02 Dic

Low cost a 120 gramos de dióxido de carbono

por Carolina Montoto

Soy la doctora M., especialista en medicina familiar y comunitaria, y en estos momentos me encuentro en Son Sant Joan, el aeropuerto de Mallorca, a punto de coger un avión que me lleve de vuelta a casa después de que el transatlántico Harmony of the seas me haya abandonado en la isla.

Ya en el avión, procuro relajarme y olvidarme de que un furibundo grupo de pasajeros de ese engendro marino ha intentado lincharme. Pero no puedo. Acabo de leer un artículo de Ecologistas en Acción  que, entre muchas cifras, menciona la contaminación que, de media, genera un avión low cost: 112 gramos/pasajero/kilómetro de dióxido de carbono. Y con los aviones convertidos en cadenas incesantes y regulares que recogen y sueltan pasajeros, los pelos se me ponen de punta y me acomete una repentina necesidad de salir corriendo de esta fábrica volante de gases sumamente nocivos para el medio ambiente. Leer más

25 Nov

400 litros de aguas fecales

por Carolina Montoto

 

Soy la doctora M., especialista en medicina familiar y comunitaria, y hoy me ha pasado lo peor que le puede suceder a una médica. Un paciente me ha regalado, a la antigua usanza, un pasaje para un crucero. No puedo aceptarlo, le he dicho. ¿Cómo que no?, ha respondido ofendido. Y tras algunos estiras y aflojas más, he pensado que tampoco era cuestión de echar por la borda el dinero que le había costado, y además, qué carajo, ¿acaso no estoy de vacaciones?

Así que aquí estoy: en un minuto he hecho la maleta y en dos he cogido un taxi para llegar a tiempo a la terminal de cruceros. Y sorpresa, sorpresa: ¿alguien imagina con qué se han topado mis doctas narices de frente? Leer más

18 Nov

Cerebros moldeados por el consumismo

por Carolina Montoto

Soy la doctora M., especialista en medicina familiar y comunitaria, y mis pacientes nunca dejan de sorprenderme. Hoy han entrado en la consulta dos jóvenes. Lo primero que me llama la atención de ellas son sus largos brazos, extremadamente largos, resultado de la evolución en la especie humana para poder acarrear las compras compulsivas. Llevan bolsas de Bershka, Zara, Intimissimi, Mango, Calzedonia, Etam… Frufrú, hacen al caminar. No han cambiado mucho los tiempos desde que las mujeres llevaban corsé, miriñaque y unos tacones altísimos que apenas les permitían avanzar ni desarrollar, como cualquier ser humano, cierta actividad física. Y menos, pensar. Y yo las miro a ellas, enchufadas a unos auriculares que las distancian del mundo real, y me planteo: ¿Qué es lo que deben de tener estas pacientes en la cabeza? ¿Aire? ¿Corcho? ¿Cómo puedo averiguarlo? Leer más

11 Nov

Encefalograma azulgrana y plano

por Carolina Montoto

Soy la doctora M., especialista en medicina familiar y comunitaria, y si hay algo que hace que me suba por las paredes es la gente que pasea con orgullo la camiseta del Barça. De un club que cuenta en su haber con defraudadores fiscales y que presume de patrocinadores que han tenido por práctica habitual explotar a niños. Y me enerva, sobre todo, la gente que de esta guisa acude a la consulta. Como ahora ocurre. En mis ojos se dispara un tic nervioso y noto que una oleada de calor me invade el cuerpo hasta convertirme en una olla de presión a punto de explotar. Intento soltar la válvula poco a poco, respiro hondo y me dispongo a atender al azulgrana como buenamente puedo. Hagamos tabula rasa.

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04 Nov

Bolas de demolición contra el sistema

por Carolina Montoto

Soy la doctora M., especialista en medicina familiar y comunitaria, y debo decir que en estos momentos me encuentro subida a una grúa enorme con el preceptivo casco de seguridad, esperando que no me vea ningún colega o paciente del hospital. O mi credibilidad se irá a pique.

¿Cómo he llegado hasta aquí arriba y qué hago ahora manipulando los mandos de una bola de demolición?

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28 Oct

El síndrome del hígado acomplejado

por Carolina Montoto

Soy la doctora M., especialista en medicina de familia y comunitaria, y he de decir que a veces mi trabajo no es fácil. En concreto, ahora mismo, el fonendo me late con violencia y las gafas se me han resbalado hasta la punta de la nariz. Por pura indignación. ¿Lo he entendido yo mal o el enfermo que tengo delante ha dicho «purria extranjera»?

Enorme desconcierto.

¿Se refiere a algún paciente de los que están esperando fuera de la consulta? ¿Se refiere, más específicamente, a un paciente de nombre impronunciable y dicción no muy esmerada, como cabe esperar de alguien de fuera del país? Desgarro en mi interior entre mi impulso primero (echar a patadas al xenófobo) y mi obligación (atender a patanes como el que se sienta delante de mí con las piernas groseramente abiertas, en una chabacana muestra de su masculinidad). Incomprensión por no entender qué es lo que a ese sujeto le hace adoptar este aire de superioridad, este desprecio, esta mezquindad y esta inhumanidad.

Decido ignorar las palabras del paciente y empezar la exploración física por su vientre. Por el lugar indeterminado donde me ha dicho que le duele.

Aplico mi dedo en ese punto y presiono con fuerza.

–¿Aquí? –le pregunto.

El tipo aúlla y yo presiono aún más. En su historial médico de macho caucásico anoto: «Dolor a la palpación superficial en hipocondrio derecho de origen indeterminado». Lo que en mi cabeza traduzco como «dolor de origen cáustico: mucho trabajo, poco tiempo para pensar. Vida alienada a la estupidez y a la obsesión por ganar dinero. Le falta sentido crítico y valores».

Para averiguar si esto es realmente así, decido estudiarlo en lo que yo llamo la cámara de las disecciones. El macho caucásico me lanza una mirada desconfiada y bizca cuando le anuncio que tendremos que examinar a fondo su hígado, y para convencerlo tengo que echar mano de mi jerga científica y de mi faceta más teatral. Le digo que la cámara es lo último en tecnología médica y que incorpora tomografía computarizada e ingeniería nanorrobótica para extraer muestras sanguíneas, celulares y hormonales. Es muy posible que el tipo no entienda nada, pero asiente, deslumbrado por mi saber. Por mi aparente superioridad intelectual.

En realidad, solo quiero entender qué es lo que lleva a una persona a creerse con una superioridad moral que le permite despreciar a las que no son como él.

Finalmente, el macho caucásico accede a donar su cuerpo serrano a la ciencia. Eso es lo que me dice, de pronto imbuido en una altruista grandeza, la voz casi engolada por la emoción, y ya se está desabrochando los pantalones y mostrándome los calzoncillos cuando le suelto un atronador: «Por favor, aquí no», y lo envío derechito al vestidor.

La cámara de las disecciones es, confieso, el cuarto donde hacemos las ecografías. El hombre se queda decepcionado cuando ve el cuchitril, pero aun así se acuesta en la camilla cuando se lo pido. Para que te relajes, le digo. Y entonces procedo: lo someto a una sesión de hipnosis y gracias a ese estado puedo conocer las vivencias y sensaciones que él alberga y que han acabado conformando su personalidad y su conducta. En las imágenes que él me transmite veo a un hombre frustrado, instintos y deseos reprimidos, debilidad, complejos, ideas preconcebidas, falta de curiosidad y de empatía, falsa información y defensa del territorio. ¿Es posible que la xenofobia pueda explicarse por la ausencia de una educación emocional, más que por la ausencia de una educación en valores?

Cuando el tipo abandona la consulta, casi lo miro con lástima por su supina cretinez, hasta que de pronto me asalta la pregunta de si no me habrá contagiado su creencia en la superioridad moral de alguien, en este caso, la mía.

 

21 Oct

Bisturís afilados contra el CETA

por Carolina Montoto

Soy la doctora M., especialista en medicina familiar y comunitaria, y confieso que entre mis vicios se cuenta cenar con bandeja sentada en el sofá, delante de la televisión. Hoy, para no faltar a la costumbre, he oído en las noticias un palabro raro: TTIP, Tratado transatlántico de comercio e inversiones.

¿¡Tratado transatlántico de comercio e inversiones!?

Del susto, medio plato de macarrones ha salido volando hasta acabar debajo de la mesita de la tele. Sin embargo, mayor ha sido mi sobresalto cuando me he dado cuenta de que, por mucho que yo intentara entender, los políticos que hablaban sobre el TTIP no me aclaraban gran cosa. ¿Qué quiere decir que implantarán un sistema de solución de controversias entre estados e inversores o que armonizarán las legislaciones? Está claro que quienes manejan lo del TTIP buscan que no sepamos de qué va, se me ocurre.

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14 Oct

“La sanidad”

por Carolina Montoto

Soy la doctora M., especialista en medicina familiar y comunitaria, y estoy convencida de que el aceite no puede mezclarse con el agua. Esto es lo que le dije al responsable de unos laboratorios farmacéuticos que había acudido a la consulta a visitarme [eufemismo por «venderme sus productos»]. ¿Ha puesto alguna vez sal en el café?, insistí. Cierto que los mestizajes son muy ricos para evitar las endogamias en barrios, ciudades y países, reflexioné a mi vez. Pero no ocurre así con la sanidad, exclamé, y con un puñetazo en la mesa, rugí: ¡Es totalmente impensable que convivan en armonía la sanidad pública y la privada!

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07 Oct

Prólogo “Radiografías viscerales”

por Carolina Montoto

A la doctora M., especialista en medicina familiar y comunitaria, no le gustan las desigualdades, las ovejas, los armarios impasibles reconvertidos en policía o los desahucios. Entre otras muchas cosas. Y desde su consultorio en un centro sanitario público intenta diseccionar, con ojo clínico, los conflictos del día a día a los que se enfrenta la fauna que desfila por el dispensario o con la que se cruza en el metro o en general en la vida. Y sobre todo intenta comprender. Lo que no siempre consigue, por supuesto. Es energúmena, irascible y virulenta, principalmente con los ejemplares humanos más nocivos para la sociedad. No obstante, en el fondo cree en la palabra y la razón como antídoto contra un sistema que considera injusto.


Aviso del editor: Los posts que escribe la doctora M. son poco complacientes y pueden herir la sensibilidad de los más pusilánimes.