27 Jun

Los cereales

por Jean Murdock  @CgAjeanmurdock

Un anuncio decía: «Pruébalos y sabrás dónde hay que ir». Y es cierto, de dónde vienen lo ignoro, pero adónde hay que ir cuando los comes, lo sé muy bien. De hecho, hay unos que te dan ganas de ir antes de comértelos. Los dejas en remojo un segundo en la leche y se convierten en una pasta que se parece más a algo que tenga que salir que a algo que deba entrar. Nada mejor para recordarte el camino del recto proceder. Es el momento all brown, con o de marrón[1], y no huele a ámbar, así que peor es meneallo, amigo Sancho. Ah, y quien dice en leche, dice en soja o avena. El resultado es el mismo: un asco. Por cierto que la avena es un cereal, como lo es el trigo, el centeno y la cebada. Aunque el centeno es difícil de obtener, porque lo custodia un guardián; el trigo al parecer no es limpio, y la cebada es una fiera que ha probado carne humana (en América) o una mujer que ha bebido mucha cerveza (en cualquier sitio; cerveza la hay en todas partes) –en ambos casos te entran ganas de irte de cañas, lo cual no es raro, ya que cereal viene de Ceres, la diosa romana, que no es otra que la griega Deméter, a quien se vincula con la elaboración y el consumo de cerveza. Por lo demás, añadir que Los chicos del maíz, de Stephen King, fueron de los primeros cereal killers de corta edad.

[1] Según la etimóloga Mordel Sachs, Agatha Christie se basó en hechos similares para escribir El misterioso señor Brown.

20 Jun

El azúcar

por Jean Murdock  @CgAjeanmurdock

descargaEl azúcar viene de Celia Cruz, aunque en Andorra es más barato; lo caro es esquiar todo lo que hay que esquiar para quemar el azúcar que has comprado, por no hablar de la gasolina. Por eso entiendo que la gente se venga también con tabaco; cuando te das cuenta de lo caro que te ha salido en realidad todo ese azúcar, te entran unas ganas muy locas de fumar. Pero bueno, qué sé yo, igual tengo una visión edulcorada. Azúcar lo hay moreno, blanco, refinado, sin refinar, de caña, glas, mascabado, candi y granulado. Probablemente hay más, pero no te conviene. Ahora lo que se toma es estevia, que endulza pero no engorda, aunque lo que no engorda, malo. Como el azúcar, que al parecer es malo para todo salvo para endulzar las cosas, que es para lo que sirve, lo cual es bastante raro. Si las prefieres saladas, sal. Si te quedas, un dato: son sinónimos de azúcar glucosa, sacarosa, sacarina y edulcorante. Pero nadie te hace un análisis de edulcorante ni sopla las velas de un pastel de glucosa candi, así que en realidad no son sinónimos. Algunos usos tradicionales del azúcar son: cazar moscas (Drácula), dar terrones a los caballos, envenenar a la familia con arsénico (Siempre hemos vivido en el castillo), empalagar al personal con frases hechas y quitarle acidez a la salsa de tomate, que es la salsita que le gustaba a Piñeiro para cantar.

13 Jun

La soja

por Jean Murdock  @CgAjeanmurdock

La soja es lo que bebe todo el mundo desde que dijeron que la leche es mala porque no hay ningún mamífero adulto que beba leche. Se sabe, sin embargo, porque todo esto se estudia, que muchos mamíferos, desde la musaraña a la ballena blanca, desde el ornitorrinco al ciervo, beben gintónic de aguacate con agua de rosas y comen ragú con agua tibia del Mar Muerto desalada, escarificada, decodificada y en brocheta caramelizada, o sorbete persa, con colmo espolvoreado de nieve de agua de rosa, como los días que se traga Ismael en el Pequod mientras se mece en la clara primavera de Quito. Y es que los mamíferos hacen muchas cosas, todas raras. Los koalas, por ejemplo, engullen las heces de sus madres para enriquecer su dieta, y ciertos osos que la lían muy parda matan a las crías ajenas de una osa para aparearse con ella y preñarla de lo suyo –todo lo cual, al parecer, nos da licencia para hacer lo mismo. Sin embargo, no hay constancia de que beban soja ya de adultos –ni, dicho sea de paso, de que usen papel higiénico (a este respecto cabe indicar que el «dueño»[1] del gato de Natsume sustituyó una vez el papel en el excusado por la tarjeta de visita de Tôjûro Suzuki). Lo más curioso es que la soja también viene del tetrabric. Eso tiene intrigados a muchos expertos, porque ¿cómo pueden dos cosas tan contrarias como la leche y la soja venir del mismo sitio? La vida está llena de preguntas sin respuesta, pero ni la del sentido de la vida, el universo y todo lo demás ni esta son una de ellas. (Por cierto, creo que es un dato por confirmar que la lectura cuaje entre los mamíferos adultos, quienes –algú ho havia de dir– somos por lo común como la leche en polvo: desleídos.)


[1] Dudo que un gato tenga dueño. Suele ser más bien al revés, en la línea de la célebre cita «un gato no te acaricia, se acaricia contigo», que olvidé dónde leí y de quién es.

 

06 Jun

La leche

por Jean Murdock  @CgAjeanmurdock

Esto no es una vacaSobre El color de la leche ha escrito mucho Nell Leyshon, pero pocos han ordeñado el asunto de su origen, que solo cabe tildar, literalmente, de salubre. La leche viene del tetrabrik, que es un bric cuatro veces bric, ya que tetra significa cuatro. Eso es porque antes la leche venía de la vaca, que tiene cuatro ubres, y la gente, por nostalgia –la gente hace muchas cosas por nostalgia–, le puso lo de tetra. Además, si a tetra le quitas la erre de cuatro, te queda teta, hecho que confirma la teoría por completo, ya que ubre, como sabrás, es teta –y ambas tienen cuatro letras. Si a lechero le quitas la erre, en cambio, solo queda lecheo, que es la acción de pegarse leches, lo cual está muy feo, así que no lo hagas. Los expertos aún discuten sobre el origen de bric, pero, como forma parte de la palabra bricolaje, tienen la esperanza de que cada cual le dé el sentido que quiera, a ver si la cosa cuaja. Esto se entiende mejor en inglés, donde el bricolaje se llama “DIY”, es decir, do it yourself, hazlo tú mismo. Pero es que el inglés es la leche.

(No es cierto, por otra parte, que los esquimales tengan cien palabras para decir leche en su traducción de la novela de Leyshon.)

 

30 May

Las nueces

por Jean Murdock  @CgAjeanmurdock

Las nueces

Por su vertiente legendaria, las nueces vienen de Borges, de ahí que su suministro sea infinito. Por la parte abrahámica, en cambio, vienen de Adán y, aunque también abundan, el ruido que hacen las supera en número. Muy distinto sería si, como dijo Quevedo, menos el ruido que las nueces fuera y el pino fruto del nogal llevara.[1] No obstante, ello no es impedimento para que reciban otros nombres, como «manzana» o «bocado», sin duda porque fue lo que Eva mordió primero. Naturalmente, lo único que tenía después para ocultar su desnuez[2] era la manzana; eso explica el solapamiento.

Las nueces se comen y la cáscara se tira. Sin embargo, los anglosajones, partidarios de la tradición que llama manzana a la nuez adánica, aprovechan la cáscara para resumirlo todo. El propio Hamlet, pese a ser danés, dijo que podría sentirse rey del espacio infinito aun cautivo en una cáscara del sustancioso fruto del nogal y, para gusto de Borges, que fue un gran anglosajón, Plinio aludió en su día a la existencia de una copia de la Ilíada tan pequeña que cabía en una de esas cáscaras. Esto último aclara qué hizo Hamlet tanto tiempo allí dentro y la hasta ahora enigmática expresión troyana «Aquiles recogido y en silencio».

Paralelamente se entiende que, siendo Bach alemán –y por tanto también de la estirpe que denomina manzana a la nuez primigenia–, compusiera Las variaciones Golden y no Las variaciones Borges.

(Advertencia: las nueces de Borges pueden contener trazas de laberinto, en especial cuando se bifurcan; las de Adán crecen en gargantas profundas entre gran diversidad de vegetaciones.)


[1] La horca se queja de que la dan los que ella merece y no los que la merecen a ella, Francisco de Quevedo y Villegas.

[2] Cabe aclarar que «nuez» viene, efectivamente, del francés nué, participio pasado de nuer, lo cual es lógico porque hablamos de tiempos pretéritos. Nuer significa assortir les couleurs, nuancer, es decir, «sacarte los colores, asomar la nuez». De la misma raíz procede «nueza», también llamada «nabo del diablo», una planta trepadora cucurbitácea cuya hoja ciertos eruditos identifican como el auténtico taparrabos edénico.

23 May

El café

por Jean Murdock  @CgAjeanmurdock

El café

El café viene de Abisinia y de allí vino aquí y de aquí se fue para América, que es donde Colón creía que estaba la India. De ahí la expresión «hacer el indio», que viene a ser como cuando vas al súper a por pan y te vienes con de todo menos pan, lo cual es un oxímoron porque pan significa todo. Luego llegas a casa y ves que ya tenías lo que has comprado, pero no puedes comértelo porque no hay con qué hacerse un bocadillo, y eso porque has salido sin tomar café, que viene de Abisinia y de la cafetera. El café moliente viene molido, paradoja gramatical que viene a complementar la famosa frase de Cela de: «No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, como no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo». Pero lo mismo da molido que moliente, porque con café no duermes y te jodes. El café más caro del mundo lo caga la civeta de las palmeras, y nos lo bebemos (con soja, claro; podemos beber café cagado de un gato que vive en los árboles, pero, ¡alto!, no lo estropeemos con leche. Por cierto, que de ahí viene lo de: «Ponme un café bien cagado»; lo habrás oído miles de veces). Se llama kopi luwak. El café. La civeta se llama Paradoxurus hermaphroditus porque en su especie los ejemplares de ambos sexos presentan glándulas parecidas a testículos. No obstante, no es que haya civetas de ambos sexos en el sentido de con ambos sexos, más bien cada cual tiene el suyo. Todo esto se entiende mejor después de una taza o dos. (En el caso de Balzac, cincuenta.)

 

16 May

El queso

por Jean Murdock  @CgAjeanmurdock

Desde que hay queso sin queso, el queso ya no viene de ningún sitio. Como lo oyes. Hoy hay queso sin queso, café sin café, cerveza sin alcohol y leche sin leche. Se comen filetes de pimiento y chuletas de berenjena, pan sin pan y jamón de tofu. Es como una pesadilla de alimentos a lo Pirandello, en busca de autor, pero cuando despiertas el autor es Roland Barthes y está muerto, y lo que ves en la charcutería no es queso.

Hace años vi en un súper ese libro, ¿Quién se ha llevado mi queso?, y creí que no estaba sola. Pero era de autoayuda, que eso nunca supe lo que eso es. Autoayuda es cuando te montas los muebles de IKEA o te sirves en un bufé de carretera; la autoayuda es a esos libros lo que el onanismo a que te echen una mano, solo que en su caso es el lector quien pone la mano y encima el autor se lleva el dinero. Autoayuda es comerte una tabla de quesos.

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09 May

El tomate

por Jean Murdock  @CgAjeanmurdock

 

El tomate viene de Orlando. Cuando es picante, del furioso; si de Woolf, entonces es tomata. El que viene de Alabama es verde y frito, y conviene abstenerse de la carne que lo acompaña: Estaba seguro de que el hombre había visto el brazo de Frank Bennett borboteando, arriba y abajo, entre los cerdos. Pero era evidente que no, porque, dos días después, el gordo georgiano le dijo a Big George que era la mejor barbacoa que había comido jamás, y le preguntó cuál era su secreto. Big George sonrió y dijo: «Gracias, señó, debo decir que el secreto está en la salsa».[1]

En la salsa de Winterson los tomates son doce y maduros, y se cortan longitudinalmente como si fuesen nuestro enemigo.[2]

El tomate es una fruta que se toma por verdura cuando es más bien un embrollo, sobre todo si es de enredadera, que es la tomatera más puñetera. Simone Ortega, insigne partícipe de lo complejo, anima a quitarle las pepitas al cocinarlo, pues se cree que indisponen, pero más indispone el quitarlas, ya que es un trabajo tan molesto como cuando se te sale el dedo gordo por un agujero del calcetín, que no por un casual se llama también tomate, porque el tomate está por todo: en la pasta, en la pizza, en la tele, en la cama ­–ergo en la carne–, en lo bonito del atún y en lo grana de la cara. Para pelarlo hay que hacerle una cruz en el culo al cocerlo. Al parecer es un acto satánico de raíces paganas cuyo origen se remonta a las casillas de la declaración de la renta, donde el tomate es un fruto endémico, aunque allí le han impuesto otros nombres por rendirle tributo.

Cuando el tomate viene triturado se llama gore y sirve de aderezo en las películas, si bien entonces se conoce como atrezo, sobre todo en Italia, donde paradójicamente lo llaman pomodoro, es decir, manzana de oro, porque los primeros tomates que se cultivaron en Italia eran amarillos. Siglos después en Francia, por llevar la contraria y engrosar sus mitos, lo llamaron también pomme d’amour, manzana de amor, pero por suerte aquello duró poco. (No es cierto que en Berlín se llamara pomme du mur hasta 1989.) Cuando el tomate está frito es mejor dejarlo hasta que se le pase. En conserva dura mientras el frasco esté cerrado, como demuestra la cabaña de Scott. Algún tomate es la pera y otros se van por las ramas. Lo hay de Barbastro, per sucar e incluso de Montserrat. El tomate no engorda, enriquece. Prueba de ello es su aportación a la historia musical de Jamaica con el célebre tema I shot the cherry (but I did not shoot the recipe). Por lo demás, está muy rico, y sin tomate no hay bocadillo.


[1] Tomates verdes fritos, Fanny Flagg. La traducción es mía.

[2] El Powerbook, Jeanette Winterson, traducción de Àngels Gimeno, Edhasa, Barcelona, 2004.

22 Abr

Prólogo “¿De dónde vienen las cosas?”

por Jean Murdock  @CgAjeanmurdock

 

Lo habrás oído muchas veces: que con tanto cartón y tanto plástico los niños ya no van a saber de dónde vienen las cosas ni lo que es un pollo. Y los niños luego se convierten en adultos (eso lo habrás oído también, pero es mentira: la gente solo envejece, jamás madura). La cuestión es que está mal que nadie sepa de dónde vienen las cosas. Por eso he compuesto esta galería de productos básicos, para que todo el mundo sepa de dónde vienen, sin distinguir entre niños, chavales, jóvenes, a medias y mayores. Aquí todo el mundo cabe. Lo que no cabe, naturalmente, son todos los productos del mundo. Ese trabajo menor se lo dejo a los aficionados. Esta es una guía rigurosa que solo pretende enseñar lo que vale un peine(1) sin montar un pollo, lo cual, como todo el mundo sabe, es ridículo, porque no hay sillas de montar para pollos (2).

 

 


 

(1) Al parecer el precio de un peine oscila entre 0,50 y 400 euros, según te tomen el pelo. Aunque luego hay peines de valor incalculable, como el de Chillida o como ese peine del siglo VII que tiene dos caras (para peinarse las cejas al tiempo que el flequillo) y forma parte de la colección de peines del Museo Británico.

(2) Para disgusto mío y estupor de todos he descubierto que sí, hay sillas de montar para pollos, lo cual es muy perturbador.