 May

Cap. 20. Biblioteca Vilapicina y la Torre Llobeta; La anécdota

Según Pere-Lluís, dos individuos de mediana edad se agarraron a trompadas en la puerta de la biblioteca ante la atenta mirada de varias personas que no se decidían a intervenir, ya que todo lo rápida que había sido la transición desde la disputa verbal hasta esos dos primeros intentos de puñetazo al hombre de la cazadora beige por parte del tipo de la camisa de cuadros azules, también lo había sido la siguiente derivada, cuando ambos contendientes se entrelazaron en una suerte de abrazo dentro del cual latía la violencia del enfrentamiento físico, pero a su vez una extraña complicidad entre los cuerpos que indeterminaba si aquello acabaría en nuevos golpes o en una escena fraternal, lo que para Pere-Lluís era una clara manifestación de nuestros días, tan proclives a la irritación, el ruido y la contundencia alrededor de las capas epidérmicas de lo cotidiano, como confusos y pusilánimes a la hora de abordar esa realidad de un modo más íntimo. Leer más

11 May

2001 Mein Herz brennt, Rammstein

por Javier Avilés

Te despiertas de golpe en lo más profundo de la noche. Quieres gritar y no puedes. Una corriente helada recorre toda tu espalda. Estás tumbado en la cama, paralizado. Y de pie al borde la cama, junto a tus pies, una figura espectral. Sus rasgos son inconcretos. Toda la aparición queda difuminada por la especie de luz que emana. Un efecto óptico. Una presencia real. Sientes el contacto de la mano, una frialdad que no pertenece a este mundo. El frío del espacio exterior, el gélido aliento de lo que está más allá de la vida. Por unos instantes, por un largo minuto, perteneces a otro ámbito. Han venido desde otro lado para señalarte con la marca glacial y sabes que ya no podrás escapar. Desde ese momento perteneces a una parcela que no pertenece a este lugar ni al otro, sea cual sea ese otro lugar. O no lugar. Has sido elegido, te han condenado, has sido herrado por la oscuridad glacial y no hay escapatoria. Los sueños son sus dominios y no hay lugar para esconderse en ellos. Su voz sale de la almohada y bebe nuestras lágrimas de terror. La mano permanece aferrada a tu tobillo y sigues paralizado. De repente todo termina. El espectro sale de escena como si nunca hubiese estado allí. Desaparece de golpe dejando tras de sí el contacto de su mano en tu piel. Entonces despiertas. Crees que despiertas. No sabes si estabas despierto o acabas de despertar. Como si tu cerebro quisiera confundirte negando la aparición, archivándola en la sección de sueños. Pero sabes que no es así. La persistencia ectoplásmica inunda todo el dormitorio. Algo se ha introducido en él y ha dejado la huella de su intromisión. No hay nada que pueda limpiar el recuerdo, no hay forma de purgar la ausencia de la presencia.

El día anterior habías tenido una pesadilla. Estabais todos los miembros del grupo en una sala oscura de una comisaría. Una lámpara sobre una mesa es la única iluminación. En ella están interrogando al batería después de haber hecho lo mismo con el representante. Éste está sentado en una silla junto a la pared, como desmadejado. La cabeza le cuelga de forma poco natural y de ella gotea sangre sobre su regazo. Intentas razonar con el guitarrista que extrañamente es uno de los policías. Le explicas la situación, unos sucesos triviales que él conoce de primera mano, pero no te hace demasiado caso. Le pides que detenga el interrogatorio, que todo se puede aclarar de forma sencilla, que no hay ningún delito. Cuando suena el primer golpe, el pómulo del batería quebrándose, te despiertas espantado. Son las cuatro de la mañana. Ya no vuelves a dormir. Durante todo el día la pesadilla te deja un regusto desagradable en el paladar, una sequedad árida en la boca que no consigue eliminar el whisky que bebes sin cesar durante todo el día. Agotado, te acuestas y cuando estás a punto de quedarte dormido cuando aparece el espectro. No puedes volver a dormir. Tienes la marca de la mano fantasma impresa en la piel del tobillo. No puedes volver a dormir. No esa noche, no ese día, no al siguiente, ni al siguiente, ni al siguiente…

Tu corazón arde.

En la interminable vigilia, en el persistente insomnio, reconstruyes la escena que tuvo lugar en tu habitación. La aparición anunciaba un largo periodo sin sueño. Y a pesar de que el espectro irradiaba una luminosidad que le hacía indistinguible, empiezas a recordar, o a creer que recuerdas, o a recomponer tu memoria de forma que los hechos se ajusten a la teoría que vas construyendo en tus largos días y noches sin sueños. Esa aparición, te dices, eras tú. Tú mismo surgiendo desde el otro lado. Hay dos mundos, te dices, mientras en uno duermes, en el otro estás despierto. Y lo que has venido a decirte desde el otro lado es que te espera un largo periodo sin posibilidad de dormir. Quizás, te dices intentando darle coherencia a los sucesos, los sueños son atisbos de la vida en el otro lado. Quizás, la escena de la comisaría, le ocurrió a tu otro yo del otro lado. Quizás ahora, en el otro lado, estés dormido, en coma tras el interrogatorio, sin posibilidad de despertar. Y mientras, en este lado, tu tendrás que sobrevivir sin poder dormir.

Eso me ocurrió de verdad, chaval.

[Bebe]

¡No, hombre, no!

Lo leí en una novela.

 

 

09 May

Mi aniversario sin mí

por Xavi Ballester

No se lo reprocho, de verdad que no.

A mí, en su lugar, me hubiese ocurrido lo mismo. El tiempo, dicen, lo cura todo, y de lo mío hace ya tantos años, demasiados, que incluso en ocasiones a mí me cuesta acordarme cómo vine a parar aquí, cómo fue exactamente. Me refiero a los detalles, cosas como el relieve de las baldosas, el color del coche, el nombre de la calle, si aún llovía, el ruido de las ramas de los árboles al viento…Mis compañeros me insisten que ya no tiene sentido preguntarse nada; esto, me dicen, también te lo enseñará el tiempo. Pero para mí, los detalles lo son todo, sin detalles no hay verdad. Cuando vienen a verme, ellos tampoco lo comentan, a lo mejor también lo han olvidado o sencillamente, después de tantos años, para ellos, ahí fuera, no tiene ningún sentido repasar cada momento, recrearse en cada detalle. Pasó y ya está, sin ningún significado ni razón ocultos.

No se lo reprocho, de verdad. De verdad que no. Leer más

05 May

Estrip art

 

Calamarsets, per Eva Arnal

La senyora Maria sempre dorm fins a les vuit. S’incorpora, estira la cadeneta del llum de ferro, es posa les sabatilles i recorre el passadís fins a la cuina amb un lent balanceig. Mentre s’escalfa la llet, torna a fer el camí, apuja la persiana del menjador i encén el televisor. Tornant a la cuina, la veu del presentador es va fent petita. Esmorza el menjador, davant el programa del matí.

Divendres, però, es lleva a les set. La finestra de l’habitació no tanca bé i ha passat mala nit. Podria avisar el veí de dalt, pensa, però després es diu que ja ho arreglarà diumenge l’Andreu, quan hi vagi amb les nenes pel seu aniversari.

Fins no fa gaire, la senyora Maria cosia, però darrerament un lleuger tremolor a la mà dreta li fa la guitza, i passa les hores amb l’agulla entre els dits, contemplant la vida des de la finestra. Leer más