16 Nov

La lluna i la pruna (2a part)

per Xavi Ballester

Los Jardines de la Menara están situados fuera de la medina, a los pies del Atlas. En cierta manera, son el contrapunto a la ciudad, un espacio de calma alejado del bullicio, un silencio a resguardo del desorden ordenado e incesante de los zocos, un claro en el que descansar la mirada sin que se tope con los muros del laberinto que forman las estrechas calles de la medina. Las de la medina son paredes hechas con modesta arcilla granate, parecen esconder un pasado glorioso y, al mismo tiempo, ser conscientes de la inevitabilidad del tiempo. Lo aceptan, se han librado a su paso sin resistirse porqué saben que la lucha es baladí. En cambio, en los Jardines de la Menara el tiempo ha desaparecido, se ha diluido en el espejo de las aguas someras del estanque presidido por el pabellón del sultán Sidi Mohammed. Leer más

08 Nov

Don Quijote torna a Barcelona

per Xavi Ballester

dsc_2985Al centre de Barcelona, assetjat per les ordes de turistes, encara queden refugis on tenen lloc esdeveniments profitosos, com així ha estat la conferència de Francisco Rico sobre l’arribada de Don Quijote a la ciutat, ara fa 400 anys, per obrir el programa Barcelona Novel.la Històrica a la Casa de l’Ardiaca (http://lameva.barcelona.cat/novel.lahistorica/es/programa).

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01 Nov

La lluna i la pruna

per Xavi Ballester

la-lluna-i-la-prunaAl atardecer, cuando el sol empieza a descender sobre la tierra, una leve brisa se lleva el calor que nos ha acompañado durante todo el día. Un polvo amarillento flota en el aire. El desierto queda lejos, al otro lado de las montañas, pero sigue con nosotros. Los jóvenes marroquís llenan la ancha avenida Amir Moulay Rachid; como un solo cuerpo, se dirigen hacia el oeste para refugiarse en los Jardines de la Menara. Chicas con hiyab, otras con largas cabelleras negras, solas o en grupo, caminan entre risas; parejas cogidas de la mano, grupos de estudiantes, adolescentes impetuosos, niños de mirada desafiante vestidos con camisetas de equipos de fútbol europeos: todos forman un río de juventud que rebosa ansias de vida y libertad sobre el asfalto. Tú y yo estamos dentro, andamos cogidos de la mano y nos dejamos llevar por la corriente que nos envuelve. Lejanas y al mismo tiempo tan cerca, las montañas del Atlas, siempre presentes, cuidan de nosotros. Hacía dos días que estábamos en Marrakech.

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18 Oct

Marcel i Herbert, una conversa al Mediterrani

per Xavi Ballester

Al s. XV, el mestre Manrique la va encertar de mig a mig en copsar una de les temptacions més freqüents de la condició humana: deixar-se endur per la nostàlgia i creure que “a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor.”

Imbuïts en aquesta categoria de melangia balsàmica d’estar per casa, pronunciem sentències com ara “ja no queden cafès on escoltar bones converses”, frase que en George Willard podria haver pronunciat en qualsevol moment però que ja no ho farà.

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04 Oct

Turó de la Peira

per Xavi Ballester

turo-de-la-peiraEn George Willard estava cansat de viatjar. Els viatges no existeixen, es repetia, tots els viatges són el mateix viatge, el que compta és la idea mateixa del viatge. Puc anar allà on vulgui, per tant em quedo. Però en George Willard no sabia mentir-se. Va escriure uns versos i va decidir posa’ls-hi qualsevol nom, qualsevol lloc per poder tornar-hi sempre que volgués:

 

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20 Sep

El verano de los árboles

por Xavi Ballester

Al final lo acabamos llamando el verano de los árboles.

Todo empezó con un sauce llorón. Un sauce llorón enorme y solitario varado en la piscina del club de tenis de la urbanización. Se trata de un club peculiar, sin apenas socios, y los pocos que hay se pasan el día jugando al pádel sobre hierba artificial. La piscina casi siempre estaba vacía, con el socorrista sentado en un rincón sin tener que salvar a nadie, excepto a sí mismo del tedio veraniego. el-verano-de-los-arboles1Pero eso al sauce llorón no le importaba. Él seguía en su sitio, con sus ramas desmayadas meciéndose al aire, ofreciendo su sombra etérea a quién la necesitase. Y nosotros la necesitábamos. Hacía tiempo que el mundo nos gritaba, había demasiado ruido alrededor. Pero era yacer bajo su copa imponente, y al mismo tiempo amable, y descubrir que debajo de un árbol ¿qué importa el resto?

Al cabo de unos días, nos fuimos a perder una semana por el Montsià. Allí descubrimos los olivos más antiguos del mundo. O eso nos dijo Jaume, el último pastor de Mas de Barberans. Ir al sur del sur tiene sus ventajas: te hallas en una tierra de nadie que se extiende entre el Montsià y Lo Maestrat, un territorio que no se sabe si es Cataluña, Aragón o Valencia, donde puedes alzar la vista sin chocar con banderas.

A Jaume lo conocimos en la cola para comprar un bocadillo de balanda durante la Feria de Artesanos de Fibra Vegetal. Jaume, un hombre viejo, de piel curtida y que hablaba con las manos en los bolsillos, nos explicó que había enviudado después de cincuenta años de casado y que antes de jubilarse había sido el último pastor del pueblo. Hablaba sin nostalgia, se limitaba a constatar los hechos. Antes que llegara su torno, nos recomendó ir a ver el campo de olivos que, como un mar paciente, se expande entre Mas de Barberans y La Sènia. Allí encontraréis olivos milenarios, musitó. Jaume se pidió su bocadillo, una cerveza y se sentó en un banco junto a otros hombres.

el-verano-de-los-arboles2Por la mañana, fuimos a la búsqueda de los olivos. Y los encontramos. No eran olivos viejos, eran olivos eternos. Veinte siglos atrás, en la Hispania romana, alguien los plantó. Después vinieron los visigodos y después los árabes y después la Reconquista y Jaume I y los Reyes Católicos y los Borbones y las Repúblicas y la Guerra Civil y Franco y la democracia y todo lo demás…Y los olivos, cada primavera, han seguido brotando, ofreciendo sus olivas para que los humanos hagan aceite, sin importarles qué manera absurda tendremos de trazar nuevas fronteras, inventar mapas de colores, convencidos de que serán inalterables. Aún me parece oír la risa desgastada de aquellos olivos de tronco hueco entre sus ramas retorcidas y arrugadas.

Cuando regresamos, de camino aprovechamos para visitar a mi tía Teresa. Cuando enviudó, hará ya dos o tres años, se vendió el piso de Tarragona y rehabilitó el cobertizo del terreno que tenían en La Secuita para hacerlo habitable. Al estacionar el coche ante la verja de la entrada, nos encontramos a mi tía caña en mano sacudiendo los almendros. Por fin se había decido. Desde que mi tío Pedro murió, mi tía había dejado que hierbas y plantas crecieran a su aire. Era como el terreno vedado de su tristeza, nadie de nosotros se atrevía a entrar. Pero ese día, tan solo vernos, nos apremió a coger una caña, varear los almendros y compartir la lluvia de almendras.

No fue hasta que acabó el verano que descubrí, quizás, el origen de nuestra obsesión arbórea: mi abuela.  Una vez me dijo: “cásate con alguien que sepa el nombre de los árboles”. Y yo siempre hacía caso de mi abuela. Todavía hoy, que hace ya más de veinte años que murió y por fin el ayuntamiento se ha dignado a plantar unos tilos en su calle.

 

26 Jul

El hombre camello

por Xavi Ballester

              Quizás sea el exceso de exposición solar o quizás el andar sin tener que llegar a tiempo a ningún sitio o quizás tenga la culpa tanta humedad acumulada en la entrepierna por la pereza de cambiarse el bañador, quién lo sabe, la cuestión es que cuando llega agosto y su languidez sin consuelo no puedo evitar una tendencia ciertamente preocupante a la generación de ideas de dudosa utilidad y aparentemente originales.

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12 Jul

ITACA XXI

per Xavi Ballester

La languidez de los últimos días del verano. El mar y su misma indiferencia de cada día. La arena, esperando siempre. Barcas y botes varados. Y las atracciones de la feria cubiertas con lonas de plástico para no mostrar la tristeza de sus carricoches vacíos y sus bombillas apagadas. Apenas cinco meses atrás, le parecía que todo aquello no acabaría nunca, pero, un año más, la temporada de playa llegaba a su fin.

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28 Jun

De camí a la justícia

per Xavi Ballester

 

L’altre dia vaig haver d’anar a la Ciutat de la Justícia, un nom ben pompós per a una il·lusió humana, la justícia. O potser la il·lusió és la ciutat? Ciutat i justícia no són antònims? Però de seguida vaig aturar aquí les associacions i les preguntes perquè si t’arriba el moment de penetrar en el laberint legalista que ens sotja, el més assenyat és desactivar els ressorts del pensament.

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